07 febrero 2009

La privacidad como anomalía histórica - 2

Busybodies down the ages - Sangrea.netUna conversación de hace unos días me recuerda un artículo de John Markoff en el NYT de finales del pasado año que ya comenté en su momento, “You are leaving a digital trail. What about privacy?“, y me lleva a reflexionar un poquito sobre el tema. Hace unos días, uno de mis alumnos comentó en clase que a él no le importaría que monitorizasen todas sus comunicaciones a cambio de que gracias a ellos detuviesen actividades delictivas que amenazan a toda la sociedad, el viejo dilema de privacidad frente a seguridad.

Resulta interesante plantearse que en las sociedades antiguas, en la vida en aldeas, pueblos y ciudades pequeñas, la expectativa de privacidad era más bien escasa: tus conciudadanos y convecinos sabían perfectamente quién eras, qué hacías, qué pensabas y hasta dónde estabas en cada momento. Una gran parte de la vida de las personas tenía lugar, por así decirlo, en plena luz pública, a la vista del resto de la sociedad que les rodeaba. La privacidad aparece, de manera práctica, con el crecimiento de las grandes ciudades, a medida que el entorno enterraba los comportamientos individuales en un marasmo de información que superaba toda capacidad de análisis. Y de ahí, en un continuo crecimiento, seguimos hasta la aparición de la red, el entorno en el que todas las acciones quedan recogidas en el fichero log de algún servidor en algún sitio, donde toda información puede ser procesada en tiempo real, donde es preciso identificarse para que muchos servicios tengan sentido. En el fondo, la privacidad está determinada por las características del entorno en el que se desarrolla la actividad humana.

Pero además del entorno, hay otro factor que determina el nivel de privacidad: mientras en los regímenes totalitarios los gobernantes intentan controlar a los ciudadanos hasta el límite que el entorno permita o incluso un poco más allá, en las democracias se intenta - o al menos, se debería intentar - que fuesen los ciudadanos los que controlasen a sus gobernantes. Y son los balances que los gobiernos estén dispuestos a considerar en ese sentido los que demuestran la vocación democrática o totalitarista de los mismos: el Artículo 8 de la Convención Europea de los Derechos Humanos, que salvaguarda el respeto a la privacidad de la vida familiar, la residencia y la correspondencia; la Directiva 95/46/EC que protege los datos personales; o la Privacy Act de 1974 estadounidense proporcionan únicamente sistemas de referencia, pero son las actuaciones de los diferentes gobiernos las que los definen de verdad. El sacrificio de la privacidad de los norteamericanos que el Presidente Bush estuvo dispuesto a hacer tras el 11S para intentar - infructuosamente - conseguir un mayor nivel de seguridad es un estigma que el ex-Presidente ha arrastrado hasta el último día de su mandato, cuando en su discurso inaugural, el ya Presidente Barack Obama dijo

“As for our common defense, we reject as false the choice between our safety and our ideals”

y la realización televisiva acudió inmediatamente al lugar que ocupaba George W. Bush. Los desmanes de Nicolas Sarkozy proponiendo su esquema de vigilancia de los ciudadanos por parte de los operadores de telecomunicaciones, esa three-strikes law seguida por otros gobernantes que anteponen una caduca noción de propiedad intelectual al derecho a la privacidad de sus ciudadanos, serán también objeto, cuando llegue el momento, del adecuado castigo.

Además del entorno, debe evolucionar el nivel de control que los ciudadanos tienen sobre su privacidad y su información: yo puedo permitir que todo aquel que quiera siga lo que hago en Twitter o en Facebook; puedo permitir que otros sepan lo que leo, lo que publico, las fotos que subo o los favoritos que almaceno gracias a Friendfeed; puedo estar relativamente cómodo o incómodo con que Google sepa lo que busco, lo que escribo o hasta dónde estoy… pero es mi elección. Y puedo desconectar cualquiera de esos servicios cuando a mí me da la gana, o darles la espalda y acudir a un competidor si lo estimo oportuno. La posible privacidad que el entorno me quita la puedo recuperar aprendiendo a manejar las herramientas o desconectándome de ellas, al menos en gran medida, y es algo de depende de mí. Que el gobierno me vigile u ordene a una compañía privada que lo haga es algo diferente: define el tipo de sociedad en la que quiero vivir. Y en las democracias civilizadas, también depende de mí, y lo manejo cada pocos años con el sentido de mi voto.

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06 febrero 2009

La red, la libertad y el salto generacional

restrictionsLa ofensiva contra las libertades en Internet se acentúa por momentos. El numero de dirigentes con vocación liberticida crece, a medida que lo hacen las campañas de presión de determinadas industrias por obtener compromisos o alianzas que les hagan creer que serán capaces de “controlar” la red. Y los usuarios habituales, mientras tanto, oscilamos entre tres grupos: los que intentan entender o justificar las restricciones argumentándolas con respecto a los equilibrios que existían antes de que existiese la red, los que intentan luchar contra el recorte de sus libertades con protestas más o menos visibles, y un tercer grupo, sin duda el más numeroso, que simplemente no hace nada, haciendo honor al tan habitual perfil de lurker en Internet.

El planteamiento, cada día más, es el de que la aparición de Internet fue capaz de brindar, durante unos años, un espacio de libertad sin precedentes no sometido a muchas de las restricciones tradicionales, y que en realidad, acabará siendo una simple anomalía o paréntesis histórico cuyas características principales desaparecerán. Que la libertad en la red, a pesar de estar determinada por su mismísimo código, no es libertad sino libertinaje, y que terminará siendo llevada de nuevo al redil. Que el equilibrio debe prevalecer, como si ese equilibrio que plantean fuese, de alguna manera, un equilibrio basado en la “ley natural”, algo inamovible que hubiese sido así toda la vida.

En el fondo, el problema es puramente generacional, generaciones A.I., nacidas antes de Internet, frente a generaciones D.I., nacidas después de Internet. Los gobernantes que hoy intentan recortar lo que podemos y no podemos hacer en Internet para así intentar preservar el equilibrio que había antes de que la red existiese lo hacen, en realidad, porque no son capaces de explicarse que alguien de verdad pretenda romper dicho equilibrio, y mucho menos que no se pueda hacer nada para evitarlo. La red, para ellos, es una molesta anomalía, algo que no pueden controlar, en un entorno en el que prácticamente todo puede ser controlado. El que la red no acepte restricciones, el que las leyes no puedan actuar sobre ella si contradicen el código con el que fue creada, es algo completamente inaceptable, algo contra lo que hay que luchar como sea. Poco importa que el “equilibrio” al que aluden sea, en realidad, un invento artificial de no hace tantos años, poco importa que los tratados y convenios en los que se apoya no pretendan salvaguardar el bien común sino el negocio de unos pocos, y poco importa que las medidas que tomen sean desmontadas una detrás de otra por la terquedad de la red y la imperturbabilidad de su código: lo importante es preservar el equilibrio que existía en el mundo que conocieron antes de la red. Y de paso, por supuesto, el negocio, que es el que en realidad lo mueve todo.

Mientras, las generaciones D.I. esperan que llegue su momento. No hay mal que cien años dure ni ministros liberticidas que no acaben dejando sus cargos. Para una persona que entiende la red, con ha convivido con ella desde que era pequeño, la idea de “controlarla”, de restringir lo que circula por ella, de someterla a determinadas leyes es directamente una locura. Una locura temporal, que durará lo que duren en el poder los que no entienden ni llegarán nunca a entender la red.

Piensa en cuál de los grupos te sitúas. Si intentas entender o justificar las restricciones, si crees sus argumentos porque se apoyan en estructuras incuestionables que te parecen más grandes que tu propio razonamiento, serás como ellos, como la panda de carcamales y reaccionarios que intentan preservar el orden anterior a la red negando obtusamente los cambios que ésta trae necesariamente consigo. Y si eres de los lurkers, ya sabes: Martin Niemöller. En este tema, solo vale el activismo.

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05 febrero 2009

Petuky, la monetización y el mundo de las mascotas

petukyEl pasado martes estuve en la presentación de Petuky, un proyecto de Elisa Reyna en el que tengo una pequeña participación.

Petuky es una red social vertical, centrada en el mundo de las mascotas. Conocí a Elisa a través de uno de mis alumnos del International MBA. Venía de una experiencia relativamente parecida en el ámbito offline, y tuve la oportunidad de mantener algunas charlas con ella, a lo largo de las cuales se fue perfilando la idea. El modelo de negocio de Petuky consiste en el desarrollo de una comunidad en la que se integran, por un lado, propietarios de mascotas y, por otro, profesionales interesados en poner sus productos y servicios al alcance de éstos. La participación del profesional se establece en dos niveles: minoristas, que pueden utilizar la herramienta como central de compras para obtener sus productos más baratos y comprar online, así como para hacer marketing y publicidad en este contexto, y fabricantes, que podrán hacer campañas de marketing segmentadas y enfocadas a ambos niveles, el de usuario final o el de minorista. La idea, por tanto, es una combinación de red social con generación de contenidos propios y generados por el usuario, con una central de compras B2B y un servicio de directorio.

El desarrollo se ha hecho sobre Cinemavip, una herramienta de DAD, Digital Assets Deployment, socios en el proyecto, y está en la red desde el pasado martes. Del proyecto, aparte del activo que supone la propia Elisa, con amplia experiencia y conocimiento en el sector, me llamó la atención el esquema de monetización, que combina el modelo publicitario hacia comunidades segmentadas y centradas en ámbitos de intereses concretos, con la solidez conceptual de un modelo B2B establecido como central de compras, que está resultando muy exitoso en la captación de socios. Mi participación es meramente testimonial, para mantenerme vinculado a un proyecto que, como otros en los que participo, me permiten la experiencia de “ver los toros desde el otro lado de la barrera”, algo que considero muy importante para el desarrollo de mi trabajo como académico.

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04 febrero 2009

La propiedad intelectual y la red: confirmando teorías

bruce-schneierCon motivo del Security Blogger Summit organizado por Panda Security, tuve la oportunidad de compartir mesa y mantel con mi admirado y muy citado Bruce Schneier, además de con Steve Ragan (Tech Herald) y Andy Willinghan (Andy ITGuy) en la misma zona de la mesa. La conversación se centró en temas relacionados con la red y las restricciones al uso de la misma por temas como la propiedad intelectual, y me tranquilizó ver que la visión de personas con indudable expertise en el área coincidía con mis creencias en ese sentido: las actuales políticas seguidas por países como Francia, el Reino Unido o Italia con respecto a la propiedad intelectual y el control de la red por los prestadores de servicios no solo son ofensivas de cara a los derechos de los individuos, sino que son, además, completamente absurdas en el medio plazo.

Que tres renombrados expertos en seguridad coincidan en que ese tipo de medidas no sirven en realidad para nada, que únicamente llevan a una estúpida carrera armamentística entre los que las proponen y los que nos las queremos saltar, es algo que debería hacer reflexionar a más de uno. Durante la conversación, se coincidió en comparar las medidas de control de las comunicaciones con el DRM: cada innovación desarrollada por la industria para intentar impedir la copia de sus materiales era seguida, en un plazo habitualmente muy corto, por el desarrollo de métodos para saltársela, que iban desde lo más sofisticado tecnológicamente hasta el uso de un simple rotulador permanente. El control de los ISP para los famosos tres avisos funciona exactamente igual: si pretenden monitorizar lo que circula por la red, aparte de infringir el derecho fundamental a la privacidad de las comunicaciones, conseguirán que cifremos nuestras transmisiones de extremo a extremo. Si lo que quieren hacer es reconocer patrones de descarga, los simularemos descargando archivos de cualquier otra naturaleza para forzar falsos positivos y denuncias que no puedan ser ejercidas. La red no se puede controlar, porque la red fue diseñada, desde la raíz de sus mismos protocolos, para ser incontrolable.

¿Qué queda entonces? Simplemente, adaptarse a los nuevos tiempos. La propiedad intelectual, ese principio fundamental de la sociedad contemporánea que según sus defensores está escrito en piedra sobre las tablas de la ley, debe ser reformado. Es así de sencillo, y por supuesto, así de complicado. No vale la pena andarse con rodeos: lo que está mal no es la red, que es por otro lado inevitable, sino el planteamiento de la propiedad intelectual en un entorno que ha sido redefinido. Los conceptos básicos de la propiedad intelectual deben cambiar, algo que obliga a revisar incluso esa piedra angular llamada Convenio de Berna: la propiedad intelectual debe ser respetada y protegida, hasta ahí todos de acuerdo. Un autor debe poder decidir sobre la comercialización de sus obras, y tener derecho a una compensación razonable por el uso que se haga de las mismas, siempre que dicho uso conlleve ánimo de lucro. Seguir flujos económicos frente a seguir flujos de bits. Lo contrario es seguir persiguiendo fantasmas y, lo que es más grave, atacar los derechos fundamentales de las personas en pos de un absurdo conceptual.

¿Qué ocurrirá en los Estados Unidos en este sentido? Resulta difícil de adivinar. Con un Obama que aún no ha anunciado ni el nombre de su CTO ni el de su Copyright Czar, las espadas están en el aire con respecto a si propondrá continuismo o reformismo en este sentido. Después de todo, hablamos de un pais en el que se promulgó toda una ley para proteger a Mickey Mouse y evitar que la propiedad intelectual de Disney pasase al dominio público, un país en el que la industria del copyright es soporte de poderosísimas empresas con poder casi absoluto y acceso inmediato a los legisladores. Pero que esto no nos engañe… una cosa es el poder, y otra la razón: la propiedad intelectual, mal que le pese a los que se enriquecen con ella, debe cambiar, y lo que determinados gobiernos hacen intentando preservarla en su actual concepción es algo que está mal, que no es éticamente justificable, y que va en contra de los intereses de la sociedad para beneficiar injustamente a unos pocos que quieren prolongar lo más que puedan una serie de situaciones insostenibles. Es, simplemente, antinatural.

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03 febrero 2009

Combatir el spam con spam

spamInteresante la iniciativa del Departamento de Justicia de los Estados Unidos: para probar las reacciones de su personal ante el spam y el phishing, decidieron enviar ellos mismos una oleada de mensajes de este tipo para detectar quienes los respondían, advertirlos sobre el peligro de lo que habían hecho, y formarlos posteriormente en el uso de Internet en general y en los peligros y consecuencias de este tipo de timos. La actuación permitió identificar a personas que podían no solamente estar en peligro de ser timadas o estafadas, sino también susceptibles de comprometer la seguridad corporativa aceptando correos que podían potencialmente contener troyanos, virus o peligros similares.

Ahora, una entrada en Slashdot se plantea la extensión del modelo: dado que el esquema del spam se basa en una mínima tasa de eficiencia cifrada en torno a un 0.00001%, ¿qué ocurriría si las agencias gubernamentales de cada país emitieran una oleada de mensajes de spam y phishing, y contactasen posteriormente a las personas que hubiesen respondido, para advertirlos y facilitarles formación en el tema que evitase que volviesen a caer en esquemas de ese tipo? La idea recuerda las campañas de concienciación que periódicamente desarrollan los gobiernos en determinados temas, pero se realizaría con un coste verdaderamente mínimo. ¿Le interesa al Gobierno comprometerse para reducir este tipo de delitos en la red, o prefiere seguir invirtiendo para convencer a los usuarios de que determinadas cosas que no son delito sí que lo son?

¿Cuántos puntos porcentuales podría reducirse la tasa de respuesta mediante esta metodología? ¿Sería posible desequilibrar las cuentas de los spammers, apoyadas en esas tasas de respuesta mínimas, hasta el punto de convertir su actividad en no rentable gracias a la educación? ¿O éstos evolucionarían y conseguirian generar modelos más atractivos y con esquemas diferentes en los que cayese una nueva generación de incautos? ¿Cuál es el riesgo real de intentar una actuación semejante?

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02 febrero 2009

¿Dónde está El Corte Inglés?

elcorteinglesUna entrada “reactiva” de Jesús Encinar, “El Corte Inglés vive congelado en el pasado“,  me lleva a plantearme lo que parece ya una especie de reto intelectual: ¿cómo es posible que la empresa mas importante de España en el sector de la distribución y una de las más grandes en su conjunto permanezca tan radicalmente al margen de Internet?

El argumento simplista de muchos, “es que les va muy bien así”, se agotó ya hace algunos años: la empresa manifiesta un desprecio absoluto por la red, no plantea ningún tipo de opción interesante o mínimamente vanguardista al respecto, ofrece una infinitesimal parte de su gama de productos en su página, propone métodos de compra que recuerdan más a una instancia ante la Administración (¡¡pero la de los años 70!!!) que a un sitio de comercio electrónico y, además, consigue que no se mencione demasiado el tema ni se la critique merced a ser uno de los anunciantes más importantes de toda España (por supuesto, en todas partes menos en la red, que como ya hemos dicho, simplemente no le interesa). A día de hoy, cualquier iniciativa de El Corte Inglés en el ámbito del comercio electrónico en cualquiera de sus facetas encontraría sin duda una amplia reacción: las posibilidades, para alguien con su músculo financiero y su expertise en el área de la logística y la distribución, son incontables: cadena de distribución completa, cadena incompleta con recogida en puntos de su ubicua red, ensayos con cualquiera de sus marcas, medios de pago propios, ensayos realizados en el ámbito de la venta por canales afines como la televenta, un activo intangible de reputación incomparable… pocas marcas lo tendrían tan sencillo a la hora de plantearse alternativas. Sin embargo, ahí está, inasequible al desaliento, anclada en el más negro de los pasados tanto en la red como en lo referente a unos sistemas de información que claramente podrían aportar muchísimo más a la cuenta de resultados y al valor generado por la compañía. Eso sí, con las tiendas llenas.

Aventurarte en terrenos desconocidos cuando te va muy bien en los que conoces bien es en muchas ocasiones una decisión compleja. Pero en este caso, la decisión de El Corte Inglés de mantenerse patéticamente excluido de la red con una presencia meramente testimonial empieza a rozar el ridículo: el comercio electrónico en España ya está superando aquella fase en la que, llevados por importantes dosis de sensacionalismo mediático, todos los consumidores creían ver un ladrón colgado de cada poste de teléfonos acechando la transmisión de los números de su tarjeta de crédito. La irrupción de El Corte Inglés podría suponer una importante dinamización de dicho panorama, y sobre todo, convertirse en un entorno en el que las ganancias potenciales de la empresa eclipsan de manera más que sobrada cualquier posible reticencia.

¿Dónde está El Corte Inglés? Fuera de la red, en todas partes. En la red, simplemente no existe.

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01 febrero 2009

Otro iluminado

manuel-medinaEl enésimo iluminado que intenta luchar contra la naturaleza de Internet y que intenta poner puertas al campo se llama Manuel Medina: su apellido rima con Molina, es del Grupo Socialista, y, entre otros cargos, desempeña el de suplente de la Comisión de Mercado Interior y de Protección de los Consumidores… así como suena, “Protección de los Consumidores”, ¡sí, esos mismos consumidores a los que pretende poner fuera de la ley y perseguir!

Este “angelito” de la foto ha intentado pedir al Parlamento Europeo la ilegalización del intercambio de archivos en Internet, demostrando de manera clara lo que su partido opina en este sentido: que Internet es una cueva de ladrones, y que hay que ilegalizarlo y someterlo a un control lo más férreo posible. A ver, Sr. Medina… ¿a quién dice usted que pretende defender con su turbio intento? ¿Ha preguntado a sus electores, a quienes lo pusieron ahí, qué opinan de que quiera convertirlos en delincuentes? Y además, ¿de verdad es tan inculto y desconoce tanto la naturaleza de Internet como para pensar que lo que intenta hacer serviría de algo? ¿Qué le lleva a ignorar de manera flagrante e interesada los informes realizados por expertos que afirman que las medidas de persecución no sirven de nada? ¿O que seguramente no sean ni siquiera posibles legalmente? Desengáñese, Sr. Medina: la ley que usted ingenuamente pretende obtener no funciona, primero porque algo debe haber mal hecho en el planteamiento de una ley que convierte en criminales a más de la mitad de la población, y segundo, porque no hay cosa más absurda que promulgar una ley que no puede ser ejecutada. Aunque por lo que demuestra, usted se encontraría comodísimo en un estado en el que pudiese entrar en las casas de los ciudadanos e inspeccionar sus ordenadores, aunque sin duda le gustaría poner la oreja en sus comunicaciones, eso son cosas que en las sociedades democráticas modernas, no se pueden hacer. De hecho, son conceptos que deberían hacer que los ciudadanos echasen de las instituciones a los políticos como usted que lo pretenden.

Si consiguen, como en la vecina Francia (sí, ese país cuyo presidente lucha contra las leyes del mercado subvencionando periódicos de papel, sobre los que puede influir, para intentar desplazar a una Internet mucho más independiente de lo que él querría) , que los proveedores de acceso a Internet vigilen a los ciudadanos, éstos reaccionarán encriptando sus comunicaciones, y comenzando a bajar de Internet de manera constante todo tipo de archivos “inofensivos” - música copyleft, distribuciones de programas libres, obras no sometidas a copyright - para enmascarar esos patrones que afirman poder reconocer. Contra los abusos de poder del Comendador, defensa en modo Fuenteovejuna. Lo que está en juego es la mismísima naturaleza de la red, esa que usted obviamente no entiende ni entenderá en la vida. Señor Medina, esperemos que usted y todos los que son como usted, fruto de una patética generación de políticos incapaces de adaptarse al nuevo entorno, abandonen la política activa cuanto antes.

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