12 junio 2013

Hablando sobre los anuncios de Apple en la WWDC 2013, en Faro de Vigo

AppleWWDC2013 - Faro de VigoÁgatha de Santos, de Faro de Vigo, me llamó para hablar acerca de los anuncios de Apple en la reciente WWDC 2013, fundamentalmente para determinar una calificación de los mismos en términos de relevancia, y hoy publica algunos de mis comentarios bajo el título “Apple reaviva la batalla con su competidor Android por el mercado de dispositivos móviles“.

¿Mi impresión? Creo que la misma que la de la mayoría: que Apple no presentó nada realmente disruptivo, que los cambios son fundamentalmente cosméticos o incrementales – sin obviar que un cambio “cosmético” en Apple suele significar el inicio de toda una línea de tendencia en diseño – y que el único producto en el que se plantean algo realmente diferente de lo que había, el nuevo Mac Pro, aparece precisamente en el segmento de menor crecimiento, el de los ordenadores de sobremesa o desktop. Básicamente, no creo que Apple con sus anuncios esté logrando demasiado en términos de reactivación de su base de usuarios o intensificación de ninguna batalla: no está construyendo ninguna casa, está únicamente cambiando los muebles.

Cambiar para tener modelos en su gama con los nuevos procesadores de Intel es importante, pero solo otorga ventajas incrementales, no disruptivas. El servicio de radio puede llegar a ser interesante, pero de nuevo, no es algo que reinvente nada. Y es bien sabido que Apple, como compañía, tiene una enorme dependencia del concepto de reinvención. Una reinvención que, al menos en esta ocasión, no ha tenido lugar.



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11 junio 2013

Consolidando el panorama en impresión 3D

Stratasys-MakerBotTechCrunch informa que Stratasys ha entrado en conversaciones con MakerBot de cara a una eventual adquisición, en lo que daría lugar a una fuerte consolidación del panorama en torno a la impresión tridimensional.

Stratasys es la empresa que prácticamente inventó la impresión 3D: aunque el primer diseño funcional de impresión tridimensional  corresponde a Chuck Hull, fundador de 3D Systems, la otra gran compañía en esta industria, utilizando estereolitografía (SLA) en 1984, fue sin embargo, el desarrollo de la técnica denominada Fused Deposition Modeling (FDM), ideada por Stratasys, la que comenzó la fase de popularización de la impresión 3D en muchos entornos industriales. De hecho, la idea de crear objetos al depositar capas de material fundido corresponde originalmente a S. Scott Crump, fundador de Stratasys, que tuvo la idea de ponerse a fabricar una rana de juguete para su hija utilizando una pistola de pegamento y un fundente de cera mezclada con polietileno.

La fase de popularización de la impresión tridimensional, no obstante, experimentó un fuerte desarrollo en una vertiente inesperada con la aparición del proyecto RepRap (Replicating Rapid Prototyper), una iniciativa de código abierto para diseñar una impresora 3D que fuese capaz de imprimir una gran parte de sus propios componentes. RepRap ha dado origen a la mayoría de las marcas de impresoras 3D destinadas al mercado maker, entre otras a MakerBot, que es en realidad un fork del proyecto RepRap cuya orientación comercial llegó a provocar, de hecho, que uno de sus fundadores, Zack ‘Hoeken’ Smith, abandonase la compañía. Makerbot es la marca que más ha contribuido a popularizar la impresión tridimensional en ese segmento que algunos denominan “low end”, impresoras con precios sensiblemente más baratos que los del mercado industrial, al alcance de usuarios individuales, aficionados y pequeños talleres que podían adquirir un aparato por pocos miles de dólares, con un precio con una sensible evolución a la baja. Además, Makerbot es la creadora de Thingiverse, el mayor repositorio de diseños y el centro de toda la comunidad de desarrollo agrupada en torno a este creciente segmento de mercado que ha cambiado, para muchos, la orientación de lo que era en origen una herramienta industrial. Para muchos, Thingiverse es la verdadera razón para el eventual interés de Stratasys en la adquisición de Makerbot, dado que la gran mayoría de las patentes que la empresa posee provienen, en realidad, de RepRap. El buen trabajo desarrollado por la empresa a la hora de crear su marca, por otro lado, es también una buena razón: para muchos, MakerBot es casi un sinónimo de impresión tridimensional en su segmento, y hablamos del segmento que está teniendo un nivel de tracción cada vez mayor y el que decididamente está cambiando la percepción de la impresión 3D.

La posible adquisición, en principio desmentida por MakerBot, tendría bastante sentido para Stratasys: por un lado, carece de modelos en esa gama de previsible alto crecimiento, y algunos de sus clientes, a medida que la tecnología avanza y se reducen las barreras de entrada, podrían sentirse tentados a probar impresoras de otras marcas. Por otro, comparten tecnología, aunque MakerBot recurra al acrónimo FFF (Free Form Fabrication) por evitar la patente que Stratasys posee sobre la denominación FDM (la patente como tal ha expirado, pero no así la denominación comercial del procedimiento). Por otro lado, el encaje cultural de Stratasys, típica empresa del mercado industrial, con el carácter de orientación al código abierto de MakerBot es seguramente complejo, como lo puede ser administrar la marca como una línea de productos más en su cartera. Las impresoras de Stratasys, por ejemplo, requieren filamentos de material especializados y procedentes de una única fuente, mientras que las de MakerBot aceptan cualquier cosa, incluyendo fuentes típicamente low-cost.

Makerbot captó en su momento diez millones de inversión, y estaba ahora en negociaciones para levantar veinticinco millones sobre una valoración global de trescientos, además de haber anunciado un fuerte incremento de capacidad en su fábrica de Brooklyn. Las conversaciones de cara a una posible adquisición plantean el debate habitual: vender ahora, o esperar a que el tema, que cuenta con un enorme potencial de crecimiento, se desarrolle más aún. En cualquier caso, más atención en torno a este tema, sobre el que además en pocos días estaremos hablando de novedades aquí en España…



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10 junio 2013

La magnitud del escándalo del Gran Hermano norteamericano

Big Brother ObamaEl escándalo Watergate tuvo lugar en 1972 en los Estados Unidos, durante el mandato de Richard Nixon. Culminó con la imputación de cargos y condenas de cárcel para cuarenta y tres personas, muchas de las cuales pertenecían directamente al equipo del Presidente, y finalmente, con la dimisión de éste el día 8 de agosto de 1974.

El caso, un flagrante espionaje descubierto por dos periodistas del Washington Post, se queda enormemente pequeño en comparación con lo que se acaba de descubrir ahora: una enorme maquinaria gubernamental, un sistema secreto destinado a espiar a millones de norteamericanos y ciudadanos de todo el mundo a través de sistemas como la telefonía móvil y el uso de la web, los buscadores y las redes sociales. El escándalo PRISM es el ya el mayor caso conocido de espionaje, en toda la historia, a todos los niveles. A todos los efectos, Obama será recordado por la historia como “el presidente fisgón“.

Atención a los torpes intentos de justificación de este fin de semana, y al uso del lenguaje:

“In the abstract you can complain about Big Brother and how this is a potential program run amok, but when you actually look at the details, I think we’ve struck the right balance… You can’t have 100 percent security and also then have 100 percent privacy and zero inconvenience. We’re going to have to make some choices as a society… there are trade-offs involved.”

“En el fondo se puede protestar por el Gran Hermano y hasta qué punto lo ocurrido es el resultado de un programa potencialmente fuera de control, pero cuando realmente se estudian los detalles, creo que hemos conseguido el equilibrio adecuado… No se puede tener una seguridad del 100% y tener también un 100% de privacidad y cero inconvenientes. Vamos a tener que tomar algunas decisiones como sociedad… hay un balance involucrado.”

 

¿Un equilibrio adecuado? ¿Un balance? ¿De verdad pretende este maníaco hacer creer a sus ciudadanos y al mundo que esto es una especie de “signo de los tiempos”, y que la única manera de vivir razonablemente tranquilo es aceptar que todas sus conversaciones y las de medio mundo sean escuchadas por funcionarios a su cargo? ¿Puede de verdad la presidencia de los Estados Unidos trastornar tanto a alguien como para que llegue a un estado mental tan profundamente disfuncional?

Habrá que recordar a este presidente lo que otro político mucho más grande que él, Benjamin Franklin, uno de esos a los que los norteamericanos llaman “padres fundadores de la patria”, dijo en su momento:

They who can give up essential liberty to obtain a little temporary safety, deserve neither liberty nor safety.”

(“Aquellos que admiten perder libertades esenciales para obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad, ni seguridad”)



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09 junio 2013

Mi problema con la publicidad en YouTube (y en otros sitios)

Blocking YouTube adsMi problema con la publicidad en youTube es que la considero inaceptable. Me parece alucinante que Google, la misma Google que desarrolló y popularizó el bloqueador de pop-ups, me castigue en la web con el mismo formato de anuncios con el que me castigan en la televisión: publicidad de interrupción pura, que se interpone entre el contenido que quiero ver y yo, y pretende obligarme a ver un contenido que yo no he solicitado ni quiero ver.

Que sí, que son sus condiciones, y que si quiero utilizar sus servicios tengo que aceptarlas. Pero me da igual. No lo hago. Soy así (así de “inserte usted el adjetivo que desee”). No abogo por el free-riding, no animo al consumo irresponsable, ni a tratar de obtenerlo todo gratis. Pago por muchísimos productos y servicios en la web y fuera de ella, y todos los que me conocen bien saben que no soy especialmente sensible al precio. Siempre estoy dispuesto a pagar por todo aquello que considero un buen producto o servicio, valoro una buena propuesta de valor. Pero en el caso de YouTube, como me ocurre con todo el resto de la publicidad que considero intrusiva, me niego a contribuir con mi consumo al desarrollo de ese modelo.

Desde hace mucho tiempo bloqueo la publicidad en todas aquellas páginas que hacen lo que considero un uso irresponsable de la misma. Me gusta la buena publicidad, pero no estoy dispuesto a soportar que el mal uso de la misma me arruine la experiencia de uso de un producto. Si quiero ver un vídeo, quiero ver ese vídeo, no el anuncio que pretenden obligarme a ver antes del mismo. Puedo aceptar anuncios de texto o banners alrededor (si no se mueven demasiado ni molestan especialmente), pero hasta ahí llega mi tolerancia. Como además utilizo vídeos de YouTube constantemente en mis clases, hago de manera habitual dos cosas que los términos de uso de YouTube prohiben de manera expresa: me descargo los vídeos para su uso en presentaciones, y bloqueo la publicidad cuando accedo a la página para evitar castigar a mis alumnos o a la audiencia interrumpiendo el flujo de mi clase o conferencia con un anuncio que no pinta nada ahí.

Para descargarme los vídeos, utilizo Download Helper. Hay muchas herramientas más,pero a mí es la que mejor me funciona. Hace tiempo, Google decidió que Download Helper no iba a funcionar de manera correcta en Chrome, y se iba a limitar a proporcionar un mensaje avisando de que los términos de uso de la página impedían la descarga de ese vídeo. ¿Consecuencia? Ahora utilizo esa misma herramienta, pero cuando quiero descargar un vídeo, me voy a Firefox. Si una puerta se cierra, otras se abren, y si pretendes cerrarlas todas, comprobarás, como ya comprobaron antes muchos otros, que eso no se puede hacer.

Con la herramienta que utilizo para bloquear la mala publicidad, AdBlock, me ocurre lo mismo: si en algún momento deja de funcionar en Chrome, abandonaré ese navegador y me iré a otro en el que sí funcione. El caso de AdBlock es un tema delicado, porque en su configuración inicial bloquea la publicidad en todas las paginas,y a mí eso me parece un uso irresponsable: considero que la publicidad debe aparecer por defecto en todos los sitios, y que el usuario debe tomar la decisión de bloquearla solo en aquellos sitios que claramente se excedan en su uso. Si una página se esfuerza por mantener un tipo de publicidad respetuosa con sus usuarios, a pesar de la presión por molestarlos que reciben de muchos anunciantes y agencias, me parece inadecuado privar a esa página de sus fuentes de ingresos. Hace mucho tiempo que no veo publicidad en muchos diarios: si pretendes que mi experiencia de leer la prensa se convierta en algo insoportable con una sobredosis de anuncios flasheantes, desplegables, intersticiales, sonido y vídeo preactivados o pop-ups como ocurre en la inmensa mayoría de los diarios españoles, lo siento, no estoy de acuerdo, y dado que como usuario tengo herramientas para evitarlo, voy y las uso. Si no te gusta, lo siento. Si crees que eso hace inviable tu negocio, te equivocas: en realidad, lo que es inviable es pretender hacer negocio mientras maltratas a tus usuarios. El que lo hace mal eres tú, no yo. Aprende a tratar al usuario y puede que recuperes sus favores. Que muchos usuarios se instalen y configuren AdBlock no es una mala noticia, aunque pueda arruinar a muchas páginas que dependan de la publicidad para vivir. Que AdBlock prolifere es una buena noticia que indica que los usuarios nos defendemos de las agresiones, y que reclamamos una forma diferente de hacer las cosas. Solo mediante herramientas como AdBlock se puede hacer presión para que la web vaya convirtiéndose en un sitio más respetuoso con el usuario. El sistema solo, sin herramientas de presión externa, no mejora, sino que empeora.

Mi problema con la publicidad en YouTube es la publicidad en YouTube. Ni voy a aceptarla como usuario, ni mucho menos cuando uso el sitio como profesional de la enseñanza. Por eso la bloqueo. Para que la tecnología se use en las escuelas, no solo se necesita ancho de banda, sino también herramientas que impidan que se someta a los estudiantes a una publicidad cargante y de todo punto injustificable en un proceso educativo. No, no es de recibo tener que proyectar un anuncio en medio de una clase si quiero acceder a un vídeo en YouTube. Si YouTube no quiere que bloquee su publicidad, tendrá que aprender a hacer mejor publicidad, porque entrar en una guerra con sus usuarios y con los desarrolladores de herramientas de bloqueo parece una avenida muy poco recomendable. Tendrá que buscar una compatibilidad entre sus fuentes de ingresos y lo que la mayoría de sus usuarios considera aceptable. Simplemente ofrecer a los anunciantes el formato skippable que permite algo más de control al usuario y librarse del anuncio en cinco segundos, o la posibilidad de que eviten machacar incesantemente al mismo usuario con repeticiones impenitentes no es suficiente. En el futuro, YouTube pretende reforzar sus formatos reforzando el concepto de quality score, incorporando parte de lo aprendido en AdWords, permitiendo a los usuarios votar con sus clics y dando lugar a un sistema algo más equilibrado, pero mi impresión es que aún así, no será suficiente. El modelo de uso de YouTube, basado en contenidos generalmente cortos y que el usuario escoge mediante búsquedas o clics, lleva a que la experiencia de uso se convierta en insoportable ante un exceso de publicidad, que además cae fuera de todos los códigos de autorregulación que la televisión sí se impone (aunque posteriormente los incumpla de manera patente). Mientras YouTube – o cualquier otra página –  no sea respetuosa conmigo como usuario, yo no lo seré con sus fuentes de ingresos, y recurriré a las herramientas que estime oportuno para evitarlo. Es lo que hay.



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08 junio 2013

La vida en un estado policial

NSA logo reduxLos ciudadanos norteamericanos y los británicos ya saben lo que es vivir en un estado policial. En un sistema en el que están vigilados de manera permanente en prácticamente todo lo que hacen por una instancia superior, por una institución policial que se siente completamente legitimada para hacer lo que hace, que afirma no necesitar para ello el permiso de ningún juez.

La presentación obtenida por The Washington Post deja meridianamente clara la intencionalidad del programa PRISM, y evidencia una realidad de estado totalitario, el desarrollo progresivo de todo un entramado legal que permite que todos los ciudadanos sean espiados por el estado sin ningún tipo de límites ni protección. Algo que ni siquiera responde a lo que ahora hemos descubierto, a PRISM o al escándalo Verizon, sino que es, en realidad, mucho peor.

Durante años, el gobierno norteamericano, el británico y muchos otros en el mundo se han dedicado, apoyados por la tecnología y por el miedo a supuestos “jinetes del Apocalipsis” como el terrorismo internacional, los delitos contra la propiedad intelectual o la pornografía infantil, a construir estados totalitarios, a edificar un reflejo perfecto de la distopía orwelliana, a utilizar 1984 como si fuera un auténtico guión. Mientras los ciudadanos del supuesto “mundo civilizado” se horrorizaban de los panópticos construidos por regímenes totalitarios como Irán o China, los gobiernos elegidos por ellos mismos trazaban un plan de control total que les permitía vigilar completamente cada correo electrónico, cada llamada de teléfono, cada comunicación en redes sociales, cada búsqueda, en una persecución absurda que evitaba toda protección, que se saltaba todos los sistemas diseñados durante años y años de democracia, que convertía directamente en ridícula toda expectativa de privacidad. Todo lo que haces, dices o piensas, sometido a permanente escrutinio por el estado.

Ahora ya lo tenemos perfectamente claro: las afirmaciones de ciberactivistas como Rebecca MacKinnon o Julian Assange no eran exageraciones. En el primer caso escribí el epílogo de la edición española de su libro, en el segundo, escribí el prólogo. Por eso y por muchos otros artículos anteriores no se me puede considerar especialmente nuevo a este tipo de conceptos. Y aún así, la magnitud de lo evidenciado me resulta brutal, me revuelve las tripas, me hace saltar, me lleva a plantearme qué absurda razón no nos permite encarcelar de manera inmediata y durante mucho tiempo a los artífices de un sistema semejante, desmontarlo de arriba a abajo, y tratar de poner de manera inmediata todas las precauciones y barreras necesarias para evitar que pueda volver a ser construido. Volver a edificar un sistema en el que los delitos puedan ser perseguidos, pero manteniendo el correcto equilibrio entre poderes y contrapoderes, las adecuadas garantías para el ciudadano. La magnitud de lo que ahora se presenta ante los ojos de los ciudadanos hace muy difícil reaccionar, porque pone en evidencia hasta qué punto nos hemos pasado más de una década construyendo un sistema equivocado, brutalmente erróneo en su concepción. Un sistema que no puede dejar a nadie indiferente, que elimina toda posibilidad, ante su visión, de que alguien pueda de verdad considerarlo de alguna manera razonable, mínimamente lógico o en modo alguno justificado. Nada, ningún miedo ni ninguna situación, por graves que sean los peligros que encierre, puede justificar la construcción y explotación de semejante sistema.

Lo fundamental, ahora, es plantear la reacción ante lo descubierto. Hemos comprobado que vivimos en auténticos estados policiales. No pienses solo en los Estados Unidos o el Reino Unido: la gran mayoría de los estados, incluyendo el de tu país, han edificado sistemas semejantes, y si no llegan al nivel de sofisticación de este no es por no haberlo intentado, sino por no tener claro cómo hacerlo. Cuestionar la tecnología es absurdo: la tecnología nunca fue buena o mala, solo lo son los usos que se hacen de la misma. Lo perverso no son las redes sociales, los sistemas de correo electrónico o la telefonía móvil, sino aquellos que construyen un sistema para espiar a todos los que las usamos. La hipertrofia de un sistema demencial, de algo que jamás debió siquiera llegar a plantearse. De lo que hoy parece el sueño de un dictador loco, pero que desgraciadamente existe, que es real, que nos vigila a todos. Lo fundamental, ahora, es desmontarlo lo antes posible y plantear, de alguna manera, la vuelta a un equilibrio razonable: la tecnología, como forma de vigilar y fiscalizar con total transparencia el sistema por el cual nos gobernamos, no como forma de que el sistema nos vigile a nosotros. Una auténtica reconstrucción y readaptación de todo el sistema democrático.



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07 junio 2013

Periodismo de marca, mi columna de esta semana en Expansión

Periodismo de marca - Expansión (pdf, haz clic para leer con más comodidad)Mi columna de esta semana en Expansión se titula “Periodismo de marca” (pdf), un tema que empecé a tratar con mis alumnos del Master in Digital Journalism hace ya tiempo, y que sin duda está convirtiéndose en una de las tendencias más destacadas en comunicación corporativa. Mientras algunos se escandalizan y hablan de mediatización del periodismo, mi visión es bastante más pragmática: por un lado, me parece una tendencia completamente lógica, fruto de vivir en un escenario en el que lo fundamental para una comunicación eficiente es la generación de contenido relevante que sea enlazado por cuantas más fuentes, mejor. Por otro, la mediatización siempre ha estado ahí: quien no responde a los intereses de un anunciante más o menos poderoso (o incluso institucional), responde a una línea editorial determinada, y los determinantes de su éxito o fracaso son y han sido siempre el mismo: el mercado.

Un mercado dispuesto a mostrar su aprecio hacia determinados productos, y su desprecio hacia otros. Quien haga periodismo tendrá que tener como meta hacer buen periodismo, independientemente de que sea de marca o no lo sea. Haciendo periodismo de marca se puede hacer muy buen periodismo, del mismo modo que haciendo periodismo supuestamente independiente se puede dar lugar a un producto espantosamente malo: hablamos, por tanto, de variables no necesariamente correlacionadas. Muchas de las antiguas “revistas sectoriales” o “prensa canal”, que no solían estar especialmente caraterizadas por su independencia con respecto a los anunciantes, se verán sustituidas por cabeceras directamente vinculadas a una marca determinada que entienda bien su papel y que sea capaz de apalancar su conocimiento, o incluso su “pasión por lo que hace”, como parte de una estrategia comunicativa.

Por el momento, lo que parece claro es que veremos más marcas contratando periodistas para generar más contenido en más páginas corporativas que se parecerán más a medios de comunicación. Una evolución del blogging corporativo que llevo años recomendando a muchas compañías, pero convertida, gracias a la caída de las barreras de entrada a la publicación, en medio de comunicación. Sin duda, muchos de esos intentos estarán tan contaminados por la visión egocéntrica y grandilocuente de las marcas y de algunos ejecutivos de comunicación, que serán sencillamente una basura sin ningún tipo de interés. Otros, en cambio, puede que lo hagan bien, que informen con criterio e interés, que sean capaces de generar influencia y de condicionar la agenda de su industria, o hasta que compitan con una clara ventaja vía especialización con los medios tradicionales a la hora de cubrir determinados tipos de información.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Periodismo de marca

Cada vez más páginas web de más compañías empiezan a parecerse a una publicación, a un medio. Publican noticias, entrevistas, y tienen detrás una auténtica redacción, con periodistas empleados en ella. Algunas de ellas, de hecho, están comenzando a convertirse en referencia en su área de actividad.

El movimiento tiene mucha lógica: en un mundo en el que las estrategias de comunicación dependen de parámetros como la actividad en la red, los enlaces entrantes o el desarrollo de comunidad, la página web en modo "folleto electrónico" se ha convertido en un atavismo. Convertir a una empresa en referencia en su industria tiene relación no solo con tener buenos productos o servicios, sino también con producir información de una manera transparente, clara, capaz de generar interés, de no ser una sucesión de vacías notas de prensa. De inventarse su propio medio de comunicación.

Hace años, cuando un periodista pasaba de un medio a una empresa, se decía socarronamente que se había "pasado al lado oscuro", y se dedicaba a intentar influir en sus ex-compañeros para que le publicasen referencias y noticias. Ahora, un periodista puede desarrollar toda una carrera profesional en una empresa y, además – y aquí viene lo interesante – hacer buen periodismo. Porque si no lo hace, si sigue interpretando la comunicación como se hacía el siglo pasado y solo publica basura intrascendente y peloteo reiterativo, su página no tendrá el más mínimo interés y la estrategia de comunicación de la compañía fracasará.

El periodismo de marca puede tener muchos fallos, puede carecer de objetividad y puede ser parcial. La prueba de su calidad la dará el mercado: si lo hacen mal, serán páginas inútiles que no leerá nadie. Si lo hacen bien, en cambio, pueden llegar a convertirse en referencia para la industria, para el público o para los medios de comunicación. Es una nueva forma de entender la comunicación empresarial. Pronto, en sus pantallas.



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