06 noviembre 2011

Candidatos e Internet: más de lo mismo, en El Mundo

Pablo Romero publica en El Mundo su artículo “Candidatos e Internet: más de lo mismo“, en el que cita algunas de las preguntas que intercambiamos por correo electrónico. Un tema completamente adecuado para el momento: llevados por la opinión de vete tú a saber qué asesores, los políticos parecen fascinados por el trending topic, y dedican las estructuras del partido a spamear impenitentemente Twitter a modo de patética “demostración de fuerza” como si eso les fuese a servir para convencer a alguien de algo.

“¡Venga, todos a tuitear sin parar para convertir el mitin en trending topic!! ¡A la una, a las dos, y… a las tres!” ¿Quién los ha engañado? ¿Quién les ha hecho creer que lo importante en Twitter es eso? Twitter no es para repetir como papagayos consignas mitineras para mentes preconvencidas: tener el trending topic ahí subido no vale para absolutamente nada, no es como aquellos míticos segundos de televisión cuya importancia defendía Alfonso Guerra. La generación actual de políticos españoles, esa que el New York Times define casi como “entre la partitocracia y la gerontocracia”, se ha perdido en la diferencia entre lo unidireccional y lo bidireccional. Con una estructura de pocos miles de afiliados dispuestos actuar como zombies aleccionados, un trending topic lo sitúa cualquiera, y únicamente demuestra la voluntad de hacer spam y de tratar a los electores como si fueran completos imbéciles. “Vótame a mí, que soy trending topic“… Para que los políticos y los partidos saquen de verdad partido a Twitter, tienen que reinventarse primero. Si es que saben y si es que pueden.

A continuación, el intercambio de preguntas y respuestas que crucé con Pablo:

 P. ¿Crees que los partidos se toman por fin en serio la comunicación ‘online’, o seguimos igual que antes? (te recuerdo esta pieza en la que hablábamos de las chapuzas de los candidatos en las pasadas municipales en Madrid, que quizá te sirva para comparar)

R. Los partidos se toman en serio la comunicación online porque les da pánico: lo sienten como algo que no pueden controlar, con fenómenos que les resultan incómodos, molestos, con efectos que no entienden, en un entorno en el que se mueven como elefante en cacharrería. Aplican principios de comunicación trasnochados procedentes de otros medios y mentalidades, y creen que “cuanto más, mejor”: van a por el “trending topic” caiga quien caiga, así tengan que manipular o que poner a multitud de militantes en modo zombie a tuitear como si no hubiera mañana.

P. Los últimos comicios tuvieron en la Red como protagonistas los blogs y los vídeos de YouTube… ¿Estamos ahora en las ‘elecciones Twitter’?

R. Estamos en unas elecciones en las que los partidos, erróneamente, han creído que tienen que estar en Twitter “porque es lo que está de moda”, sin pararse a pensar que Twitter, en realidad, es una herramienta para el diálogo y la comunicación bidireccional. Pero muy pocos partidos y líderes usan Twitter para algo más que para lanzar consignas huecas y para spamear indiscriminadamente. A partir del momento en que un partido dice eso de “cédeme el control de tu cuenta de Twitter para que envíe mensajes desde ella”, ya está todo dicho: ¿qué auténtica barbaridad es esa? “Déjame que envíe mensajes desde tu cuenta de Twitter como si fueras tú para así poder enviar spam a tus amigos”… hay que estar profundamente perdido o venir muy del pasado para pensar en lanzar una acción así.

P. Algunas de las intervenciones de los equipos de los principales candidatos (sobre todo Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy) terminan convertidos en ‘memes’ que ridiculizan comentarios o actitudes de éstos (#rubalcabaSi, #preguntaleamariano, pero tambien #avatarmariano) . ¿Es algo beneficioso o perjudicial, en tu opinión?

R. Es algo lógico dado el uso que los partidos pretenden hacer de Twitter. Entran en un medio sin preguntar, sin tener en cuenta sus reglas ni sus protocolos, y con una actitud unidireccional que no funciona en un medio intrinsecamente bidireccional. El uso de Twitter es otro, no es una herramienta para lanzar panfletos ni consignas, es otra cosa. Desgraciadamente, son los mismos políticos de los panfletos, los mítines de autobús y bocadillo y las pegadas de carteles, pero ahora queriendo “hacerse los modernos”.

P. En tu opinión, ¿qué partido político y/o candidato está utilizando mejor todo lo que ofrece Internet, especialmente Twitter? ¿Y quién lo está utilizando peor?

R. El problema, en gran medida, es que en las estructuras antidemocráticas y personalistas de los partidos de hoy, un político que tenga un Twitter bien utilizado y con un montón de seguidores no es algo deseable, sino un “problema” que pone en cuestión los principios del liderazgo y del “escalafón”. El político que mejor usa Twitter es el que entiende que es una herramienta de comunicación personal e individual. Puedes poner a otros a manejar tu cuenta de Twitter si la asimetría comunicativa te hace imposible proporcionar el nivel de bidireccionalidad que deberías dar, pero eso es todo. Si no vas a contestar, a implicarte, o a usar Twitter para ser lo más transparente posible, mejor no lo uses.

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04 noviembre 2011

Hablando de smart cities, en Alicante

Estuve en Alicante, en el Alicante Smart Cities Meeting 2011, hablando fundamentalmente de cómo una smart city es aquella que es capaz de cobijar y hacer que estén a gusto los smart citizens, y de cómo los usos y costumbres que trae consigo el desarrollo de la web social y la profusión de dispositivos de todo tipo tienen una evidente implicación tanto en la calidad de vida de los ciudadanos como en el marketing de las ciudades de cara al turismo. Me entrevistaron en el diario La Información, y lo han publicado hoy con el título “Un comentario en Facebook tiene un efecto que no logra un folleto“.

Además de hablar de la idea de instituciones públicas como plataforma y de cuestiones tan importantes como la liberación de datos públicos, traté tanto en la entrevista como en mi charla posterior el tema de la conectividad de una manera bastante cruda. Algo que para mí está en la base del concepto de smart city: en una smart city, los datos y las interacciones fluyen de manera líquida para todos, ciudadanos y visitantes, pero las infraestructuras actuales de conectividad de las ciudades están condicionadas por unas operadoras que secuestran las posibilidades de todo aquel que esté alejado de su país mediante un atavismo tan injustificable y tecnológicamente insostenible como el roaming.

Mal vamos a poder apalancarnos en las posibilidades de la web social para promocionar el turismo y potenciar la imagen de nuestras ciudades, si conminamos a todo visitante a apagar los datos de su smartphone en cuanto pisa el aeropuerto so pena de un estacazo de precio inenarrable: un visitante que podría estar compartiendo en tiempo real su experiencia como turista en nuestra ciudad, se convierte en muchos casos en una persona molesta porque se ve obligado a abandonar sus hábitos sociales, a no subir fotos, a no comentar en redes sociales o, simplemente, a no poder consultar un mapa o una aplicación social que le permita identificar sitios, tiendas, bares, recibir promociones, etc. La actitud restrictiva de las operadoras, que conozco bien ya desde el año 2005, supone una hipoteca sobre el potencial de desarrollo de las smart cities y de la sociedad de información en su conjunto. Si queremos smart cities, habrá que empezar por exigir que tengan smart communications para todos.

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?Entre virus y juegos?, mi columna en Expansión

Mi columna de esta semana en Expansión se titula “Entre virus y juegos“, e intenta introducir y provocar la reflexión sobre dos conceptos muy mencionados últimamente, la viralización y la gamificación (dios mío, qué patada al castellano), aplicados al desarrollo y la comunicación en medios sociales.

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03 noviembre 2011

Copyright, escalas de valores y miopía

Imprescindible columna de Cory Doctorow en Locus, “It's time to stop talking about copyright“, poniendo de manifiesto la miopía que supone pretender supeditar el futuro de la sociedad en su conjunto a los problemas de una industria incapaz de adaptarse al cambio.

Con el paso de los años, las cosas ya dan como para echar cuentas: llevamos más de dieciséis años discutiendo acerca de la interacción entre internet y copyright. En este tiempo, internet se ha convertido en el vehículo principal de expresión de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo, en el ágora digital que utilizamos para comunicarnos, informarnos, crear, escribir, discutir, conversar, comprar, aprender, expresarnos… la vida digital ha generado una capa que una cantidad constantemente creciente de personas considera, sencillamente, una parte importante de la vida. Una capa no sustitutiva, sino complementaria, en la que se desarrollan muchas de nuestras actividades.

A estas alturas, conociendo lo enorme e insustituible del ecosistema en que se ha convertido la red, las demandas de la industria del entretenimiento suenan cada día más como auténticas frivolidades, intentos absurdos por matar moscas a cañonazos: ¿excluir de la red a toda una familia porque alguien supuestamente se descargó unas canciones? ¿Espiar y condicionar la libertad de todos los usuarios y de toda la red por si acaso circulan copias de tus obras por ella? ¿Sabes de qué estás hablando? ¿Te has dado cuenta de lo absurdo e injustificable de tu escala de valores? No, el entretenimiento no es ni una centésima parte de todo lo que hacemos en la red, y definitivamente, no la parte más importante. El mundo no puede seguir girando alrededor de las demenciales demandas de una industria del entretenimiento empeñada en seguir viviendo de vender copias. Cuando intentamos “solucionar” los problemas de las industrias dependientes de una forma anticuada de entender el copyright a expensas de las libertades de todos los usuarios en la red, ponemos en peligro el futuro de la sociedad en su conjunto. Algo sencillamente injustificable, y más desde el punto de vista de quien debería mirar por el interés común. No, hace mucho, muchísimo, que el supuesto fin ya no justifica los medios. Evolucionemos la discusión y los argumentos: estamos equivocando las prioridades, confundiendo completamente qué es lo que realmente debemos proteger. Dejemos de hablar de copyright, y hablemos sencillamente de la red y del futuro.

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02 noviembre 2011

Apple: innovando en retail

Llevo un par de semanas siguiendo los comentarios y filtraciones acerca de las innovaciones que Apple planea introducir en sus Apple Stores en breve, centradas alrededor de una aplicación específica y de la posibilidad de utilizarla para cuestiones como hacer pedidos y recogidas de productos, incluyendo cuestiones innovadoras como el llamado self-checkout: clientes que llegan a la tienda, cogen un producto que han encargado y pagado a través de la aplicación sin intervención del personal de la tienda, y salen por la puerta con él.

Veo el caso como algo interesantísimo no por el hecho de que sea Apple quien lo pone en práctica – indudablemente, por tipo de producto y de publico objetivo, puede tener más facilidad que otros para llevarlo a cabo – sino porque podemos estar viendo una aplicación de la tecnología que se extienda a muchos otros sectores en un plazo relativamente breve.

Los artículos más detallados que he visto por el momento son este de MacRumors, “Apple retail stores to allow self-checkout via iOS app for accessory purchases“ y este otro de Boy Genius, “New Apple Store app launches Thursday; here's how it will change Apple's retail operations“. Según las filtraciones, y con todas las precauciones inherentes al hecho de que lo son, todo indica que un cliente podría hacer un pedido completo de determinados productos a través de la aplicación, con determinadas opciones de configuración incluida, y además de la lógica opción de recibir el producto a través de un operador logístico, poder recogerlo uno mismo en la tienda. A los doce minutos de haber hecho el pedido, uno podría entrar en la tienda, saltarse todas las colas que pudiese haber, recoger el producto, firmar y marcharse. Si el producto no está en stock, la aplicación podrá enviar un mensaje push notificando de su llegada a la misma.

El cómo se llevará a cabo la opción del self-checkout es toda una intriga. Según las filtraciones, un cliente podría, en la tienda física, encontrar lo que necesita en las estanterías, lanzar la app, escanear el código del producto, y pagarlo en ese momento con la tarjeta de crédito que tenga asociada con su Apple ID. Tras eso, aparentemente saldrías de la tienda con el producto bajo el brazo, algo que resulta bastante sorprendente y cuyos detalles finales conoceremos mañana jueves. La aplicación mencionada ya existe actualmente, pero todo indica que mañana jueves se actualizaría para dar cabida a las nuevas opciones.

Todo indica que la tienda daría prioridad a los clientes que compren a través de la aplicación, y que Apple espera que la mayoría de sus clientes usen esta opción unida al picking directo en tienda como preferente. La aplicación, además, permitiría solicitar otros servicios, como el Genius Bar o los módulos One-on-One de formación, y también hacer la devolución de productos en la misma tienda. Se espera un incremento drástico de las cifras de productividad por tienda, una lógica y sustantiva reducción de los costes de logística, y una mejor gestión del tráfico y movimiento de personas. Veremos cómo de ambiciosa resulta finalmente la experiencia y cómo de brillantes sus cifras, pero podríamos estar viendo la futura evolución de muchas de las tiendas que conocemos. Si te interesa el mundo del retail y la distribución, mañana puede ser un buen día para estar pendiente de las novedades.

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01 noviembre 2011

Los cambios de Reader y la capa social

Como ya había anticipado, no comparto las críticas a los cambios introducidos en Google Reader. Hablamos, como dije no hace mucho, de la herramienta que más utilizo en la web y sobre la que pivota de un modo muy amplio mi manejo del ecosistema informativo. Y a pesar de ver hoy infinidad de críticas, peticiones y hasta obituarios, creo sinceramente y sin la menor intención de ser iconoclasta que Google, con los cambios que ha planteado, lo ha hecho bien.

No soy el único: al igual que Richard MacManus en ReadWriteWeb, “Alternatives to Google Reader? Don’t bother, you’re not going anywhere…“, opino que con la integración en +1, la capa social de Reader no solo no ha desaparecido, sino que se ha potenciado. Y que las protestas de hoy, que seguiremos viendo discutidas las próximas semanas, no son más que algo tan perfectamente comprensible como la sempiterna resistencia al cambio.

De acuerdo: todos sabíamos donde encontrar los compartidos por terceras personas en Reader. Estaban ahí, a mano, encima de nuestros feeds. Un clic, y veías qué habían compartido tus amigos, aquellos a los que habías decidido seguir. Pero del mismo modo en que esto era verdad, también lo es que la actividad de comentarios en esos compartidos era, por lo general, bastante baja, y que no tiene ningún sentido mantener dos sistemas completamente aislados y diferenciados para compartir socialmente. ¿Mi experiencia? El sistema de compartir información de Google+ funciona infinitamente mejor que como lo hacía el de Reader. Obtengo mucha más retroalimentación gracias a él. Y en cuanto la gente vea que se puede seguir compartiendo y comentando mediante el +1, y que eso se integra en una red como Google+, que contrariamente a lo que muchos parecen desear, está mostrando una actividad desmesurada y creciente – hoy superaré los cuarenta mil seguidores en Google+, con un crecimiento muy elevado, y con una actividad de comentarios y diálogo que ya la querría para sí cualquier otra red social – veremos si hemos ganado o perdido.

Mi impresión, a las pocas horas del cambio y faltándome todavía adaptar muchas cosas (a la derecha de esta página se mantiene aún mi listado “Mis fuentes diarias”, ahora fosilizado, a la espera de ser sustituido por la lista de mis últimos +1) y muchas metodologías de trabajo, es que el cambio es bueno. Que la suma de Google Reader más Google+ es completamente sinérgica y positiva. Que abre más el sistema, en lugar de cerrarlo. Y decididamente, que Google no ha “eliminado” la capa social de Reader, sino todo lo contrario: la ha potenciado.

Mis compartidos en Reader están ahora en esta página. O simplemente en mi perfil de Google+. Donde sinceramente creo que, en breve, recibirán más feedback y más visibilidad que la que tenian dentro de Reader. Posiblemente, eso implique que empiece a compartir las noticias que leo acompañadas por más juicios de valor, con una frase que indique por qué razón decidí compartir esa noticia en lugar de simplemente darle al botón correspondiente, aunque solo sea porque ahora sé que esa frase recibirá más visibilidad y podrá servir para dirigir o iniciar debates interesantes. Para mí, un cambio positivo, aunque brevemente me saque de mi “zona de confort” y me lleve a cambiar algunas cosas. Aún queda mucho que decir sobre cómo adaptaremos nuestros hábitos a la nueva herramienta y sus peculiaridades, además de existir, por supuesto, la posibilidad para quien la quiera de coger los trastos y migrar a otras. Pero mi impresión, para quien la quiera, es que estamos viendo un cambio que, en breve, probará tener un valor netamente positivo.

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