25 septiembre 2013

Link rot: la insoportable levedad de la web

IMAGE: lucadp - 123RFUna referencia de Lawrence Lessig me lleva a profundizar un poco en el concepto de link rot, link desth o link breaking: el fenómeno que ocurre cuando aparecen vínculos en la web que apuntan a recursos que ya no están disponibles.

Un problema cuya importancia tiende a ser subestimada: el Error 404 es parte habitual en la vida de cualquier usuario de la red y casi forma parte de una rutina de resignación, pero cuando esos errores afectan cada semana a uno de cada doscientos enlaces, cuando la mitad de los enlaces utilizados en literatura académica no están disponibles diez años después de su publicación, o cuando la mitad de las referencias de jurisprudencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos no funcionan, nos damos cuenta de que, en realidad, estamos prácticamente construyendo toda una fase del desarrollo cultural de la humanidad sobre unas bases inadecuadas.

El problema no tiene una solución sencilla: con la popularización de herramientas que dan lugar a un descenso brutal en las barreras de entrada a la publicación, llegamos a un escenario en el que muchos recursos en la red son creados con una mentalidad puramente coyuntural o simplemente no son sujetos a un mínimo trabajo de mantenimiento. En el caso de publicaciones periódicas, la visión unidireccional es relativamente habitual: modificar la estructura de un recurso para situarlo en un archivo, tras una barrera de pago, o simplemente hacerlo desaparecer para reducir costes de almacenaje y mantenimiento es una práctica desgraciadamente habitual, que no tiene en cuenta el hecho de que la naturaleza de la web lleva a que ese recurso pueda tener importancia no solo por la información contenida en sí mismo, sino también en virtud de las referencias que apuntan a él.

Una serie de iniciativas intentan trabajar para minimizar la criticidad del link rot: además del conocido Internet Archive, que ofrece una especie de limitado “viaje en el tiempo” para poder acceder a capturas de páginas en función de periódicos almacenes en su archivo, surgen otros recursos, como DeadURL.com, que añadidos al inicio de una dirección muerta, intentan acceder a salvaguardas funcionales de la misma en diversos archivos. O herramientas como Evernote, Peeep.us o Instapaper, que generan una copia del recurso en una URL independiente que permanece activa incluso si el recurso original deja de estar disponible. Desde el ámbito académico surge WebCite, un recurso libre de coste sufragado por editores (que ha anunciado que no admitirá más recursos a partir del final de 2013 si no es capaz de alcanzar sus objetivos de financiación), o Perma.cc, gestionado por una serie de bibliotecas universitarias bajo la iniciativa de la Harvard Library Innovation Lab.

Por el lado de los creadores de páginas, es preciso generar una cierta conciencia con respecto al problema: tratar de vincular a recursos con una cierta vocación de permanencia, utilizar repositorios de uso personal con backups de los recursos vinculados mediante herramientas como las citadas, o revisar con cierta regularidad lo publicado con herramientas de detección de enlaces rotos. Una herramienta en desarrollo de IBM, Peridot, permite automatizar la detección de esos enlaces rotos y propone su actualización a partir de una serie de características únicas del documento vinculado. En mi caso, hace ya mucho tiempo que añado la versión en pdf de los artículos que me publican en muchas fuentes, tras haber comprobado que, a lo largo de casi once años de mantener mi blog, una parte significativa de los enlaces, sobre todo los más antiguos, ya no está disponible.

La insoportable levedad de la web puede ser, en muchos de sus determinantes más profundos, una parte de sus características. Pero para algunos casos, desde jurídicos hasta académico-científicos, pasando por editoriales, es un problema que requiere un replanteamiento de muchos factores que habrá que ir anticipando y teniendo en consideración. Pasar de lo más obvio – constatar que hay muchos enlaces rotos – al desarrollo de sistemas y protocolos que permitan al menos atenuar su importancia es parte de una fase de consolidación de la web por la que necesariamente hay que pasar.








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24 septiembre 2013

Hablando sobre la salida a bolsa de Twitter, en Finanzas.com

¿Cambiará Wall Street la cara al Twitter que conocemos? - Finanzas.comJosé Jiménez, de Finanzas.com, me llamó para hablar de la próxima salida a bolsa de Twitter, y de hasta qué punto cambiará dicha salida a la compañía. Lo publicó está mañana bajo el título “¿Cambiará Wall Street la cara al Twitter que conocemos?“.

Si se trata de responder a la pregunta del titular, tengo pocas dudas sobre el hecho de que una salida a bolsa tiende a cambiar a las compañías, como las tengo sobre el que dichos cambios en raras ocasiones suelen ser vistos de manera positiva por sus usuarios. La perspectiva que otorga haber visto evolucionar compañías como Yahoo!, Google, Facebook y algunas otras tras su salida a bolsa permite entender que los importantes recursos económicos que la oferta pública de acciones proporciona traen siempre como contrapartida una gestión diferente, con una tendencia más reservada y conservadora en la gestión, y con una mayor presión de los resultados a corto plazo.

En el caso de Twitter, parece claro que una mayor presión por el resultado podría llevar a un incremento de la presión publicitaria en el contexto de una red que tradicionalmente ha sido muy respetuosa con el usuario, lo que podría llevar a quejas sobre el número de anuncios recibidos. Sin embargo, llegar a una situación en la que resulte incómodo utilizar Twitter debido a la cantidad de anuncios que aparecen parece poco probable, por lo que supondría de posible alienación de un usuario que tiende a un nivel de contacto con la aplicación bastante frecuente. Por otro lado, existen otras fuentes posibles de ingresos, derivadas de la analítica y la digestión de resultados para terceras partes: en su momento fueron motores de búsqueda como Bing o Google, pero existen otros posibles clientes interesados en entender de qué temas y con qué intensidad se está hablando en cada momento. O, como especulo en la entrevista, con la posibilidad de hacer recomendaciones basadas en el comportamiento del usuario, desde cuentas a seguir, hasta temas que se están comentando en tu entorno, o por qué no, compras.

Es difícil saber si la salida a bolsa de Twitter será un éxito o un fracaso: una cosa es el valor de la compañía y su potencial, y otra muy diferente la estrategia que decida adoptar a la hora de ponerle un precio de salida a sus acciones. Pero, con cambios o sin ellos, hablamos de un caso que será muy interesante seguir.








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Entrevista en Trébol, la revista corporativa de Mapfre

Las empresas con más futuro serán las que tengan mayor capacidad de gestión de la información de sus clientes, sin ser invasivas - TrébolUna entrevista que me hizo Miguel Benito para Trébol, la revista corporativa de Mapfre, y que titularon con el destacado “Las empresas con más futuro serán las que tengan mayor capacidad de gestión de la información de sus clientes, sin ser invasiva“ (también disponible en pdf)”. Hablamos sobre el papel de la tecnología y la innovación en el futuro, la movilidad, el periodismo, las redes sociales y el desarrollo de la sociedad y del sector asegurador en general.

 

(This interview is also available in English)








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23 septiembre 2013

Diez razones por las que la reforma del código penal referente a la propiedad intelectual es absurda

Código penalEl pasado viernes, el consejo de ministros aprobó una serie de reformas propuestas para el código penal, que pasarán seguidamente a tramitación parlamentaria. Entre ellas aparecen una serie de medidas destinadas a endurecer las penas para administradores de las llamadas “páginas de enlaces” con hasta seis años de cárcel.

Escribir sobre este tema es muy cansado. Es desesperante ver hasta qué punto, a pesar de la creciente acumulación de evidencia empírica y científica, se puede seguir insistiendo en el error. Lo único que prueba esta reforma es que quienes legislan sobre la red en España carecen completamente de criterio sobre ello. Vaya por delante que siempre he considerado que aquel que genera beneficios económicos a partir de la propiedad intelectual de un tercero debe repercutir una parte de dichos ingresos a ese tercero: las páginas de enlaces no son aquí una figura a salvar a cualquier precio, ni mucho menos. Pero perseguir esas páginas con penas cada vez más duras y criminalizar potencialmente muchas otras actividades en la red a expensas de posibles interpretaciones no es en ningún caso la solución: es más, esconde el verdadero problema. La problemática es mucho más compleja, y sobre todo, está terriblemente mal planteada desde muchos puntos de vista.

A continuación, intentaré exponer diez de las razones por las cuales pienso que esa reforma es completamente absurda:

 

  1. Es desmesurada. Los delitos socioeconómicos, salvo en casos muy específicos, deben conllevar penas económicas, no de cárcel. Es, sencillamente, ridículo. La desproporción no es la solución.
  2. Está demostrado por las experiencias en otros países que el endurecimiento de las penas no es un factor que contribuya a reducir la incidencia de las descargas.
  3. No soluciona el problema, simplemente lo traslada a otro sitio: las páginas de enlaces relevantes ya han empezado a relocalizarse fuera de nuestro país, y continuarán haciéndolo.
  4. El nivel de uso de páginas de enlaces desde España se mantendrá o incluso crecerá, como ha ocurrido en todos los países en los que se han planteado bloqueos.
  5. Las descargas irregulares son un problema de mercado y de demanda insatisfecha. Endurecer las penas no soluciona el problema, sino todo lo contrario: únicamente sirve para que la industria siga enrocándose en su error. En los únicos países en los que las descargas disminuyen, no lo hacen debido al endurecimiento de las penas, sino al desarrollo de alternativas de mercado. Si la tecnología ha provocado que la distribución y el acceso a las obras sea más fácil que nunca, una industria basada en la escasez y el monopolio no puede funcionar, por mucho que se cambie el código penal. No mata el “todo gratis“, mata la estupidez.
  6. El cambio demuestra que España carece de criterio propio, y actúa al dictado de los Estados Unidos.
  7. La modificación genera medidas de excepción para perseguir a los infractores que supuestamente perjudican a una industria determinada. ¿Por qué debe el código penal proteger más celosamente a unas industrias que a otras? ¿Cómo se asignan esas prioridades?
  8.  El criterio del “lucro indirecto” es jurídicamente insostenible: si no fuese algo tan serio, considerar que alguien “se enriquece” porque “a través de los enlaces que ofrece se lleva a que no se compre el producto original” parecería directamente una broma de mal gusto.
  9. Las páginas de enlaces son un falso culpable, que representa únicamente la obsesión de una industria y unos políticos ignorantes, incapaces de entender la red. Existen infinitos métodos para intercambiar obras protegidas por derechos de autor, a cada cual más sencillo y eficiente. Aunque pudiesen eliminar las paginas de enlaces, que ya de por sí resulta imposible, el problema continuaría.
  10. La industrias musical, editorial y cinematográfica mienten en la determinación de los supuestos daños provocados por las descargas.

 

No son los únicos diez puntos, seguro. La reforma es absurda, no ataca realmente el problema, no defiende a quien debe defender, y no hace más que intentar perpetuar un sistema completamente insostenible, ignorando las abundantes evidencias que se empeñan en demostrarlo. Lo que estamos viendo es simplemente a un gobierno incapaz de plantear alternativas a la presión de la industria norteamericana, y que intenta sacarse de las manos una patata caliente, simplemente comprar tiempo hasta que esa misma industria vuelva a venir con nuevas amenazas. Lo que hay que hacer no es endurecer las penas por vulnerar la propiedad intelectual, sino modificar su concepción para adaptarla a la era digital. Mientras no se tenga esto en consideración, seguiremos prolongando indefinidamente el problema.








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22 septiembre 2013

Sobre la práctica de escribir en la red

Written in stoneCon el creciente auge de la web social y la creación de contenidos, van tomando protagonismo una serie de prácticas a las que el hecho de escribir en red empieza a dar carta de naturalidad, en contraposición con las limitaciones de los soportes físicos tradicionales. Cada día más, me encuentro haciendo ediciones, añadidos o cambios a mis textos de una manera que obviamente sería imposible cuando estos estaban escritos en papel, pero que, por otro lado, me parece completamente lógica y justificada.

La idea de un paso de consolidación en una obra escrita, un “momento de la verdad” en el que lo escrito queda de alguna manera fijado permanentemente, pertenece a un momento histórico en el que el proceso de edición generaba un soporte inamovible, una serie de copias que resultaba operativamente complejo enmendar. Una vez impreso un periódico o una revista, los errores de cualquier tipo salían con las copias, y solo podían ser corregidos a posteriori mediante una fe de erratas – o, en caso verdaderamente excepcionales, retirando la edición. Una vez impreso, impreso estaba, y así se quedaba.

En la web, las circunstancias son obviamente diferentes. Nada impide al autor de un texto volver a abrir su herramienta de edición y cambiar partes del mismo, incorporar correcciones, enlaces o matices. El proceso de evolución desde el código de conducta del medio impreso nos ha llevado, sin embargo, a ser relativamente conservadores con este tipo de prácticas: muchos medios en la web optan por no hacer correcciones una vez publicado algo, o bien por hacerlas utilizando el formato strikethrough para mantener la versión originalmente publicada y evidenciar los cambios introducidos. Si bien en algunos casos puede entenderse el interés por preservar la versión original, particularmente cuando su publicación dio lugar a reacciones que podrían quedar posteriormente descontextualizadas al enmendar aquello que les dio origen, mi impresión es que ese código proviene de una limitación tecnológica vinculada al soporte que, simplemente, ha desaparecido.

Lógicamente, no hablamos de cambiar completamente el sentido de lo escrito, o de alterar la posición sostenida como base por el autor. Mi interés cuando escribo sobre un tema es plasmar lo que tengo en la cabeza sobre él, junto con la serie de vínculos que lo apoyan o que permiten ampliar la información sobre lo escrito. En mi proceso creativo, no existe realmente un “momento de la verdad”, sino algún tipo de mecanismo que dispara el momento de sentarse frente a la herramienta de edición. A partir de ese momento, la creación transcurre “en la intimidad”, yo mismo con mi pantalla, una ventana con fuentes en la que selecciono enlaces y hago búsquedas, y el recuadro en el que compongo el texto. Terminado el proceso creativo, en un final que habitualmente tiene lugar no porque no tenga más que decir, sino por puro cansancio, aprieto el botón de “Publicar” y el texto pasa a tener una “vida pública”: aparece en los lectores RSS de las personas suscritas a la página, y comienza a recibir visitas desde las redes sociales en las que lo suelo publicar.

Resulta bastante habitual que, una vez publicado, y bien por algún comentario o por una simple relectura, me encuentre con que el proceso de creación me ha llevado a olvidarme de alguno de los argumentos en los que quería haber incidido. No hablamos ya de simples errores tipográficos o de redacción: esos los corrijo en cuanto los veo o me los señalan, sin más crédito que, en ocasiones, contestar al mensaje con un agradecimiento. Pero cuando se trata de un argumento que pensé, pero que finalmente me olvidé de reflejar, típicamente, añado un párrafo tras la publicación. Es algo que empecé a hacer con entradas cuya temática estaba transcurriendo, con el llamado live-blogging: publicas una primera referencia, pero continúas enriqueciéndola a medida que llegan más datos o el evento comentado sigue su curso. Su traslado a una entrada normal me resulta muy natural, de manera que cada día me resulta más normal publicar algo y que la versión “final” no se consolide realmente hasta haber transcurrido, en ocasiones, varias horas desde su publicación original. Sin embargo, las reacciones a esto suelen ser escasas: la gran mayoría de las personas simplemente no comparan versiones, leen como es lógico una sola vez, y no se aperciben de este tipo de ediciones posteriores a la publicación.

Otra práctica que me resulta cada vez más habitual es el añadido de enlaces: información que encuentro tras haber publicado la mía, en ocasiones incluso análisis o ideas que se publican posteriormente, pero que me parece que aportan interés. Es muy habitual en eventos o noticias que acaban de suceder: dado que mi revisión de la actualidad del tema no se detiene tras mi publicación, seguir encontrando otras fuentes que apoyen lo escrito resulta bastante frecuente. Desde el punto de vista de la publicación tradicional, esto da lugar a una paradoja temporal: un escrito anterior vincula con otro que fue escrito posteriormente. De nuevo, una limitación que estimo que la web no tiene por qué tener. Mi criterio es puramente utilitarista: si creo que el nuevo enlace enriquece las conclusiones de alguna manera, lo incorporo. En el caso de Medium, existe además una herramienta, el “Suggest a link for further reading”, que en algunas ocasiones utilizo para este tipo de función.

La información en la web tiene varias vidas: tras la explosión de tráfico inicial que tiene lugar en el momento de la publicación y horas subsiguientes, lo publicado pasa a los motores de búsqueda, y disfruta de una segunda existencia en la que surge cuando alguien hace una búsqueda determinada. Abandonar completamente lo publicado tras el momento de la publicación como quien envía los ejemplares de un periódico a los quioscos tiene, por ello, cada vez menos sentido. En algunas ocasiones, incluso, la edición ocurre meses o años después, cuando surge alguna noticia que me lleva a pensar que puede tener sentido actualizar algo escrito hace tiempo con lo sucedido posteriormente. En esos casos, hago una actualización en forma de nota al pie, que creo que puede aportar datos a aquel que revisita lo escrito pasado el tiempo.

Obviamente, la edición a posteriori no puede hacerse con todo lo escrito: ni tendría sentido, ni sería físicamente posible responder a una especie de “paternidad responsable” que continúa eternamente dando forma al texto tras su publicación. Los textos son reflejo de un contexto, y no tiene sentido alterar completamente el sentido de lo que decían en función de los cambios de dicho contexto. Pero en determinadas ocasiones, estimo que sí resulta razonable, y que de hecho, constituye una de las pruebas de la superioridad del medio electrónico frente al medio papel: no hacer uso de esa función representaría una herencia de limitaciones tecnológicas de otra época, un conservadurismo que, al menos para mí, resulta absurdo. Sinceramente, no sé hasta qué punto estamos reescribiendo algún tipo de dogma o acto de fe del periodismo, pero dudo mucho que, en mi libro de estilo particular, sea algo que esté dispuesto a dejar de hacer en el futuro.








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