12 mayo 2009

Un ataque DDo$, céntimo a céntimo

penniesGottfrid Svartholm, Anakata, el cáustico fundador de The Pirate Bay conocido por sus e-mails de respuesta a las reclamaciones de sociedades gestoras de derechos de autor y de otras compañías, ha diseñado una fórmula para ingresar parte de esa multa de treinta millones de coronas suecas impuesta por el tribunal vergonzosamente imparcial que les juzgó y que afirmaron que nunca pagarían: la idea es llevar a cabo un ataque distribuido de denegación de servicio consistente en que miles de personas realicen un micropago extremadamente pequeño al bufete de abogados que representa a la IFPI, la parte acusadora, Danowsky & Partners.

La idea emula esos pagos depositados en moneda fraccionaria que colapsan los servicio de cobro y que se han usado, por ejemplo, para protestar contra el pago de determinados peajes en autopistas o contra las subidas de precios en servicios como el autobús, pero en el mundo digital: un pago de una corona (unos nueve céntimos de euro) depositado a través del sevicio de pago que utiliza el bufete en cuestión tiene un coste de procesamiento de dos coronas que empieza a aplicarse tras las primeras mil transacciones, lo que haría que cada donación a partir de las primeras mil costase, en realidad, una corona al bufete. Una corona que, además, podría reclamarse después como transacción errónea, obligando al bufete a incurrir en costes adicionales debidos a la devolución. Dado que el bufete, además, procesa sus pagos de forma manual, el sistema podría suponer de manera efectiva una saturación de su estructura administrativa: el precio que hay que pagar por oponerse al avance de la tecnología, por amañar juicios y por defender a quien pretende ir en contra de la voluntad popular.

Que no falte el ingenio.

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11 mayo 2009

¿A quién pertenece el cine español?

claqueta02Un razonamiento sumamente provocativo de ese hacker de la ley llamado Carlos Sánchez Almeida en una magistral charla en Palma de Mallorca y que he visto ya recogida en algunos foros de gran difusión como Bandaancha: ¿a quién pertenece el cine español?

La pregunta dista mucho de tener una respuesta obvia: según el Artículo 88 de la Ley de Propiedad Intelectual, los derechos de una obra audiovisual se presumen cedidos en exclusiva al productor. Pero ¿quién es el productor? En el mundo del cine y según la nomenclatura española, el Productor o empresario cinematográfico es la persona que, según el propio Diccionario de la RAE recoge en su acepción 3ª,

3. m. y f. Persona que con responsabilidad financiera y comercial organiza la realización de una obra cinematográfica, discográfica, televisiva, etc., y aporta el capital necesario.

Por tanto, dado que en el pintoresco caso del cine español, la mayor vía de financiación con gran diferencia son ni más ni menos que las subvenciones públicas - y por tanto el dinero de todos los ciudadanos recaudado por el Estado - el productor que financia las obras no es ni más ni menos que… el pueblo español. Que por tanto, y en virtud del mencionado Artículo 88, ostentaría la titularidad de los derechos de reproducción, distribución y comunicación pública, así como los de doblaje o subtitulado de la obra, sin perjuicio de los que correspondan a los autores.

¿A dónde nos lleva el razonamiento? Pues lisa y llanamente, a que los propietarios de los derechos de esas películas financiadas mayoritariamente con dinero público somos ni más ni menos que los ciudadanos. Que por tanto, en ejeercdicio de nuestros derechos, podríamos por ejemplo determinar una modificación de la ley del Cine que vinculase la recepción de ayudas públicas con la obligatoria publicación de la obra mediante una licencia libre, que permitiese la reproducción de las mismas sin restricciones, con reconocimiento de la autoría, al objeto de lograr su máxima difusión. Por supuesto, esto no tendría porqué impedir la publicación de obras sometidas a copyright… siempre y cuando el que la publicase en tales condiciones renunciase a la percepción de todo tipo de subvenciones y desgravaciones fiscales.

Más allá del razonamiento legal, sin duda brillante, cabe pensar: ¿qué ocurriría con el cine español en caso de publicarse sujeto a licencias copyleft? A estas alturas, casi toda persona mínimamente inteligente sabe que la publicación de un material bajo una licencia copyleft no impide en modo alguno su aprovechamiento comercial, y que es más, bajo determinadas circunstancias, puede convertirse en un poderoso aliado del mismo. En el caso del cine español, una difusión potencialmente mayor podría, gestionada adecuadamente, suponer una mayor circulación, una mayor cuota de popularidad, e incluso un mercado potencialmente más amplio que explotar, sin óbice de que muchos de los espectadores en ese mercado más amplio pudiesen optar por una visualización de las obras en una sala de cine, en televisión o adquiriendo un DVD. A mercado mayor, potenciales ganancias también superiores, y objetivos del Ministerio de Cultura en cuanto a difusión y mercado igualmente cumplidos - al menos aquellos que teóricamente se le deberían suponer.

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10 mayo 2009

Los fallos del software y la responsabilidad de quien lo creó

CalidadUna propuesta de la Comisión Europea sobre protección de los consumidores pretende dotar a los compradores de un producto de software de las mismas protecciones que tienen cuando adquieren un bien tangible (vía Slashdot): el desarrollador, por tanto, adquiriría responsabilidades sobre los posibles fallos que un mal funcionamiento de su producto pudiese provocar. Concretamente, lo que la CE pretende es

“… extender los principios de las reglas de protección de los consumidores para cubrir los acuerdos de licencia de productos como el software descargado para protección de virus, juegos u otros contenidos obtenidos bajo licencia. El acuerdo de licencia debería garantizar a los consumidores los mismos derechos básicos que cuando adquieren un bien: el derecho a obtener un producto que funciona con unas condiciones comerciales aceptables y justas”

Además de especular sobre la cantidad de daños que se podrían reclamar a determinadas empresas por los millones de horas de trabajo perdidas debidas a fallos perfectamente documentados en su software - particularmente a aquellas empresas que, de manera consciente y como parte de una estrategia de “pon el producto en el mercado y ya corregirás errores más adelante”, vendían versiones de productos prácticamente “sin terminar” - la proposición de ley está provocando debates bastante acalorados en la industria: por un lado, supone una asunción de responsabilidad mucho mayor para todo aquel que quiera poner un producto en el mercado. Por otro, podría provocar un freno a los hoy rapidísimos ciclos de innovación, además de poner en una situación sumamente compleja , por ejemplo, a los productos desarrollados como código abierto, en los que muchas personas no necesariamente vinculadas entre sí colaboran de manera voluntaria en el desarrollo del código. Posiblemente en este caso, como apunta Bruce Schneier, se debería plantear una exención o limitación de responsabilidad a aquellos casos en los que exista una verdadera relación comercial entre comprador y vendedor establecida en un contrato, algo que podría dejar fuera a muchas de las empresas que distribuyen software de manera libre y abierta.

El razonamiento de la Comisión viene a afirmar que una de las razones de las progresivas mejoras de calidad en muchos sectores y productos viene dada por el hecho de que los fabricantes están obligados a asumir los costes derivados de un mal funcionamiento de sus éstos, y que no obligar a los fabricantes de software a hacer lo mismo supone, en la práctica, un subsidio para esa industria que le permite poner en el mercado productos peor hechos, permaneciendo al margen de consideraciones como la seguridad o la calidad.

Sin duda, la irrupción de una ley que exigiese a los desarrolladores de software una responsabilidad sobre los problemas que el mismo pudiese originar marcaría un cambio en la forma en que se compite en esta industria, y podría originar la aparición de toda una industria aseguradora que proporcionase el clausulado adecuado para proteger a desarrolladores y clientes en todos los casos posibles, pero ¿sería éste un cambio para bien o para mal? ¿Favorecería o perjudicaría a las empresas establecidas, a las start-ups, al movimiento de codigo abierto o a la innovación en general?

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09 mayo 2009

Yandex, el centro de la Internet rusa

yandexEstuve hablando con uno de mis ex-alumnos rusos sobre Yandex, sin duda el centro de la Internet rusa y todo un interesante caso de triunfo de lo local, si es que podemos considerar “local” una página que recibe visitas no solo de Rusia, sino de todas las antiguas repúblicas soviéticas que comparten el ruso como idioma. Fundada en 1997, la compañía es rentable desde Noviembre de 2002, y recibe en la actualidad unos once millones de visitas diarias. Su nombre juega con la pronunciación de la palabra inglesa “index” o con la frase “Yet ANother inDEXer”, “otro buscador más”. En Rusia, Yandex gestiona más de la mitad de las búsquedas (55%) y supera ampliamente a Google en cuota de mercado (Google detenta un 22%), lo que lo convierte, junto con Naver y Daum en Corea, Baidu en China y Seznam.cz en la República Checa en uno de esos pocos casos en los que la empresa de Mountain View no posee el liderazgo indiscutible. La empresa factura

Una gran parte del éxito de Yandex proviene de su adaptación al público y al entorno ruso: fue el primer portal en aceptar la flexión lingüística rusa en un desarrollo para el que colaboró con la prestigiosa Academia Rusa de las Ciencias (la búsqueda en el idioma ruso es sumamente compleja, porque se utilizan numerosas variaciones de palabras con la misma raíz que varían el significado y el uso gramatical), y en enfocarse a la resolución de preguntas en este idioma. En los diez años comprendidos entre 1997 y 2007, el tamaño de la información en ruso en Internet pasó de representar unos 4 gigabytes a más de  28,000 gigabytes

En Marzo de 2007, Yandex adquirió Moikrug.ru, la red social profesional más representativa en Rusia, está lanzando su propia red social generalista (ya.ru), y en Septiembre de 2008 Punto Switcher, un programa para cambiar automáticamente entre la disposición de teclado inglés y la rusa. Además, la empresa gestiona su propia red de puntos de acceso WiFi, con hotspots distribuídos por toda Rusia. La empresa posee una cultura muy similar a la de las empresas de Internet: vestimenta informal, clima laboral relajado, oficinas abiertas y pasatiempos para sus aproximadamente mil empleados. Además, en Septiembre de 2007 abrió su Yandex School of Data Analysis, para formar profesionales en un programa master gratuito de dos años, ante la dificultad de encontrar profesionales adecuados en un mercado, el de la Internet en ruso, que crece más del 20% anual.

Un caso interesante. ¿Alguien se anima a darme más información?

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08 mayo 2009

Acción y reacción

piratbyranEl Partido Pirata se convierte en la tercera fuerza política en Suecia, tras triplicar su número de miembros en solo tres semanas como reacción fundamentalmente a la publicación del veredicto de The Pirate Bay. Con 44.000 afiliados y creciendo a un ritmo muy rápido, el Piratbyrån ha sobrepasado ya a los liberales del Centerpartiet y amenaza la segunda posición de los conservadores del Moderata samlingspartiet, mientras la primera posición en número de afiliados sigue correspondiendo al Sveriges socialdemokratiska arbetareparti, los socialdemócratas, el partido más antiguo del país fundado en 1889 y que cuenta con unos 120.000 afiliados.

El Piratbyrån defiende la reducción del copyright para que éste cubra únicamente el ámbito de las transacciones comerciales, eliminando por tanto la incriminación de ciudadanos comunes por algo que pueden hacer desde sus casas y que, como todos sabemos, no puede ser perseguido sin violar derechos humanos como la confidencialidad de las comunicaciones. Según este principio, los agregadores de torrents se reducen al papel de un mensajero, una figura que, en democracia, siempre ha estado dotada de inmunidad con respecto al contenido de los mensajes que porta.

Con las elecciones al Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, la cosa tiene su evidente importancia: según su líder, Rick Falkvinge, el partido ha pasado de contar con un escaño testimonial, a plantearse que puede conseguir varios puestos parlamentarios (Suecia cuenta con 19 escaños en el Parlamento Europeo), y trabajar desde allí en un entorno en el que tradicionalmente la influencia ha correspondido a los poderosos lobbies de la industria. De cara a las elecciones que se celebrarán entre el 4 y el 7 de Junio, los retos del Partido Pirata son ahora el conseguir que las papeletas lleguen a todos los colegios electorales (en Suecia, la logística de distribución de las papeletas corresponde a cada partido) y que la conversión de esos afiliados a votantes siga las métricas habituales en el país escandinavo. ¿Cómo responder a estos retos? Lógicamente, intentando movilizar a todos los simpatizantes y activistas, en el más claro reflejo de las llamadas grassroots campaigns.

El planteamiento es más que interesante: toda acción conlleva una reacción. Amaña un juicio a los responsables de The Pirate Bay utilizando a un juez de neutralidad probadamente nula - lo cual posiblemente acabe desencadenando la nulidad de todo el procedimiento y la necesidad de repetir el mismo - y obtén, en justa reciprocidad, un incremento del triple en el número de afiliados al partido que defiende las mismas ideas contra las que intentabas luchar. Y de premio, pasa de una situación en la que tus oponentes están metidos en un piso y escribiendo e-mails graciosos, a tenerlos sentados en el mismísmo Parlamento Europeo ejerciendo influencia y haciendo mucho ruido sobre su causa. No cabe duda: lo de la industria de la propiedad intelectual nunca ha sido precisamente la visión estratégica.

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07 mayo 2009

Periódicos y Kindle DX: ¿cambio de soporte o cambio de actitud?

kindlenewspapersAnte la presentación del nuevo Kindle DX, el Kindle de pantalla extragrande, muchos se están preguntando hasta qué punto el gadget en cuestión supone una auténtica tabla de salvación para los periódicos, que llevan tiempo envueltos en una crisis de la que ya hemos hablado profusamente. Y es que en efecto, el lanzamiento del Kindle DX, dotado de una pantalla dos veces y media mayor que la del Kindle convencional y que estará disponible en Estados Unidos este verano, ha hecho bastante hincapié en aspectos relacionados no tanto con la lectura de libros, como de publicaciones periódicas y libros de texto. De cara al comienzo de las pruebas operativas este verano, Amazon ha cerrado acuerdos con tres de los más prestigiosos periódicos de la costa Este de los Estados Unidos, New York Times, Washington Post y Boston Globe, que pondrán sus ediciones diarias a disposición de aquellos lectores que no vivan en zonas donde el periódico tiene distribución física local. Para los libros de texto, el acuerdo con el que Amazon explorará el mercado abarca a tres de las principales editoras, cubriendo un 60% del mercado, y la prueba piloto se desarrollará en las universidades de Arizona State, Princeton, Reed, University of Virginia y Case Western Reserve.

La cuestión siguiente, claro está, es elucubrar hasta qué punto la crisis de los periódicos tiene que ver de manera exclusiva con un cambio de soporte, con el paso de papel a pantalla, un tema que me apasiona y que, de hecho, constituyó en su momento una arte de mi tesis doctoral: ¿solucionará la prensa su problema de pérdida de circulación, lectores, influencia e ingresos publicitarios por pasar a ser leída en un dispositivo electrónico, y quitarse de encima los costes derivados de la impresión en papel? ¿Puede un dispositivo como el Kindle convertirse en esa supuesta tabla de salvación para la prensa tradicional?

Para responder a esta pregunta, sería interesante fijarse en alguna de las características del Kindle DX: dotado como los anteriores de una pantalla E-Ink de muy bajo consumo y que produce una sensación idéntica en contraste y confort a la de un papel impreso en blanco y negro - incluyendo el hecho, lógicamente, de que no se puede leer a oscuras porque no emite luminosidad alguna - estoy seguro de que la experiencia de lectura de un periódico puede resultar en él sumamente cómoda y placentera. Los aspectos derivados del papel son, después de todo, temas vinculados con la portabilidad o con el puro romanticismo: el papel era, hasta el momento, la mejor solución para leer un periódico en un autobús, por la calle, o en algunos otros sitios que se me ocurren donde algunos leen el periódico, y el Kindle DX, en ese sentido, no da ningún problema o es incluso mejor. Su pantalla evita excesivos desplazamientos de scrolling, se puede escoger fácilmente en cada momento el tamaño de letra, es delgado, resistente, con controles fáciles de usar… realmente, no veo un problema de diseño. Pero… ¿debemos razonar únicamente en función de consideraciones de ergonomía y usabilidad, o va la cosa un poco más allá?

Si nos planteamos qué diferencia a un periódico en el papel frente a uno en la pantalla, o a un periódico en pantalla de una publicación como, por ejemplo, un blog… ¿a qué tipo de conclusiones llegaríamos? El Kindle recibe el archivo del periódico cuando el usuario lo solicita o lo programa, pero éste no se actualiza, como lo haría un periódico online convencional si las noticias cambian, son ampliadas o se suceden los acontecimientos: en ese sentido, Kindle es un reflejo del periódico papel. Si el periódico papel reflejaba las noticias de ayer, la edición de Kindle, en caso de que los editores decidiesen hacerla diferente, reflejaría las noticias de hace un rato gracias al hecho de evitar la pesada y costosa distribución física, pero no cumple con lo que parece haberse convertido en un interesante y paradójico axioma del periodismo contemporáneo: los periódicos ya no pueden ser periódicos, no pueden estar sometidos a una periodicidad. Deben ser continuos. Los periódicos más exitosos en la red son, en gran medida, aquellos que actualizan sus noticias a mayor velocidad.

Esta misma característica impide otro de los atributos que las ediciones online de los periódicos han venido incorporando últimamente, siguiendo el modelo de los blogs: convertirse en algo social, en un sitio donde el lector ya no se limita a leer, sino que también participa con sus comentarios, reenvía las noticias a terceros o a filtros sociales, etc. El periódico se hibrida, en ese sentido, con la máquina de café: no solo leo, sino que comento o veo que comentan otros. Una función que, ante el “proceso por lotes” del Kindle y su no excesiva ergonomia a la hora de introducir información, quedaría severamente limitada, si no directamente impedida. Por otro lado, el Kindle ofrece una gran duración de batería (varios días) merced a su tecnología eInk: la pantalla, en situación de reposo, no consume electricidad alguna, y únicamente lo hace en cada refresco. La publicidad ofrecida por el periódico, por tanto, debería ser específica para el medio: estática, sin redibujados, ni desplegables, ni ningún tipo de formatos de esos que hoy tanto gustan hoy a los medios online (y dicho sea de paso, tan poco gustan a sus lectores).Y mucho más importante: la publicidad perdería gran parte de su “canal de retorno”: un clic en un banner implicaría solicitar una página diferente a la red, entrar en una página seguramente no optimizada para el dispositivo, y navegar por la red en un dispositivo simplemente no diseñado para ello, cuya duración de batería disminuiría además notablemente en caso de verse sometida a un refresco constante.

¿Puede un periódico triunfar con su edición en Kindle? Ofrece ergonomía, sin duda, pero palidece en funciones en comparación con la edición online del periódico medio leída en un dispositivo convencional. Dejando aparte, por supuesto, el hecho de que los editores tengan que compartir sus ingresos por suscripción o venta con un tercero como Amazon puesto en una posición estratégica ventajosísima, ¿verán los periódicos el Kindle como una oportunidad, como un “no me queda otra”, o simplemente no lo verán? Obviamente, algunas de estas limitaciones se irán resolviendo a medida que actúa la Ley de Moore: en poco tiempo, las baterías durarán más, las redes móviles ofrecerán conexiones rapidísimas, la pantala será en color… bigger, better, faster, more! Pero por el momento, la transición del papel a la pantalla, a esa pantalla, no me parece tan sencilla: el Kindle me encanta, pero no es un ordenador al uso, y plantea algunas limitaciones que es preciso considerar. La verdad, tengo bastante curiosidad y ganas de ver cómo funciona este invento.

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06 mayo 2009

Encuentro digital en El Economista

Esta tarde estuve en uno de los encuentros digitales de El Economista, hablando de la reciente decisión del Parlamento Europeo de rechazar el “telecoms package”, y ya de paso, de muchos otros temas relacionados: el canon, la SGAE, etc. La noticia que extracta algunos de los temas mencionados está aquí, y todas las preguntas y sus respuestas, aquí.

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