sábado 14 de noviembre de 2009

El hombre que quiere romper Internet

murdoch-timeRupert Murdoch es uno de los hombres más poderosos del mundo: billonario, y sentado en la cima de News Corp., el segundo imperio mediático más grande del mundo después de Disney, con propiedades tan importantes como el Wall Street Journal, Fox y una larga lista de medios, editoras, páginas web, productoras, redes de satélites, etc. en todo el mundo. Y decididamente, no le gusta Internet tal y como lo conocemos. Para alguien del mundo de los medios convencionales, unidireccionales y regidos por unos pocos actores con la capacidad de llegar a acuerdos exclusivos y vender lo mismo muchas veces en muchos sitios, la naturaleza democrática y plana de Internet es claramente una amenaza.

En las últimas semanas, Murdoch ha ido generando declaraciones cada vez más fuertes acerca de sus intenciones futuras. Una de ellas ha sido especialmente polémica: en ella, tacha a Google de parásito y de ladrón de contenidos, y afirma que se dispone a retirar sus sitios de noticias del alcance del motor de búsqueda. Las opiniones al respecto oscilan entre los que opinan que “allá él, que intente sobrevivir sin el tráfico que Google lleva a sus sitios” o que “mejor para sus competidores”, y los que se escandalizan demostrando que, en realidad, muchos de los sitios que el propio Murdoch posee en la red llevan a cabo la misma tarea de organización y consolidación de contenidos de terceros que Google hace (”robo”, según él) y que tanto parece escandalizar al magnate australiano. Pero en realidad, el análisis debe ir un par de pasos más allá:

¿Cuál es la maniobra que realmente está preparando Murdoch? Simplemente, la de acabar con la Internet que conocemos. Pocos tienen una posición como la suya para hacerlo: lo que hay no le gusta, y quiere allgo diferente, algo sobre lo que poder aplicar sus reglas. Para ello, el aliado perfecto, otra empresa que no se encuentra a gusto en Internet, y que también ha intentado “redefinirla a su gusto” en varias ocasiones: Microsoft. En el plan aparece una interesante comunión de intereses: por un lado, Murdoch toma la totalidad de su contenido, y lo retira del índice de Google. Es algo sencillo, que puede hacerse con simplemente introducir un comando ‘disallow’ en el fichero robots.txt de sus sitios web. Por otro, firma un acuerdo de distribución de contenido exclusivo con “el otro” buscador, Bing: un acuerdo parecido a lo que Murdoch lleva toda la vida haciendo en los medios convencionales. El acuerdo permite a Bing diferenciarse siendo el único buscador que indexa el vasto contenido de News Corp., y obtener una clara ventaja competitiva: los artículos de sus periódicos y revistas, el vídeo de sus productoras, los contenidos de sus páginas web. Pero sobre todo, el movimiento consigue lo que Murdoch quiere: revertir la ecuación de poder.

El problema, a mi entender, no está en la lucha de Murdoch con Google. Luchas entre imperios empresariales las ha habido siempre, y bienvenidas sean. El problema está en la naturaleza de la Internet que conocemos. Hasta ahora, Internet es un entorno en el que los contenidos se mueven con libertad: uno puede usar un buscador, y saber que la información a la que accede como resultado de una búsqueda es, en general, la mas relevante. El paso de excluirse de la red, de bloquear la búsqueda, ha sido dado por pocos, y generalmente con resultados muy negativos. Pero Murdoch no es “cualquier” proveedor de contenidos, y además, pretende arrastrar con él a muchos de los que previamente han manifestado su descontento con el dominio de Google: en España, por ejemplo, los diarios de la AEDE se apuntarían encantados al tema, y han mantenido ya reuniones para coordinarlo. Imaginemos, en España, una Google que no indexa los principales periódicos… El resultado, desde muchos puntos de vista, deja de ser Internet, y pasa a ser algo mucho más parecido a la televisión: solo puedes acceder a determinados contenidos si tienes determinados canales en tu suscripción. Decididamente, algo muy alejado de la libertad y la falta de límites de la Internet que conocemos hoy en día. ¿Pierde Google? Indudablemente, la maniobra va dispuesta y dirigida a minar su dominio y cambiar los pesos de los coeficientes en la ecuación de poder. Pero… ¿pierde solo Google? ¿O perdemos todos?

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viernes 13 de noviembre de 2009

Charla inaugural de Koro Castellano en EBE09

Mi crónica sobre la charla inaugural del EBE09 a cargo de Koro Castellano, Directora General de Tuenti, está ya publicada en el blog oficial. Se titula “Koro Castellano: adiós a la era de los buscadores“.

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?La disrupción?, mi columna de esta semana en Expansión

Mi columna de esta semana en Expansión se titula “La disrupción” (versión en pdf), e intenta especular sobre la reciente bajada de precios de almacenamiento publicada por Google como “el doble de espacio por una cuarta parte del precio” comparándola con, por ejemplo, lo que significaría si la aplicásemos al mercado inmobiliario o a una barra de pan, e intentando especular sobre los servicios en la red que esto va a generar y los posibles prestadores de los mismos.

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Hace unos añitos?

DaveMD, de “Fotos de tiempos pasados“, me pidió alguna foto de cuando yo era pequeño, así que le escaneé y le envié una que me hizo mi tío, Jose María P. Santoro en su estudio un verano en Cangas. Calculo que tendré unos tres y cuatro años, o sea, 1968 ó 1969.

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jueves 12 de noviembre de 2009

Wave, tras la prueba del uso

Llegó con unas expectativas altísimas: una preview espectacular en el I/O Conference ante cuatro mil desarrolladores pertrechados con todo tipo de herramientas de comunicación, y una beta por invitación destinada, según algunos, únicamente a generar buzz, según otros, a controlar el funcionamiento del invento en condiciones de crecimiento controlado.

Ahora, tras unas semanas de funcionamiento, ya me veo en condiciones de opinar con criterio sobre Wave, y mi opinión sigue siendo enormemente positiva. Pero vamos por partes:

Google Wave no es una herramienta fácil de entender. De hecho, probarla no resulta nada sencillo. Y no me refiero a que sea difícil de usar, que no lo es en absoluto, sino a que, de entrada, es invariablemente una herramienta en busca de un propósito. Es como si te dieran un martillo por primera vez en tu vida, y no tuvieras nada que hacer con él, ningún clavo que clavar ni ningún objeto que destrozar a martillazos. Te pondrías a jugar con él, al cabo de un rato lo encontrarías un juguete bastante plano y aburrido, y lo arrinconarías.

Así funciona: te llega la invitación, buscas a ver quién tienes como contacto, y creas una Wave con alguno de ellos. ¿Para qué? Para probar, sin más objeto que ese. Si además tienes la suerte de encontrarte a alguien conectado en ese momento, puedes probar a escribir, a juguetear con la herramienta de mapas y la de votaciones, y cuatro chorradillas más. Eso mismo: chorradas. Sin un propósito detrás, Wave es una chorrada divertida: como una mensajería instantánea con esteroides. Entiendo perfectamente que a mi hija le encante: de repente, ve lo que la otra persona está escribiendo en tiempo real, con lo que se incrementa la sensación de proximidad y de “hay vida inteligente al otro lado”, y puede además insertar en la comunicación lo que le dé la gana, sea un vídeo, una imagen o lo que sea. Lo dicho: una mensajería luxury king-size. La herramienta encuentra su objetivo, el de comunicarse, funciona mejor que lo que había, y no hay más complicación. Cuando vuelven al Gtalk o al Messenger, se encuentran como en una regresión a un pasado triste y gris.

El problema es limitar la experiencia de Wave a eso (si no eres un quinceañero cuyo único objetivo para esa herramienta es la comunicación, me refiero). Si entras en Wave, haces cuatro chorradas, y pretendes opinar sobre ello, te perderás la verdadera miga del asunto. La que solo percibes cuando de verdad tienes que hacer algo que justifique el uso de Wave. En mi caso, y dado que mi única obsesión que me consume estos días es mi libro, la oportunidad llegó corrigiendo un capítulo con otra persona a la que había pedido opinión: fue crear el Wave, pegar el texto, y automáticamente empezar a colaborar en tiempo completamente real. Cada uno veía lo que el otro iba editando en un sitio, mientras en otro íbamos intercambiando opiniones sobre las intenciones de cada parte del texto, lo conveniente de sacar un tema u otro, o el nivel de extensión que queríamos en alguno de los temas. Eficiencia absoluta, experiencia galáctica: no existía ninguna herramienta a nuestra disposición anteriormente que nos hubiese permitido trabajar así, y cuando finalmente cerramos aquello tras una sesión muy productiva, sabíamos que habíamos entendido la utilidad de Wave. Y que a partir de ese momento, para muchas tareas que precisan trabajo coordinado y colaborativo, no queríamos otra cosa.

Para entender Wave puedes ver, por ejemplo, las cosas que empiezan a plantearse en las empresas integrando datos del ERP, en herramientas como Gravity. O leer a Dion Hinchcliffe, analista fino donde los haya, hablando de las implicaciones de Wave para la empresa. ESO es Wave, y no la reunión chorras que te has montado con cuatro amiguetes ahí dentro para poner textos en colorines y divertirse cambiando cada uno los textos del otro. Una plataforma completamente abierta, con un juego completo de protocolos de funcionamiento que convierten la interacción en tiempo real y la integración de datos en algo normal, en un “la norma es que funcione así y no quiero que funcione de otra manera”. Después de haber probado Wave con una cierta seriedad, entiendes que: uno, más te vale entenderlo y encontrarte cómodo manejándolo, porque pronto va a ser una pieza importante para el trabajo de mucha gente. Dos, que en breve podrás diferenciar perfectamente las empresas que trabajan así, frente a las empresas que siguen escribiendo documentos y enviándoselos unos a otros como ficheros adjuntos en un correo electrónico, o metidos en un prehistórico sobre de correo interno.

Wave es una plataforma, y hace lo que hacen las plataformas: integra y complementa, no sustituye. Aquí puedes mantener una reunión productiva, compartir todo tipo de datos, hacer unos presupuestos, discutirlos, y todo ello con sensación de “todo está a un clic de distancia”, de “voy tomando herramientas de una caja inmensa en la que hay de todo”. En cuanto las empresas empiecen a probarlo con cierto fundamento, y considerando que las barreras a la adopción son nulas, se convertirá en una herramienta con capacidad de redefinir muchos de los aspectos de nuestra comunicación y nuestro trabajo cotidianos. Tiene la capacidad de redefinir la forma en la que trabajamos. Pero eso, desde la óptica de quien lo analiza como si fuese “una mensajería con esteroides”, es difícil de entender, y lo será durante un cierto tiempo.

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miércoles 11 de noviembre de 2009

Los trabajadores son más productivos si pueden usar Internet con libertad

nofacebookUn estudio de la Universidad de Melbourne lleva la contraria al análisis extremadamente simplista de Morse sobre la productividad de los trabajadores en relación con el uso de redes sociales: mientras el estudio de Morse se limitaba a multiplicar horas de uso por sueldo medio de un trabajador y a generar una cifra efectista para los titulares, el de la Universidad de Melbourne mide datos de productividad sobre una base de trescientos trabajadores de los que un 70% llevan habitualmente a cabo lo que se denomina WILB (Workplace Internet Leisure Browsing), y concluye que un tiempo de hasta aproximadamente el 20% invertido en utilizar Internet para propósitos ajenos al trabajo mejora la productividad hasta en un 9%.

La razón para esta mejora de productividad es simple y conocida: pequeñas pausas en el trabajo ayudan a mejorar la concentración. Los pequeños descansos mentales resultantes de cuestiones como refrescar la página en tu red social, actualizar Twitter, charlar un rato en mensajería instantánea, leer el periódico, ver un vídeo o hacer una compra permiten al cerebro descansar brevemente de su tarea habitual y volver a ella con concentración renovada. Por supuesto, como decíamos en la entrada anterior dedicada al tema, todo tiene sus límites: una cosa es el uso, y otra el abuso. Y en este caso, es importante advertir un tema interesante: el uso de redes sociales, en la mayoría de los casos, no es exclusivo. Un trabajador abre una ventana en su red social, la deja abierta en segundo plano, y simplemente acude a ella cada cierto tiempo y la refresca para ver si hay algo nuevo, a modo de “ventana al mundo”. Esas pausas, simplemente, le permiten mantenerse enterado de lo que pasa a su alrededor, más conectado con su mundo y sus amigos. Un sistema nervioso digital del que no resulta nada agradable que no tiene porqué impedirte trabajar, y del que te fastidia que te obliguen a salir.

La ubicuidad de las redes sociales y su importancia cada vez mayor en la vida de las personas produce un efecto interesante: las empresas gastan dinero en software y procedimientos para impedir el acceso de sus trabajadores a sitios como Facebook, y lo que consiguen en realidad con ello son trabajadores más desmotivados, que ven como se les impide el acceso a una conexión con personas y acontecimientos razonablemente importante en sus vidas, y que les lleva a relaciones profesionales basadas en la desconfianza y la represión, en las que predomina un escaso compromiso.

¿Quiere crear un clima de desconfianza, persecución y falta de compromiso? ¿Quiere ser considerado un lugar poco atractivo para trabajar? Ya sabe: haga caso de estudios sin fundamento, y dedíquese a perseguir fantasmas por la red corporativa. Nadie le dice que no controle el abuso, pero no restrinja el uso. Es simplemente una estupidez.

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Hablando sobre Oracle, Sun y la UE en Cinco Días

Ayer tuve la oportunidad de hablar y cruzarme un par de mensajes con Marimar Juménez, de Cinco Días, al hilo de las objeciones formuladas por las autoridades antimonopolio de la Comisión Europea a la adquisición de Sun por parte de Oracle. Hoy publica un artículo titulado “Bruselas pone objeciones a la compra de Sun por Oracle” (versión en pdf) en el que recoge gran parte de lo que comentamos.

El texto completo de mi mensaje, a continuación:

La mayor parte de las objeciones de la UE parecen centrarse en MySQL, afirmando que existen conflictos en el hecho de que Oracle sea el líder de las bases de datos con código propietario mientras que MySQL lo sea en las de código abierto. En la mente del regulador,  resulta poco adecuado que una sola empresa controle ambos mercados. Sin embargo, el análisis parece pecar de simplista: el hecho de que Oracle adquiera Sun, que a su vez había adquirido MySQL no significa que Oracle “controle” MySQL o que de alguna manera pueda “regir sus destinos”. En último término, MySQL es software de código abierto, lo que implica que las decisiones de Oracle se limitan a definir su grado de implicación y compromiso con el desarrollo de MySQL, pero no puede limitar éste, porque pertenece a la comunidad. Oracle no puede “cerrar” MySQL, ni dificultar su desarrollo – y de hecho, lo que ha anunciado es que invertirá para potenciar su desarrollo porque potenciar el mercado de esta base de datos favorece su estrategia de centrarse en la oferta de servicios – y si intentase de alguna manera hacerlo, se encontraría con la respuesta de la comunidad de desarrolladores, que la compañía simplemente no puede controlar. Oracle, por tanto, puede influir positivamente en el desarrollo de MySQL si inyecta fondos en el mismo como de hecho ha anunciado que va a hacer, pero no puede influir negativamente porque chocaría con la comunidad y con los principios básicos del open source.

Por otro lado, el perjuicio para la cartera de clientes y para la fuerza comercial de Sun es claro y evidente: justicia retrasada es justicia negada, y no parece adecuado, en un mercado tan dinámico como éste, mantener a una empresa en unas condiciones de incertidumbre tales que limiten su capacidad de competir. Es en este sentido, la respuesta del regulador debería ser considerada como prioritaria y urgente.

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