04 febrero 2011

Rojadirecta y la ?justicia universal?

Llevo unos días queriendo escribir sobre el caso Rojadirecta, y sin tiempo para hacerlo de manera reposada. El hecho de que sea una empresa radicada en España, de operativa completamente legal en nuestro país (como demuestran los sucesivos procesos judiciales en los que ha participado) y en un momento como el actual, en plena tramitación parlamentaria de algo tan relacionado como la llamada “ley Biden-Sinde” le proporciona sin duda especial relevancia.

Tarjetaroja no hospeda, no posee, no explota materiales sometidos a derechos de autor: únicamente enlaza a ellos, a transmisiones que están siendo realizadas en otros países. ¿Rompe las ventanas de explotación de la industria? Lo hace, pero eso es un problema diferente: ¿pueden sostenerse ventanas de explotación definidas geográficamente en una red sin fronteras?

¿Qué es lo que realmente está en juego aquí? Como en el caso de la ley Biden-Sinde, hablamos de principios básicos de soberanía, de territorialidad en algo como la red que intrínsecamente carece de ella. Ahora bien: ¿debe la intrínseca ubicuidad de la red ser la excusa para que un país como los Estados Unidos se arrogue el derecho de implantar sus leyes de manera universal? ¿Significa el caso Rojadirecta que ahora cualquiera, por el hecho de aparecer en la red, debe plegarse a la justicia de los Estados Unidos? El asunto, como vemos, va mucho más allá de lo que inicialmente parece.

El bloqueo a Rojadirecta se efectúa a través del sistema de registro de dominios, utilizando para ello a una empresa norteamericana, Verisign. Esta empresa es la entidad certificada por ICANN, la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números, una organización son ánimo de lucro radicada en California y que opera bajo las leyes de dicho estado. Y de ahí procede precisamente el problema: dado que los Estados Unidos, a instancias de una serie de derechohabientes, no puede proceder contra los servidores que alojan a Rojadirecta, lo que han hecho es proceder a través del sistema de asignación de nombres de domino a través de Verisign e ICANN, que sí están bajo jurisdicción estadounidense. Eso coloca automáticamente a cualquier actividad que suceda en la red, en caso de disputa con una entidad norteamericana, bajo la posibilidad de ser sancionada por la justicia de dicho país, sin que se le proporcione además oportunidad de defenderse. En el caso Rojadirecta, ha bastado una denuncia de un derechohabiente para que el dominio sea secuestrado, sin posibilidad de alegación por parte de la compañía.

Esa, y no otra, es la verdadera cuestión que está en juego: la idea de una presunta “justicia universal” ejercida por los Estados Unidos. Los mismos, por cierto, que se afanan en obtener una ley Biden-Sinde que no va a beneficiar en absoluto a los creadores españoles – al contrario, ahondará en la brecha entre creadores y público, provocará más tensión, y ahuyentará a los ciudadanos del consumo de productos culturales españoles – y sí a la industria cultural estadounidense. En el fondo, Rojadirecta y la ley Biden-Sinde forman parte de un mismo plan. Un plan siniestro, ante el que todo país razonablemente inteligente debe plantarse. Internet no es ni puede ser propiedad de los Estados unidos: es un espacio universal, y como tal debe regularse. El caso Tarjetaroja es mucho, mucho más importante de lo que parece: es solo la punta de un monumental iceberg y de uno de los problemas jurisdiccionales que más van a dar que hablar en los próximos años.

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El re-canon, en mi columna de Expansión

En mi columna de Expansión de esta semana hablo de los planes del gobierno para reforzar el canon que pagan los ciudadanos, aplicándolo a más artículos y a las conexiones. Se titula “El re-canon“, y sigue la linea de esta entrada anterior, pero adaptado al formato papel.

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03 febrero 2011

Hombre de la semana en GQ

Más feliz que una perdiz: la revista GQ me ha nombrado “Hombre de la semana“. Vaya, pues suena la mar de bien… ¡muchas gracias! :-)

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02 febrero 2011

Lo malo de copiar es cuando te pillan

La lucha por conseguir un buscador que entregue resultados relevantes y adecuados a lo que el usuario intenta encontrar en su búsqueda es compleja, y requiere de una gran dosis de investigación para obtener resultados cada vez más ajustados, más fiables, más próximos al ideal de relevancia que define el interés del usuario.

En dicha competencia, puedes obviamente basarte en lo que hacen terceros. Hace años, Google revolucionó la búsqueda adelantándose prácticamente una década a la explosión de los mecanismos sociales y convirtiendo su algoritmo en algo determinado fundamentalmente por lo que los usuarios hacían, por los vínculos que éstos disparaban desde sus páginas. La idea de que un vínculo, por contener la dirección de una página y un texto que la define, podía ser un elemento estructural básico en la arquitectura de la relevancia es sencillamente brillante, y vale en sí el imperio que Google ha sido capaz de construir a su alrededor. Un imperio sin duda impresionante, aunque adolezca de una carencia preocupante de diversificación en cuanto a fuentes de ingresos doce años después de tan genial idea. Pero resulta evidente que, a día de hoy, los principales buscadores han asumido esa innovación: todos “se parecen” a Google y utilizan, más o menos depurados, similares mecanismos.

Que en esa carrera de innovación “te pillen copiando” es algo decididamente malo. Es previsible que aquel al que le acusen de hacerlo se levante indignado y diga eso de “¿Copiando? ¿Yo?”, y niegue la mayor. Por eso, Google, antes de levantar la liebre, planteó un experimento, con todo el rigor que una empresa construida alrededor de la ingeniería como ingrediente fundamental es capaz de hacer. El experimento es claro: antes de lanzar la piedra, se pasaron más de medio año insertando resultados irregulares en el buscador, concretamente en los resultados a palabras mal escritas que aparecían de manera infrecuente. ¿Para qué? Simplemente para comprobar su hipótesis: que Microsoft, en su buscador Bing, estaba utilizando los resultados de Google para devolver esos mismos resultados. Es decir: que estaban copiando. Ya no copiando innovación o “inspirándose”, que sería algo incluso natural… no, algo mucho más grave: haciendo funcionar por detrás el propio buscador de la competencia para incorporar sus resultados. El tema, descrito hoy en el blog oficial de Google, no deja lugar a ninguna duda: Microsoft alimenta Bing con los resultados de búsqueda de Google. Dichos resultados, usados como trampa, eran asociaciones de búsqueda y resultado que solo existían en Google – y al ser acusado, niega la mayor.

El problema de copiar es que te pillen, y además, que te pillen de manera rigurosamente demostrable. Que no tengas posibilidad de negarlo. Que te pongan la cara colorada. Y eso es, ni más ni menos, lo que ha ocurrido aquí. Bing podrá ser un esfuerzo digno de Microsoft por convertirse en un jugador relevante en el campo de la búsqueda, y personalmente, creo que es muy bueno que así sea: cuanta más competencia, mejor para el usuario. Pero a día de hoy, copia a Google, y lo copia de manera indefendible. La investigación que necesitamos es la que mira menos a la mesa de al lado, y más a sus propios desarrollos, que es lo que hay que hacer y lo que el mercado termina por reconocerte. Lo demás son malas prácticas que deben ser erradicadas.

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01 febrero 2011

Lassalle y sus cuatro gatos

Recibido a través de los comentarios de la entrada anterior dedicada al tema… Jose María Lassalle ya tiene su caricatura :-)

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Entrevista en El Círculo (Telemadrid)

Ayer por la mañana estuve en El Círculo, de Telemadrid, presentado por Ely del Valle, y con preguntas de Susana Criado, Pedro Blasco y Ricardo Martín. El audio y la imagen están algo desincronizados.

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Cómo se apaga Internet en todo un país

El cierre de Internet en Egipto por parte del gobierno Mubarak como reacción a la oleada de insurgencia coordinada a través de sitios sociales como blogs, Facebook o Twitter ha dejado clara la excesivamente elevada vulnerabilidad de la red al control gubernamental.

Un interesante artículo en GigaOM, “How Egypt switched off the Internet“, basado en un detallado informe de Renesys explica cómo un gobierno ejecuta la decisión de desconectar completamente Internet tanto para sus ciudadanos en el interior, como para todos aquellos que desde el exterior pretendan acceder a recursos situados en el país. Un bloqueo total, algo que hemos presenciado en muy pocas ocasiones anteriormente, muy distinto de los cortes de acceso a determinados servicios como Twitter o Facebook llevados a cabo anteriormente por gobiernos como Irán o Túnez.

La caída de la red en Egipto se llevó a cabo de manera instantánea y con una certera efectividad: un 90% de las conexiones dejaron de funcionar al mismo tiempo, lo que equivale en la práctica a un “botón mágico” en manos de un dictador capaz de “apagar” de golpe Internet si estima que supone una amenaza. Una acción realizada a través de un control directo de todos los proveedores de acceso que operan en el país, que pasan a tener una importancia verdaderamente estratégica desde un punto de vista político.

Básicamente, la acción tiene lugar a dos niveles: en primer lugar, a nivel de DNS, que permite un control total del dominio .eg a todo aquel que pretenda acceder a recursos mediante el nombre de dominio. Pero dado que esto podría provocar una difusión inmediata de las direcciones IP numéricas de los servicios para poder acceder a través de éstas, utilizaron también el Border Gateway Protocol (BGP), el sistema a través del cual los proveedores de acceso a Internet publican dichas direcciones IP en la red: de manera simultánea, todos los proveedores de acceso del país dejaron de tener disponibles sus tablas de rutas. De repente, nadie sabe donde está nada ni puede acceder a nada: los usuarios desde fuera del país no pueden acceder a ningún recurso situado en un servidor dentro del país, y los usuarios desde dentro del país no pueden acceder a nada. Sin embargo, el bloqueo se puede establecer de manera selectiva: el mercado bursátil egipcio y algunas páginas web más siguieron funcionando sin problemas.

El problema de la acción llevada a cabo por el gobierno egipcio es constatar cómo de sencillo puede resultar para un gobierno ejercer este control. Una posibilidad que no se justifica desde punto de vista alguno, y una tentación de la que seguramente sería bueno privar a todo gobierno en una época en la que el uso de la tecnología ha pasado de ser una herramienta de control del pueblo por parte de los gobiernos, a ser una herramienta de control del gobierno en manos del pueblo. Internet no es de ningún gobierno, es de sus usuarios, y los proveedores de acceso deben tener defensa ante peticiones desmesuradas o que se consideren fuera de lugar. La posibilidad de accionar ese “botón rojo” debe ser eliminada en todo país democrático que se precie.

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