06 octubre 2013

El ocaso del empleo, de Jordi Serrano y Santiago García

El ocaso del empleo. Cómo sobrevivir en el futuro del trabajo - Amazon.esMi amigo y compañero de colegio Santiago García me pidió que le contestase tres preguntas para el libro que estaba preparando junto con Jordi Serrano, titulado “El ocaso del empleo. Cómo sobrevivir en el futuro del trabajo“, editado por Libros de Cabecera, que acaba de salir con prólogo de Gary Swart y epílogo de Pau Garcia-Milà, y que aporta una visión muy interesante y bien documentada sobre el mundo del trabajo y su proyección de cara al futuro.

A continuación, las tres preguntas y respuestas breves que intercambiamos, y que aparecen citadas en el libro:

 

P. ¿Qué cambios piensas que experimentarán las organizaciones para las que trabajaremos durante la próxima década?

R. Creo que el principal cambio va a ser el de hacerse mucho más “humanistas”, el de ser capaces de gestionar la relación laboral con un criterio basado en la persona y sus especificidades, no en función de una plantilla o un contrato entendido de una manera rígida. Lo que un trabajador quiere, cada día más, es tener un trabajo que le motive, que le llene en lo personal, que se lo crea, y poder dedicarse a él de una manera óptima, sin corsés que le eviten ser productivo. En determinados momentos, el desarrollo de ese trabajo implicará llevarlo a cabo desde un lugar común donde se maximice la comunicación y la interacción, en otros será preferible (u óptimo) desarrollarlo desde casa, en otras ocasiones conllevará viajes, etc. y la persona debe poder gestionar ese entorno de una manera madura, teniendo una contraparte que entienda el porqué de cada situación y sea capaz de adaptarse, de evaluar el trabajo en condiciones, y de favorecer el desarrollo de una relación laboral satisfactoria para ambas partes, reduciendo en componente de alienación

P. ¿Qué capacidades humanas / competencias crees que “cotizarán al alza” durante la próxima década?

R. Fundamentalmente la empatía y la inteligencia emocional. En una sociedad en la que una gran parte del trabajo va a ser desarrollado por máquinas, surgirá una clase trabajadora que trabajar “porque quiere”, “porque le motiva”, “porque le llena”, porque “cree en ello”. La actual disyuntiva entre los que “viven para trabajar” y los que “trabajan para vivir” tenderá a volverse cada vez más radical: en un mercado de oferta, los que conseguirán trabajo serán los que de verdad estén motivados para ello, no los que aspiren a “cumplir y ya está”. Por tanto, lo fundamental será, para una empresa, ser capaz de atraer ese talento que exigirá determinadas condiciones para expresarse y que se gestiona con empatía e inteligencia emocional, y para el trabajador, contar con esos mismos factores para encontrar un trabajo que le motive y le permita expresarse.

P. ¿Qué consejo le darías a alguien que se está planteando / replanteando su futuro profesional?

R. Que lo replantee en torno a temas que de verdad le motiven. El perfil motivacional es intrínseco al ser humano, todos somos mucho más brillantes cuando estamos motivados, pero un esquema de relaciones laborales basado todavía en la Revolución Industrial impide que se exprese ese perfil, y nos condena a situaciones de alienación, a jornadas de 9 a 5 (en el mejor de los casos) y a existencias grises y por lo general mucho más improductivas. Lo mejor que le puede pasar a una persona es disfrutar de un trabajo que le resulte motivador, y cada paso en su cualificación debe estar destinado a incrementar los grados de libertad de los que disfrutará a la hora de escogerlo.

 








(Enlace a la entrada original - Licencia)

Hablando sobre los quince años de Google, en La Nación

Google: 15 años de la empresa que cambió el mundo - La NaciónLuján Scarpinelli, de La Nación, me envió algunas preguntas por correo electrónico acerca del decimoquinto aniversario de Google, y hoy me cita en “Google: 15 años de la empresa que cambió el mundo“.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

 

P. ¿Qué destacas de la estrategia de Google como compañía?

R. Lo fundamental de se puede destacar de Google es la visión práctica, la funcionalidad, la vocación por crear herramientas que cambian la forma de hacer las cosas. En torno al primer concepto que da origen a la compañía, la idea de relevancia y de “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”, se ha generado todo un ecosistema de productos que intentan cambiar cosas, cómo hacemos publicidad, cómo usamos el correo electrónico, cómo nos comunicamos… y todo ello en base a una cultura en la que prima la ingeniería, el desarrollo y el enfrentarse a problemas con una aproximación pragmática, el “tú hazlo, que los problemas que pueda generar ya los solucionaremos después”.

P. ¿En qué reside en éxito, visto desde su modelo de negocio original?

R. La venta de publicidad no es el negocio original de Google. La publicidad contextual en función de lo que el usuario introduce en el buscador fue una idea original de GoTo.com, después Overture, después adquirida por Yahoo!, y de hecho, Google tuvo que pagar una cantidad en concepto de licencia perpetua para saldar extrajudicialmente una demanda que de otra manera habría perdido con total seguridad. Originalmente, la compañía no tenía más modelo de negocio que ofrecer el motor de búsqueda para su uso por terceros, algo que habría dado lugar a una Google mucho más modesta en dimensión de la que hoy conocemos. La evolución del modelo de negocio ha ido evolucionando en función del concepto de atención: Google es un broker de atención, capaz de generarla en torno a sus productos, de segmentarla en virtud de una serie de variables, y de revenderla a anunciantes de una manera que procure ser respetuosa y que trate de aportar un valor al usuario.

P. ¿En qué sentido crees que Google se constituyó como una compañía revolucionaria en cuanto a hábitos sociales, cambios en el mundo empresarial como era hasta entonces conocido…? ¿Fue su “revolución” descifrar la forma de explotar internet, cuando esa historia recién comenzaba?

R. La revolución fue entender el concepto de relevancia como un concepto social. ¿Qué es lo más relevante? Aquello que un número más elevado de personas señalan con sus enlaces. De todos los resultados que contienen la palabra o frase buscada, el que aparece más arriba es aquel que tiene mayor relevancia social, en función de criterios como el número de enlaces entrantes desde otras páginas, y actualmente también de otros como los +1 que los usuarios le otorgan, los compartidos en otras redes sociales, Nadie ha sido capaz de superar la medición de relevancia que hace Google porque por el momento, el criterio social es el único que está en juego, lo que hace que la gran mayoría de competidores se dediquen, en realidad, a copiar el algoritmo de Google con leves variaciones.

P. ¿Cuál es el desafío actualmente para mantener su éxito en un entorno tan competitivo? Da la sensación de que Google es un gigante imbatible… ¿es así?

R. En su momento, Google fue capaz de irrumpir en un mercado en el que ya había numerosos jugadores, y competir ventajosamente en base a un algoritmo de relevancia más eficiente que proporcionaba mejores resultados al usuario. Todo comienza con la base de datos: para poder hacer búsquedas, tienes que tener una copia de la web en tu base de datos y todo un desarrollo tecnológico que te permita hacer búsquedas de manera eficiente. Algo que en 1998 era relativamente sencillo, pero que en 2013 supone una barrera de entrada muy difícil de superar.








(Enlace a la entrada original - Licencia)

05 octubre 2013

Francia, Amazon y el espíritu de la ley

French bookstore and Amazon boxesEl paso de una ley en contra de Amazon por la Asamblea francesa (El País, France24, BBC) ha permitido ver una inusitada demostración de apoyo y unidad entre diputados conservadores y socialistas. La ley, una enmienda a la ley Lang de 1981 relativa al precio del libro que prohibe utilizar la gratuidad de los gastos de envío como forma de proporcionar un descuento superior al 5% sobre el precio establecido del libro, está pensada específicamente para impedir las prácticas de Amazon y, teóricamente, para proteger a las pequeñas librerías.

En la visión de los políticos franceses, Amazon es un monstruo que se beneficia de sus ahorros fiscales para practicar el dumping, vender por debajo de sus costes, acabar con sus competidores, y volver a subir los precios cuando cuente con un dominio suficiente del mercado.

En la práctica, sin embargo, Amazon, como muchas otras empresas de comercio electrónico, está cumpliendo escrupulosamente las leyes que regulan la fiscalidad, y simplemente es capaz de obtener costes mucho menores derivados de su escala y de su insuperable eficiencia operativa. Si las consecuencias de una aplicación extrema de la legislación fiscal por parte de una empresa es algo con lo que el estado francés no está de acuerdo, tendrá que modificar sus leyes, pero no sancionar a quien las cumple. Si la ley permite jugar con repatriaciones de beneficios, paraísos fiscales y precios de transferencia en un entorno internacional de una manera que se considera injusta, es posible que pueda argumentarse la necesidad de cambios en la legislación fiscal, pero eso no puede significar que deba atacarse expresamente a unas empresas determinadas que no hacen más que usar ese marco legislativo para optimizar sus cuentas. No, el centro de esta cuestión no está en la fiscalidad. Está claramente en otro ámbito.

El principal argumento del entonces ministro de Cultura, Jack Lang, cuando propuso la ley que lleva su nombre en 1981, fue que no podía considerarse el libro como un producto más. Esa supuesta excepción del libro, basada en su carácter de elemento transmisor de la cultura, obvia una evidencia que el paso de los años pone cada día más claramente de manifiesto: que la cultura no tiene nada que ver con el soporte físico de la misma. Los soportes utilizados para la transmisión de la cultura, llámense discos de vinilo, CDs, libros, periódicos de papel o como se quiera, han permitido establecer, gracias a la infraestructura necesaria para su distribución, enormes imperios económicos y una amplia red de intereses empresariales. El lobby de las empresas culturales se sirve de una serie de supuestos nobles fines de preservación de la cultura para lograr una intensa proximidad al poder político, cuando en realidad son empresas como cualquier otra cuyo objetivo es, sencillamente, maximizar sus beneficios.

¿Cuáles son los objetivos que el poder político debería tener en mente con leyes así? En la mejor de las teorías, deberían fomentarse cuestiones como la preservación de los incentivos implicados en la creación cultural o la optimización del acceso a dicha cultura por parte de los ciudadanos, pero no necesariamente la conservación de los beneficios de un lobby empresarial determinado. ¿Está necesariamente alineada la preservación de los beneficios de los libreros o de los editores con la preservación de la cultura?

Se dice que la presión que lleva a los políticos franceses a dar su apoyo de manera masiva a esta ley proviene de los pequeños libreros, del tejido de pequeñas tiendas que, a través de redes logísticas, distribuyen libros en ciudades y pueblos. Es evidente que el desarrollo del comercio electrónico amenaza a los pequeños libreros, como también lo es el que esa estructura de distribución no optimiza especialmente el acceso a la cultura con respecto a otras alternativas. Las pequeñas tiendas, con sus stocks necesariamente limitados en lo físico, sus horarios  y su incapacidad para competir en servicios e información con el comercio electrónico, llevan años perdiendo la batalla. Sí, las librerías, como las tiendas de discos, suponen puestos de trabajo, pero… ¿pueden o deben realmente ser protegidas? La respuesta sería afirmativa si ello supusiese algún tipo de protección del fenómeno cultural, pero ¿realmente existe este vínculo? ¿Hasta qué punto pueden o deben protegerse los negocios ineficientes, cuando la propia sociedad parece orientarse cada día más hacia la comodidad que supone encargar libros a través de la web o incluso recibirlos directamente por vía electrónica, obviando el ineficiente papel?

¿Provienen realmente las presiones de las pequeñas tiendas, o de unas editoriales que prefieren negociar con una infinidad de pequeños establecimientos frente a hacerlo con monstruos como Amazon o FNAC? ¿Hablamos de preservación del fenómeno cultural y de acceso a la cultura, o simplemente de mantener el poder de negociación de unos frente a otros? En realidad, las leyes que regulan el precio fijo de los libros, que únicamente están vigentes en Alemania, Austria, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Países Bajos, Portugal, nunca han logrado demostrar ningún tipo de beneficio de cara a la preservación de los incentivos a la creación cultural o a la optimización del acceso a la cultura. La investigación académica sobre los efectos de dichas leyes nunca ha podido ofrecer ningún resultado realmente concluyente, y nada indica que países que permiten libertad en la fijación de dichos precios tengan un nivel cultural inferior al de aquellos que no lo hacen. ¿Se justifica realmente alterar las condiciones de mercado para defender unos supuestos fines culturales, mediante un método cuya eficacia no ha podido jamás ser probada formalmente? ¿O estamos defendiendo otra cosa?

Resulta muy poco claro que la mejor manera de proteger los incentivos a la creación cultural y el acceso a la cultura sea preservando los privilegios de aquellos que entregan al creador porcentajes sobre el precio de venta final de en torno a un 8% ó 10%. Las reglas que llevaban a que esos intermediarios con esas estructuras económicas fuesen la mejor manera de optimizar dichos incentivos a la creación o dicho acceso a la cultura han cambiado tanto con el desarrollo de la tecnología, que incluso el más elemental sentido común reclama su revisión. Que los diputados franceses alcancen la unanimidad en una ley conocida como anti-Amazon refleja, en realidad, su propia incapacidad para modificar la legislación impositiva, y la supuesta aplicación de teorías económicas planteadas de manera claramente sesgada.

Lo mejor para la cultura, francesa o de cualquier país, sería que Amazon se hubiese encontrado con un escenario de fuerte competencia, que luchase por ofrecer mejores incentivos a autores y compradores. Pero ante la patente incapacidad de los actores tradicionales para ser mínimamente competitivos, leyes de protección como la francesa tienen muy poco que hacer o que ofrecer. Lo único que van a conseguir es perjudicar a unos usuarios que serán artificialmente obligados a pagar más, a cambio de beneficiar – supuestamente – a una estructura insostenible. Preservar la ineficiencia a cambio… de nada. O peor: de los beneficios de unos pocos.








(Enlace a la entrada original - Licencia)

04 octubre 2013

En El País, hablando de la salida a bolsa de Twitter

Twitter - El PaisHoy en El País, en la sección Via@IEBusiness, publican el vídeo que hice recientemente sobre la salida a bolsa de Twitter, pero en inglés, con un montaje diferente, y bajo el título “Twitter y su relación con el mercado bursátil ¿Invertiría en Twitter?”

Ayer se hizo pública la documentación que Twitter envió a la SEC. Un negocio que ha pasado de cero a quinientos millones en tan solo cuatro años, una facturación creciente pero que todavía mantiene la compañía en el rojo, y un propósito claro: continuar el enfoque hacia la innovación en lugar de en los resultados operativos a corto plazo.








(Enlace a la entrada original - Licencia)

Negacionistas, mi columna en Expansión de esta semana

Negacionistas - Expansión (pdf, haz clic para ampliar)Mi columna en Expansión de esta semana se titula “Negacionistas” (pdf), e intenta describir la sensación que me produce, en infinidad de artículos sobre tecnología, ver la infinidad de argumentos negativos basados en atributos que, en prácticamente todos los casos, están destinados a mejorar de manera exponencial y a perder, por tanto, su cualidad de limitantes.

A lo largo del tiempo, lo he podido ver en infinidad de ocasiones, lo que me ha llevado a plantear esta columna como un auténtico ejercicio (o casi “terapia”) de innovación: toma una tecnología, experiméntala en la medida de lo posible, plantea las limitaciones que te llevan a pensar que no va nunca a impactar tu negocio, e intenta imaginarte qué ocurriría si esas limitaciones, por arte de magia, desapareciesen.

El escepticismo y el pragmatismo no son necesariamente malos (de hecho, en muchos procesos de toma de decisiones es bueno tener un escéptico a mano). El negacionismo sí lo es.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Negacionistas

Escribir una página de tecnología durante más de diez años permite apreciar un interesante fenómeno: cada vez que hablas de algo suficientemente novedoso como para poder considerarse una amenaza para alguna industria o modelo establecido, surge una inmediata reacción de negación, de descalificación en base a todo tipo de criterios.

La reacción suele ser particularmente virulenta entre personas procedentes de esa industria: amparándose en su condición de "expertos", arremeten contra la tecnología porque no cumple tal o cual requisito que, según ellos, es completamente imprescindible.

La realidad es que las tecnologías recientes suelen, lógicamente, representar una primera iteración. E igualmente cierto es que, tras esa primera iteración, el incremento que suele darse en sus prestaciones es, en muchos casos, exponencial. Pensemos en la calidad de las primeras cámaras digitales, en el peso de los primeros teléfonos móviles, o en la velocidad de las primeras conexiones a internet: juzgando en función de aquellos parámetros, ninguna de esas innovaciones suponía una amenaza para prácticamente nadie. Sin embargo, entender que aquellas limitaciones serían rápidamente superadas no parece, visto retrospectivamente, demasiado complicado.

Da igual que hablemos de inteligencia artificial, libros electrónicos o impresoras tridimensionales: automáticamente surge el negacionista de turno que afirma que nunca llegarán a nada, porque les falla este o aquel atributo. Sin pensar no solo que dicho atributo podría mejorar, sino que incluso podría dejar de ser importante. Una mirada al cementerio empresarial permite ver infinidad de cadáveres que subestimaron tecnologías emergentes.

Cuando examine una tecnología emergente, hágase un favor: evite el escepticismo. Analice sus limitaciones, y piense qué pasaría si, mágicamente, desapareciesen. Plantéelo como hipótesis, como ejercicio de innovación aplicada. Una moderada dosis de escepticismo puede ser sana. Pero el negacionismo, en los veloces tiempos que vivimos, puede suponer un suicidio empresarial.

 








(Enlace a la entrada original - Licencia)