18 marzo 2012

Las baterías como limitante

La que se anunciaba como aplicación triunfadora del SXSW de este año, Highlight, se queda en nada debido a su excesivo consumo de batería. El secreto mejor guardado del nuevo iPad que le permite ofrecer cobertura 4G durante todo el día no es ni más ni menos que una batería descomunal que incrementa su grosor y su peso. Aparecen cargadores humanos caminantes, y e habla de que el verdadero triunfador del SXSW es una batería mochila de cien dólares para el iPhone, la Mophie, que promete duplicar su tiempo útil.

Sin duda, estamos alcanzando un límite. Una tecnología aparentemente básica, que se convierte en factor limitante de todo lo que viene detrás. Hace mucho tiempo que uno de mis criterios para escoger un terminal es la posibilidad de obtener baterías adicionales: en un hipotético “bolsillos fuera”, siempre me encontrarás una batería adicional, cuando no dos (una para la cámara). Si viajo en AVE, me llevo sistemáticamente un cargador para evitar el stress al que la constante búsqueda de estación somete a las baterías, que hacen que salgas del tren ya bajo mínimos y que se convierta en imposible llegar con mínimas garantías al final del día. Mi hija se lleva en el bolso un pack de batería suplementario de  APC, veteranos en estas lides, con su cable USB que le permite hacer una recarga completa en cualquier momento del día.

A medida que el smartphone adquiere funciones adicionales, como la de monedero, la cosa solo puede ir a peor.

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17 marzo 2012

Trece años después, aún no existe un servicio mejor que Napster

Sean Parker, cofundador de Napster con Shawn Fanning, hizo una presentación en SXSW, y dijo una frase claramente reveladora: que el Napster de hace trece años es todavía claramente superior a ningún servicio de música desarrollado bajo la aprobación de la industria a día de hoy.

Me acuerdo como si fuera ayer: yo todavía utilizaba internet con un módem de 56K, tenía el detalle de que mi conexión a internet corría por cuenta de UCLA, y mi tarifa telefónica era plana. Y alucinaba con que una herramienta tan simple permitiese buscar música en el catálogo más grande de la historia (no solo una canción, sino innumerables versiones de la misma), acceder a lo buscado de manera razonablemente rápida para las conexiones que había entonces, y chatear con otros usuarios. Lo encontraba todo, incluso lo que la industria tenía completamente descatalogado e inaccesible. La sensación de vivir el nacimiento de Napster desde California fue alucinante, una auténtica revolución mental, un claro presagio del valor que la red podía aportar a todo. Mirad atrás: ¿qué recuerdos y qué anécdotas guardáis vosotros de la época de Napster?

En trece años de evolución, con conexiones infinitamente más rápidas y que funcionan permanentemente, con sistemas mucho más evolucionados y con protocolos más eficientes, una industria de los contenidos caracterizada por su absoluto inmovilismo ha sido completamente incapaz de construir nada que iguale a Napster. Lo único que ha hecho es quejarse, intentar construir barreras y DRMs inútiles, hacer lobby, mentir, insultar y dificultar el avance de la tecnología. “La música morirá”, nos decían… ¿no les da vergüenza mirarse en el espejo de la historia? Todavía hoy, las opciones que consiguen ser mínimamente competitivas con respecto a Napster – que no mejores – como iTunes, Spotify, etc., lo consiguen claramente a pesar de las restricciones que les impone una industria que sigue negando la realidad, intentando sostener lo insostenible, y con la cabeza en la década de los noventa.

¿Qué habría pasado si la industria de los contenidos hubiese reaccionado a la irrupción de Napster viéndolo como un ejemplo de eficiencia y como una muestra de las posibilidades que ofrecía la red? Fantaseemos por un instante: ¿qué tipo de herramientas tendríamos ahora si la industria se hubiese lanzado a colaborar en su desarrollo en lugar de enrocarse en el mantenimiento de sus sistemas? ¿Alguien cree de verdad que la música estaría peor que como está ahora, tras trece años de estupidez, de insultos a los usuarios, de millones de dólares enterrados en lobbying, de cerrazón, de enfrentamiento y de guerra sucia?

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16 marzo 2012

¿Problema de comunicación intermitente? Tú lo que tienes es mucha cara

A raíz de una entrada de ayer en la que hablaba de la mojigatería de PayPal y de sus intenciones de convertirse en policía moral, varias personas me han escrito para comentarme que, cuando han intentado dirigirse a PayPal para cerrar su cuenta, no han podido hacerlo, porque la página responde con un mensaje que alega “un problema de comunicación intermitente” e invita a “intentarlo de nuevo más tarde”.

Quiero dejar claro que yo no he invitado a un boicot a PayPal. Yo he comentado simplemente que mi decisión personal fue dejar de utilizar mi cuenta de PayPal cuando una decisión unilateral de la compañía impidió que pudiese hacer uso de mi dinero para hacer una donación a WikiLeaks, un servicio que no ha sido declarado ilegal por juez alguno. La decisión de dejar de utilizar un servicio o de darse de baja del mismo la considero personal: a mí me sirve para establecer compromisos personales, para demostrarme a mí mismo que soy capaz de afrontar determinadas molestias – no pagar con PayPal puede ser molesto en ocasiones, como lo es no ir al cine cuando te apetece, o no beberte una Coca Cola cuando en realidad te gusta – por algo tan fundamental para mí como los principios. Es más una reafirmación personal que una demostración pública. Ese tipo de acciones de boicot siempre son discutibles: ¿por qué PayPal, y no VISA o Mastercard? ¿Por qué Coca Cola, y no Loterías del Estado o RTVE, que también financian la gala de los Goya? No lo sé. Es una reacción personal, cada caso es cada caso y cada uno es cada uno. Para mí lo importante, reitero, en una decisión estrictamente personal, es el gesto.

Ahora bien, una cosa es que yo no invite al boicot a PayPal, y otra que no investigue cuando varias personas me confirman que han sido incapaces de darse de baja en el servicio. En España, la Ley 44/2006 de 29 de diciembre de mejora de la protección de los consumidores y usuarios prevé en el apartado diez del Artículo trigésimo cuarto sanciones para

Las limitaciones o exigencias injustificadas al derecho del consumidor de poner fin a los contratos de prestación de servicios o suministro de bienes de tracto sucesivo o continuado, la obstaculización al ejercicio de tal derecho del consumidor a través del procedimiento pactado, la falta de previsión de éste o la falta de comunicación al usuario del procedimiento para darse de baja en el servicio.

Y es mi impresión que el hecho de que el intento de darse de baja en el servicio devuelva de manera reiterada un mensaje de “Lo sentimos. Ha habido un problema de comunicación intermitente. Inténtalo de nuevo más tarde” que aparece en la ilustración superior podría posiblemente constituir una limitación al derecho del consumidor de poner fin al servicio. Así que, dado que hace dos años no había dado de baja el servicio PayPal, sino que simplemente había dejado de usarlo, me dirigí ayer a hacer la prueba con mi propia cuenta.

A la opción para cerrar una cuenta de PayPal se accede a través de la pestaña “Mi cuenta”, pulsando el submenú “Perfil”, en la opción “Más opciones”, pulsando a la izquierda “Opciones de cuenta”, y yendo a la derecha de “Tipo de cuenta”, donde finalmente aparece la opción “Cerrar cuenta” (ver captura de pantalla), desde donde se procede a una pantalla de confirmación, otra en la que se solicitan los motivos para dicho cierre (en mi caso escribí “No puedo usarlo para hacer donaciones a WikiLeaks”), y otra pantalla de confirmación adicional. Tras dicha confirmación adicional, el resultado ha sido invariablemente el mismo en las diez ocasiones que he probado a hacerlo, a diferentes horas del día, y varias personas me indican que han experimentado la misma circunstancia. Que ante un “dame de baja” la empresa responda de manera reiterada con un “no te oigo, dímelo a otra hora” me parece muy poco serio.

Es decir, que la “policía moral” tiene problemas a la hora de cumplir la ley y procesar las bajas de los clientes que expresamente y tras tres pasos de confirmación, así lo solicitan. Ahí lo dejo.

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15 marzo 2012

Las matemáticas del copyright

 

Cinco muy recomendables minutos de vídeo de Rob Reid, humorista y fundador de Rhapsody, hablando de las matemáticas que practican las entidades de gestión de derechos de autor y los lobbies de la industria del copyright, y que muchos políticos se tragan directamente sin preguntar y sin el más mínimo juicio crítico. Cifras de pérdidas que llegarían hasta Marte, superiores a toda la producción de la agricultura norteamericana mientras los ingresos reales de la industria suben, hipotéticas destrucciones de empleo tan desmesuradas que darían lugar a empleos negativos, o un iPod que vale ocho mil millones de dólares (o setenta y cinco mil empleos). Alucinante no… directamente alucinógeno.

Si lo prefieres con subtítulos en inglés, puedes verlos en la página de TED.

(Gracias, Julián :-)

 

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PayPal: mucho peor que la simple mojigatería

La decisión de PayPal de hace unas semanas de restringir el uso de su herramienta de pago a páginas de venta de libros que ofrezcan en su catálogo determinadas categorías de obras relacionadas con contenidos sexuales, con posterior vuelta atrás incluida es algo que va mucho, muchísimo más allá de un caso de insufrible mojigatería, de moralidad o de la discusión sobre la naturaleza de los contenidos implicados, y que requiere un análisis mucho más detallado. En realidad, estamos discutiendo la sociedad en la que queremos o en la que aceptamos vivir.

Abandoné completamente el uso de PayPal hace casi dos años, cuando anunciaron la suspensión y congelación de los fondos de la cuenta de WikiLeaks. Anteriormente había utilizado PayPal para hacer donaciones a WikiLeaks y para muchos otros usos, y me parecía en general una herramienta aceptablemente buena y versátil, pero la decisión de la compañía me descolocó completamente: hablamos de un medio de pago, de una herramienta cuya función consiste en que sus usuarios puedan hacer uso de su dinero, que de repente, sin ningún tipo de orden judicial por medio, decide erigirse en policía moral, con todos los enormes problemas que ello conlleva, y arrogarse el derecho de decidir qué podía o no podía hacer con mi dinero. Una parte de mi dinero no solo no llegó a PayPal, sino que, además, nunca me fue devuelto, mientras investigaba y publicaba otras opciones para contribuir. Sin querer entrar en las consideraciones morales de por qué puedo utilizar PayPal para financiar al Ku Klux Klan o para adquirir productos o servicios que se ubican en partes muy extremas de la escala moral de muchas personas, pero no para hacer una donación a WikiLeaks, que no ha sido acusada formalmente de la comisión de ningún delito por juez alguno, la cosa resultaba ya no preocupante, sino lo siguiente. Así que, llevado por un idealismo absoluto que tiende a pensar que algún día es posible que los ciudadanos se den cuenta de que este tipo de cuestiones son infinitamente más importantes que la comodidad, suspendí completamente mi uso de PayPal. ¿Idealismo? ¿Extravagancia? Puede ser. Pero es el mismo tipo de motivos por los que me niego a consumir los productos de empresas que toman mi dinero y lo utilizan para pagar los abogados que persiguen a chavales de veintitrés años, o por los que dejo de beber Coca Cola cuando veo que patrocinan la gala de los Premios Goya: llámalo como quieras, pero para mí, es una postura importante en lo personal.

Desde el episodio de PayPal con WikiLeaks han pasado casi dos años. Y la situación, lejos de mejorar, ha empeorado considerablemente. En todos los sentidos. Lo que hace dos años era considerado como una actitud totalitaria en países como Irán o China, hoy en día son medidas que muchas democracias teóricamente consolidadas se plantean, suspiran por poder hacer o directamente llevan a cabo. Donde antes PayPal censuraba a WikiLeaks, ahora censura todo aquello que le viene en gana, desde literatura erótica hasta entidades de caridad para niños. Problemas a veces posteriormente corregidos, pero que ocultan la verdadera cuestión: no se trata de corregir, sino de evitar toda posibilidad de que ocurra. Gestionar un medio de pago no debe conllevar la posibilidad de convertirse en policía moral. Es más: debe expresamente impedir tal posibilidad.

Internet no cambia la naturaleza humana, y en esta hay un elemento fundamental: el poder corrompe. Ello crea la necesidad clarísima de desarrollar mecanismos de vigilancia que fiscalicen, restrinjan y balanceen dicho poder. En algunas ocasiones, ese mecanismo será el mercado, mediante el ejercicio del consumo responsable: negándonos a utilizar PayPal si, como es mi caso, consideramos su actitud inaceptable. En otros casos será necesario invocar las leyes, y exigir que las decisiones conlleven la necesaria supervisión judicial, sometida además a la imprescindible separación de poderes. Pero lo verdaderamente importante ahora es que, como usuarios, seamos conscientes de la enorme importancia de este tipo de hechos. Cada día más, cuando aceptamos los términos y condiciones de un servicio tras no leer una larga lista de cláusulas escritas en “legalés”, concedemos un falso y desinformado conocimiento a esas empresas para cosas como esa, como convertirse en policías morales, colaborar con gobiernos al margen del sistema judicial en contra de los intereses de sus usuarios, o para decidir quién puede y quién no puede ofrecer determinados productos o servicios.

Cada dia más, nuestro futuro depende de nuestras acciones como ciudadanos, como consumidores, como usuarios. Depende de que seamos capaces de parar aquellas iniciativas que consideramos injustas mediante acciones como el boicot, el consumo orientado y responsable, el ciberactivismo. Acciones contra quienes creen que desarrollar una plataforma tecnológica les da derecho a utilizarla para imponer sus criterios morales o reglas que no hemos aceptado y que no forman parte de ningún sistema de justicia. Eso, ni más ni menos, es lo que ponemos en juego cuando, por comodidad o por placer, seguimos utilizando PayPal o nos vamos al cine, olvidando que quienes hoy nos ofrecen ese medio de pago o esa película son los mismos que mañana nos cierran WikiLeaks o nos persiguen como usuarios. Mucho más importante y mucho más determinante de nuestro futuro como sociedad que la insufrible mojigatería de PayPal.

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14 marzo 2012

Patente estupidez

It's time for the entire industry to recognize that we are quickly shifting from a cold war (patents are deterrents) to a nuclear war that – like the one in ‘WarGames’ – the only winning move is not to play.

 

[Es el momento de que toda la industria reconozca que estamos pasando rápidamente de una guerra fría (patentes como desincentivos) a una guerra nuclear en la que - como en 'Juegos de guerra' - la única jugada ganadora es no jugar.]

 

Brad Feld, de Foundry Group, hablando sobre la demanda de Yahoo! sobre Facebook por infracción de patentes. Puedes revisar la naturaleza de las diez patentes que Yahoo! considera que Facebook ha infringido.

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El signo de los tiempos: la Encyclopædia Britannica no se imprimirá más

Encyclopædia Britannica anuncia, tras doscientos cuarenta y cuatro años de historia, docenas de ediciones y más de siete millones de colecciones vendidas, su decisión de no volver a producir ediciones impresas. Los treinta y dos volúmenes de la edición de 2010, de cincuenta y ocho kilos y medio de peso, se convierten en la última edición, que sin duda pasará a tener cierto interés para nostálgicos y coleccionistas.

La empresa no desaparece: en realidad, las ventas de la icónica enciclopedia eran ya tan solo un pequeño porcentaje de sus ingresos, compuestos por materiales educativos y por las más de medio millón de suscripciones a su página web, Britannica.com, a razón de setenta dólares cada una.

Todo un signo de los tiempos: el papel fue la manera más económica y eficiente de transmitir y almacenar información hasta finales del siglo XX, pero ya no lo es. Ningún producto en papel puede seguir siendo competitivo frente a la difusión en la red. La frase de Jorge Cauz, presidente de Encyclopaedia Britannica Inc., al hacer el anuncio oficial deja perfectamente claras las cosas:

It's a rite of passage in this new era. Some people will feel sad  and nostalgic about it. But we have a better tool now. The Web site is continuously updated, it's much more expansive, and it has multimedia.”

De hecho, resulta enormemente revelador que la decisión de Britannica de no ofrecer más ediciones impresas ya aparezca, a las pocas horas del anuncio, perfectamente reflejada… en Wikipedia.

No parece mal momento para leer el capítulo 2 de “Todo va a cambiar”… :-)

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