24 junio 2014

Sentando las bases del hogar inteligente

IMAGE: Lucadp - 123RFEl hogar inteligente, o smart home, es un tema del que se lleva hablando muchísimo tiempo. Cerraduras sin llave, calefacciones y aires acondicionados que aprenden de nuestros hábitos y mantienen una temperatura ideal para el confort, luces que se encienden, regulan y apagan de maneras comodísimas y centralizadas, consolas y mandos a distancia verdaderamente universales, detectores de monóxido de carbono… toda una promesa apetecible para los tecnófilos que, como es habitual en la mayoría de los desarrollos tecnológicos, avanzaba de manera irregular, pieza a pieza, sin una dirección clara. Un complejo entorno de protocolos, fabricantes e integradores que terminaba por generar una realidad que solo estaba al alcance del que tenía o bien mucho dinero, o mucha voluntad, o mucha habilidad, o las tres cosas a la vez.

El panorama empieza a clarificarse ahora, cuando asistimos a la toma de posiciones de los grandes: en su última WWDC, Apple presentó Homekit, un intento de convertir el iPhone en una especie de hub en el que se concentra toda la información y los controles de todo aquello relacionado con el hogar inteligente, con la misma filosofía que proponen con HealthKit para centralizar la información de todos los dispositivos que controlan nuestra salud.

Tan solo dos semanas después, para algunos como reacción al anuncio de Apple, Google ha presentado su alternativa para el hogar inteligente como anticipo a su conferencia de desarrolladores, el Google I/O, y lo ha hecho utilizando la recién adquirida Nest, que se establece como punto central de la arquitectura. En realidad, ambos sistemas se basan en el desarrollo de una API abierta en la que otros fabricantes integran sus dispositivos: en el caso de Nest, se anticipan colaboraciones con empresas como Mercedes Benz, Whirlpool, Jawbone, LIFX y sus bombillas inteligentes, las puertas de garaje automáticas de Chamberlain, los mandos a distancia de Harmony, el gestor de reglas condicionales IFTTT (If This Then That) o las recién adquiridas cámaras de Dropcam, todo ello agrupado bajo una certificación de Works with Nest y gestionado mediante la capa de interacción con el usuario que proporciona Google Now. Ideas como que tu sistema de calefacción o aire acondicionado reaccionen cuando tu automóvil inicia el camino a casa, que las bombillas parpadeen en color rojo si se detecta una elevación en el nivel de monóxido de carbono, o que las condiciones de la casa cambien cuando el usuario se acuesta o se levanta de la cama según indica su brazalete de Jawbone.

Sin duda, uno de los escenarios que sedujeron a Nest Labs a la hora de poner en valor la adquisición por parte de Google. En el aire, por supuesto, la gestión de toda la información generada por las acciones del usuario: ¿qué valor puede tener saber exactamente cuando un usuario se acuesta o se levanta, llega o sale de casa, ilumina las habitaciones, gestiona la temperatura, y todo lo que se nos pueda ocurrir a medida que más y más fabricantes conectan sus dispositivos a esta red? ¿Qué hay que poner encima de la mesa, además de simple comodidad, para que los usuarios nos encontremos cómodos compartiendo esa información? ¿A qué escenarios nos lleva algo así?




(Enlace a la entrada original - Licencia)

23 junio 2014

No (solo) es una cuestión de precio

ebookpaidforMe llama la atención un tweet de Juan Gómez-Jurado, sin duda uno de los escritores más activos en Twitter y más participativos en la discusión sobre el futuro de la industria editorial, en el que comenta su satisfacción por un mensaje que ha recibido de un chico de diecinueve años en el que le dice que ha comprado su libro, que es el primer libro electrónico por el que paga pudiendo haberlo obtenido gratis, y que el mérito es fundamentalmente suyo.

El contexto es claro: algunas de las grandes editoriales españolas están siendo enormemente activas en el lobbying al gobierno reclamando leyes más duras para perseguir las descargas de libros a través de la red, cuando resulta ya completamente evidente desde hace años que el problema de las descargas es, sencillamente, una cuestión de oferta disponible. Quien quiera reducir la incidencia de las descargas tiene clarísimo lo que tiene que hacer: rebajar los precios hasta adaptarlos a las estructuras de costes del entorno electrónico, y sobre todo, cuidar la relación con el cliente.

El mensaje que el joven de 19 años envía a Juan Gómez-Jurado es clarísimo: estoy dispuesto a pagar un precio razonable, me interesa invertir en que un creador tenga incentivos para seguir creando, no soy un descerebrado que lo quiere “todo gratis”. La dialéctica que nos pretenden vender en la que nos hablan de usuarios irresponsables es y siempre ha sido falsa, solo lleva al enfrentamiento absurdo y a situaciones insostenibles. Como cliente, no voy a contribuir al sostenimiento de una industria que no solo pretende sostener márgenes irracionalmente elevados y estructuras de costes absurdas, sino que además se dedica a insultarme y a reclamar medidas más duras para perseguirme.

Cuando bajamos al nivel del autor, las cosas se vuelven mucho más sencillas. Los autores que invierten en recursos y comunicación para acercar sus obras a sus usuarios a precios razonables y con la actitud adecuada terminan por obtener condiciones de sostenibilidad de su negocio mucho mejores, aunque ello tenga que suponer, en muchos casos, renunciar a los canales tradicionales.

No, la discusión no se limita al precio. Por supuesto, un ebook a diez u once euros es tan patéticamente insostenible como una canción a un euro: precios calculados en función de la estructura de márgenes que la industria tenía el siglo pasado, antes de que apareciese internet, y no supone más que una invitación a obtener el producto a través de otros canales. Pero además de un precio razonable, es precisa una actitud enfocada a la sostenibilidad, al diálogo, a la transparencia, nunca al insulto, al victimismo ni a la persecución. Nada que no hayamos comentado anteriormente en unos cuantos cientos de ocasiones.

Con el precio y las actitudes adecuadas, con la muy necesaria “limpieza étnica” de toda una generación de directivos patéticamente equivocados, es posible que se pueda aspirar a reconstruir la muy dañada relación entre clientes e industria. Pero aun así, seguiremos viendo descargas, porque son inherentes a la naturaleza del mundo en que vivimos: dado un interés suficiente, siempre habrá formas de acceder gratuitamente a un conjunto de bits. Otra cosa es que la industria se enfoque a disminuir el incentivo para obtener esos bits gratis en lugar de recurrir a su canal, y que finalmente, las descargas irregulares se conviertan en un canal marginal, limitado en su impacto, y que acoge únicamente a aquellos que en modo alguno iban a ser clientes de la industria – y que, con la descarga, al menos se convertirán en parte del fenómeno de difusión de la obra. No, se pongan como se pongan, insulten lo que insulten y legislen lo que legislen, descargar una obra gratuitamente nunca será imposible, como nunca lo fue obtenerla antes de que existiese la red. Pero sí puede que, dadas las opciones ofrecidas por la industria, llegue a resultar marginalmente absurdo.




(Enlace a la entrada original - Licencia)

22 junio 2014

La verdadera disrupción no ha empezado aún

IMAGE: Helder Almeida - 123RFTres artículos recientes en TechCrunch, en Frankfurter Allgemeine  y en El Mundo, hacen referencia a una realidad que se acerca cada vez más: la llegada de la disrupción a la industria financiera, tanto a la banca como al sector asegurador. Recientemente participé en una jornada sobre la importancia de la analítica en esta industria organizada por Atos, y la inminente aparición de propuestas disruptivas procedentes del mundo de la tecnología fue una de las constantes en la conversación.

La entrada de empresas como Google, Facebook, Apple o Amazon en la industria financiera es simplemente una cuestión de tiempo – y cada vez de menos tiempo. Hablamos de empresas que han hecho de la gestión eficiente de la información del cliente su principal ventaja competitiva, y de una industria en la que precisamente esa gestión supone uno de los activos más importantes. Tras las vagas amenazas del tipo “que viene el lobo” en la industria financiera a día de hoy, subyace una gran verdad: cualquiera de las grandes empresas del mundo de la red haría mucho mejor trabajo a la hora de calcular riesgos, de inspirar confianza, de proporcionar conveniencia, facilidad de uso o relación con el cliente que prácticamente cualquiera de los líderes actuales de la industria.

Hace ya bastantes años que los productos financieros, seguros de diversos tipos, préstamos, hipotecas, etc. se convirtieron en el principal componente de la dieta alimenticia de la publicidad en la red. La aparición de comparadores y el uso cada vez más amplio de publicidad online tanto en su vertiente display como en performance dejan claro que la red es el habitat natural para la toma de decisiones de compra de muchos de estos productos y que existen importantes márgenes que pueden ser capitalizados en esta industria, algo que claramente ha llamado la atención de los gigantes de este entorno.

Mientras, el fortísimo conservadurismo de los competidores tradicionales está posibilitando que la brecha de percepción para los usuarios crezca de manera cada vez más evidente. Sí, todavía ingresamos nuestra nómina en un banco, vamos a un banco a pedir una hipoteca, y aseguramos nuestro automóvil, nuestro hogar y nuestra vida con aseguradoras tradicionales, pero eso no impide que cada vez seamos más conscientes de lo torpes que son esas empresas a la hora de gestionar su relación con nosotros, y de hasta qué punto estaríamos mejor servidos con empresas que nos conociesen mejor. La evidencia de que estas empresas gestionan procesos anticuados de maneras muy poco eficientes y basados en la mayor parte de los casos en sistemas legacy con muy escasa flexibilidad escapa a muy pocos, como tampoco lo hace el elevado nivel de conservadurismo en la mayoría de sus cuadros directivos.

El porcentaje de usuarios que verían con buenos ojos una oferta de productos financieros procedentes de empresas nativas digitales a las que ya, de una u otra manera, confían la gestión de sus datos crece de forma persistente, como lo hace el creciente coqueteo de estas empresas con los productos de esa industria. Si la llegada de la disrupción a industrias como los contenidos o el transporte fue dura, espera a que llegue al mundo financiero…




(Enlace a la entrada original - Licencia)

21 junio 2014

Twitter: editorializando el pulso del planeta

Twitter World CupAyer, un poco antes de las diez de la noche, abrí Twitter en mi smartphone como hago en infinidad de ocasiones a lo largo del día.

En la pantalla, además de las secciones habituales, una llamativa banda superior hacía referencia al partido de fútbol que se estaba jugando en ese momento en el mundial de Brasil, Suiza contra Francia, con las banderas de ambos países claramente visibles. Un simple clic me llevó a la pantalla cuya captura aparece ilustrando esta entrada: una cabecera inequívocamente futbolera, el resultado del partido en tiempo real, y una recopilación de los tweets publicados en ese momento referentes al partido divididos entre tweets, fotos y personas.

Por supuesto, hace ya unos cuantos años que estoy acostumbrado a seguir el pulso informativo a través de Twitter, pero ese nivel de editorialización me sorprendió. El mundial de fútbol de Brasil está indudablemente convirtiéndose en uno de los laboratorios de pruebas más importantes para los medios sociales de todo tipo, y Twitter había anunciado ya un cierto número de pruebas en ese sentido que incluían hashtags especiales con la bandera de los países participantes, rankings de popularidad, cuentas oficiales, etc. Pero adaptar una búsqueda determinada para suministrar un resultado en tiempo real va un poco más allá: supone destinar un editor a seguir el evento en cuestión y proporcionar información que sirva para seguirlo, algo que hasta el momento no había visto hacer a Twitter de una manera tan directa.

Que Twitter se ha convertido en el pulso del planeta es algo que ya muy pocos dudan: el 23 de abril del años pasado, un simple tweet emitido por la Syrian Electronic Army a través de la cuenta hackeada de Associated Press logró que el Dow Jones perdiese 145 puntos durante dos minutos.

Twitter está trabajando mucho el marketing relacionado con los eventos y las grandes citas que congregan la atención de millones de personas. Los Billboard Music Awards, la final de la NBA, la final de Roland Garros, la Stanley Cup… Para la empresa, este tipo de acontecimientos suponen una manera de poner audiencias multitudinarias a disposición de los anunciantes, en un mercado de la atención que tradicionalmente se encontraba dividido en función de derechos de emisión con ventanas geográficas, pero que Twitter es capaz de ofrecer en un solo timeline para todo el mundo. En muchos sentidos, Twitter se convierte en la agencia de noticias con más corresponsales desplegados de todo del mundo, atenta a todo lo que se dice y lo que está sucediendo en el evento, de todo aquello que genera atención.

Cada vez más, las marcas se organizan en auténticas war rooms, en centros con infinidad de pantallas en los que, por un lado, observan las analíticas de Twitter, los tweets y las tendencias que están generando más atención en cada momento, y, por otro, agrupan creativos y responsables de asesoría jurídica para lanzar y patrocinar en cada momento mensajes que conecten esas audiencias multitudinarias con su marca. A medida que Twitter añade herramientas de seguimiento y editorialización, las oportunidades para asociar ese contenido con formatos de publicidad especializados se incrementan, y se asocian además a un formato de publicidad no especialmente intrusivo ni molesto, a unos mensajes que forman parte inseparable del contexto que les rodea. Un tweet ocurrente que vincule a una marca con algo específico que está teniendo lugar en el evento o con uno de sus protagonistas puede alcanzar de manera viral audiencias millonarias y conectar con miles de followers, además de ofrecer una brillante imagen de frescura para la compañía.

Para Twitter, la editorialización progresiva supone una forma inteligente de intentar capitalizar su posición de punto central de consulta para el “qué está pasando”: enterarse de las cosas ya no solo depende del hecho de seguir las cuentas adecuadas, sino que pasa a ser dependiente del simple hecho de estar en Twitter, sin ni siquiera tener que auditar unos trending topics que, en muchos casos, han dejado de medir la popularidad real de las cosas y únicamente evalúan la capacidad de organización de grupos interesados en un tema concreto. Si Twitter es capaz de convertirse en el one-stop shop para las marcas interesadas en el marketing coyuntural asociado a eventos, habrá conseguido sin duda conquistar un nicho muy interesante. Y para muchos de sus usuarios, que empiezan a ver que seguir un evento sin tener Twitter abierto no es lo mismo, un interesante servicio de valor añadido y un cambio en la percepción del servicio que proporcionan.




(Enlace a la entrada original - Licencia)

20 junio 2014

Hablando de compras tecnológicas, en El Mundo

El mundo físico vuelve a estar de moda - El Mundo (pdf)María Climent, de El Mundo, me llamó por teléfono hace un par de días para hablar sobre operaciones de adquisición en el mundo tecnológico, intentando buscar explicaciones a los elevados precios que han alcanzado recientemente y a la fuerte preponderancia que parecen estar marcando algunas empresas del mundo del hardware como Nest, Oculus VR o Beats, y hoy ha publicado algunas de mis impresiones bajo el título “El mundo físico vuelve a estar de moda” (pdf)

Hablamos sobre los criterios de valoración de algunas de las últimas operaciones: cuánto vale un usuario, cómo puede valorarse una compañía que ni siquiera ha comenzado a elaborar un modelo de negocio como tal, el aporte de sinergias que puede incorporar la parte compradora para poner en valor a la parte adquirida, el valor de un equipo en planteamientos de tipo acqui-hire, etc.




(Enlace a la entrada original - Licencia)

?Un canal más?, columna en Expansión

Un canal más - Expansión (pdf)Mi columna en Expansión de esta semana se titula “Un canal más” (pdf), y es un argumento en contra de todos aquellos que consideran la red como un simple canal más que añadir a su portfolio de medios. Una opinión que me he encontrado en una amplia variedad de compañías de todo tipo: “nos anunciamos en televisión, en radio, en periódicos, en vallas… y ahora también en internet”.

No, la web no es un canal más. Es un canal completamente diferente, con la bidireccionalidad como elemento fundamental. Si tratas a la red como “un canal más” te equivocarás, lo harás mal. Por un lado, generarás mensajes poco adaptados al medio que terminan por resultar cansinos y absurdos, además de poco eficientes. Por otro, dejarás de explotar características que pueden representar un valor fundamental en tu comunicación. Y en tercer lugar, conseguirás mantener una imagen perfectamente adaptada… al siglo pasado.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Un canal más

La esencia de la red, lo que verdaderamente la diferencia del resto de medios, es la bidireccionalidad. En realidad, algo que proviene de una evolución de la red que conocimos cuando comenzó su popularización: al principio, la red era un entorno en el que la mayoría de los usuarios heredaban la pauta de relación de la pantalla que mejor conocían: la televisión. Usábamos la red como quien veía la tele: consumíamos contenido en páginas web, y simplemente íbamos pasando de unas a otras.

Muy pocas personas creaban contenido en la red, porque hacerlo significaba superar barreras de entrada como programar o gestionar un servidor, algo que muy pocos sabían  hacer.

A principios de este siglo, una serie de nuevas herramientas cambiaron la red, separando formato y contenido, y dando lugar a un entorno verdaderamente bidireccional. Blogs,  redes sociales, YouTube, Flickr y otros servicios hicieron de la red un lugar en el que cualquiera podía crear contenido independientemente de sus conocimientos técnicos. Algo que ningún medio de comunicación social anterior había podido plantear.

Esa característica, la bidireccionalidad, debería condicionar cualquier uso que una empresa pretenda hacer de la red, porque la convierte en un canal radicalmente diferente. Entender la red como un medio con muchas menos limitaciones técnicas que otros. Y sin embargo, aún hay compañías que consideran la red "un medio más", que solo saben plantear estrategias similares a las que diseñan para otros medios.

Nada hay más absurdo y triste que utilizar un canal potente como parodia de sí mismo, con las limitaciones de los canales del pasado. Una abuelita conduciendo un deportivo. El problema de muchas empresas está depender de directivos que pretenden gestionar la red como si fuese simplemente "un canal más".




(Enlace a la entrada original - Licencia)

19 junio 2014

El teléfono de Amazon: repitiendo estrategias exitosas

Amazon Fire PhoneEl vídeo del evento de presentación del Amazon Fire Phone dura casi hora y media, pero vale la pena verlo íntegro: es una demostración interesantísima de cómo Jeff Bezos interpreta la innovación y la aplica a sus factores críticos de éxito, y en algunas de sus partes, auténtico eye-candy para cualquier estudioso de la tecnología y la innovación (la explicación del desarrollo que aparece entre el 55:30 y el 1:09, desde la conceptualización y el diseño hasta la interacción con los desarrolladores, es de auténtica lección magistral).

Todo el hilo argumental está organizado en torno a lo que para la empresa significa la relación con el cliente, el desarrollo de entornos de confianza y la vocación por facilitar las cosas lo más posible a la hora de consumir los productos o servicios ofrecidos por la compañía.

Que Amazon lance un smartphone entra dentro de la lógica: la empresa ya ha conseguido un éxito notable en otras categorías del hardware, y con su smartphone, no hace más que repetir la misma estrategia: crear un dispositivo que facilite el consumo a sus usuarios, precisamente en el momento en que el móvil se convierte en una plataforma de importancia creciente en el comercio electrónico y el consumo.

En realidad, el Amazon Fire Phone no es un dispositivo para todo el mundo, sino para aquellos que o bien son ya fieles a la compañía mediante Amazon Prime, o están dispuestos a serlo. Es esa combinación la que le da sentido: como terminal, es razonablemente competitivo, pero es el empaquetado con los servicios de Amazon lo que lo hace una propuesta interesante… para aquellos que les gusta utilizar Amazon como proveedor. En realidad, la jugada es esa: un 360º del cliente que le lleve a hacer sus compras, escuchar su música, ver sus series y películas o leer sus libros en el mismo sitio. Chistes aparte dado el tratamiento que Amazon hace de algunos de sus proveedores, la constatación de la creciente importancia del smartphone como dispositivo de consumo es evidente: en mi caso, está logrando incluso en muchos casos desplazar al tablet como pantalla elegida para la lectura de libros en un buen número de situaciones – una preferencia que, no lo olvidemos, está siendo transmitida en tiempo real por mí y por cientos de miles de usuarios más cada vez que abrimos la app en nuestros terminales.

A partir de ahí es donde el resto de los factores de diseño del terminal toman sentido: Firefly es una aplicación que reconoce prácticamente cualquier cosa (por el momento, algo así como cien millones de cosas entre canciones, películas, series, canales de televisión y productos de todo tipo por su código de barras, aspecto, etc.) que la cámara del teléfono pueda ver y la convierte en un elemento reutilizable para lo que sea: si le muestro algo que contiene un número de teléfono, puedo marcarlo inmediatamente. Si le muestro un cuadro, puedo obtener información sobre él. Y si le muestro un libro o un producto, puedo acceder a su compra de manera casi inmediata, con tan solo hacer clic en un botón. En muchos sentidos, es la misma idea de Amazon Dash, pero convertida en app para smartphone y ampliada en su enfoque a muchas más categorías.

Si añadimos detalles como el almacenamiento sin limites en la nube de las fotos que hacemos, el cacheado predictivo de los vídeos que consumimos, el scrolling autoajustable y gestionable mediante la inclinación del terminal, o el sistema de ayuda en tiempo real (Mayday), hablamos ya de una propuesta de valor – repito, no para cualquiera, sino para un cliente de Amazon – que ha logrado, por ejemplo, que mi iPad lleve muerto de risa en un cajón bastantes meses desde que tengo el Kindle Fire. Lo dije en su momento cuando lo probé, y no, no soy el único que lo piensa. Creo que, en muchos sentidos, Amazon repite con el Phone Fire muchos de los elementos que puso encima de la mesa con su Kindle Fire – con el que, además, no le ha ido nada mal.

No todo el mundo está impresionado con el lanzamiento, y es fácil no estarlo si lo miras desde el punto de vista de un país en el que los servicios de Amazon no estén completamente desplegados. A mí, sin embargo, me ha gustado mucho la interpretación de la innovación y su puesta al servicio no de un terminal, sino de un ecosistema completo. Amazon ha tardado en lanzar un smartphone, pero cuando lo ha hecho, ha conseguido entrar a competir en una dimensión diferente, y gracias a eso, dotarlo de mucho sentido.




(Enlace a la entrada original - Licencia)