Concha Lago, de Deia, me llamó para hablar de temas como la supuesta crisis y la “quiebra del sistema” enarbolada por Telefonica, el fin de las tarifas planas y las posibles consecuencias para la neutralidad de la red, y ayer recogió algunos de mis comentarios en su artículo titulado “La barra libre en Internet se acaba“.
(Enlace a la entrada original - Licencia)07 septiembre 2010
06 septiembre 2010
FaceTime: redefiniendo la videollamada
Uno de los temas estrella presentados por Steve Jobs en el WWDC 2010 fue indudablemente FaceTime, una aplicación de videollamada construida mayoritariamente sobre estándares abiertos y que Apple ha prometido liberar en su totalidad para permitir desarrollos de otras compañías sobre su base. En su versión actual, FaceTime funciona únicamente sobre redes WiFi salvo que se lleve a cabo un jailbreak del terminal, y está asociado únicamente al uso de como terminales del iPhone 4 y del iPod Touch de 4ª generación.
Por el momento, la mayor parte de las opiniones acerca de FaceTime han tenido un componente de uso casual, basado en unas pocas experiencias: llamo a una persona, selecciono durante la llamada la opción de FaceTime, y puedo hablar con mi interlocutor mientras nos vemos las caras, consumiendo en torno a tres megabytes por minuto de conversación.
Hasta el momento, este tipo de aplicaciones han fallado de forma mayoritaria: el incentivo de ver la cara de nuestro interlocutor, contrariamente a lo que el sentido común y la incorporación de códigos gestuales y lenguaje no verbal indica, no es una adición que demande una atención excesiva. Eso, unido a la dificultad de uso no de la aplicación de sí, sino de temas como la postura (hay que sujetar el teléfono con el brazo extendido para evitar que se vea un primerísimo plano distorsionado de nuestra cara, lo que dificulta el uso en lugares públicos), la indumentaria o el entorno, ha llevado a un nivel de uso típicamente muy bajo (aunque se hable de una industria en concreto, la pornografía, que ha cifrado muchas de sus esperanzas en FaceTime). Sin embargo, un interesante artículo en Wired, “Steven Levy on FaceTime and sharing the view“, apunta un tema muy interesante: el uso de la segunda cámara del dispositivo para compartir con el interlocutor no nuestra cara, sino algo que puede, para muchas cuestiones, ser más interesante: nuestro punto de vista. Así, sujetar el teléfono próximo a nuestra cara y apuntar con la cámara a lo que queremos mostrar a nuestro interlocutor podría demandar un uso bastante más creciente y versátil que aquel para el que la videoconferencia fue originalmente diseñada. Videocasting en vivo, comentarios sobre temas de interés común que están sucediendo delante de la cámara, y toda una creciente gama de posibilidades que irán siendo apuntadas a medida que el tema se popularice.
¿Y tú? ¿Te ves utilizando videollamadas de este tipo con una mínima regularidad? ¿Justificará FaceTime el entusiasmo con el que fue presentado?
(Enlace a la entrada original - Licencia)05 septiembre 2010
Un año más, la guía telefónica
Un año más, aquí está: la guía telefónica en la puerta de casa. Hace ya más de tres años que tengo esta casa: ni una sola vez hemos llegado a consultar la guía telefónica, ni siquiera a extraerla de su envoltorio plástico, y no recuerdo haberlo hecho tampoco en ningún otro sitio: la guía telefónica es un anacronismo total, una imagen del pasado, una operación editorial de enorme magnitud, un gasto descomunal en papel, y un desarrollo logístico de coste inimaginable para servir a un propósito que en un porcentaje cada vez más elevado de hogares carece completamente de justificación.
Las funciones de la guía impresa se han desplazado completamente a la red: cuando necesito un producto o servicio, me voy a la red y lo busco. La red me ofrece todo tipo de información, infinitamente más rica, más fácil de consultar, de manejo más agradable, e incluyendo en muchas ocasiones información no solo sobre lo que la empresa dice de sí misma, sino también lo que dicen de ella terceros que han utilizado sus productos o servicios.
En mi caso, la guía de teléfonos hace años que perdió su cuota de espacio mental: por alguna razón la mantengo en el armario de la entrada, ahí, sin siquiera desenvolverla, pero ni se me ocurre pensar en ella cuando necesito información. En mi caso, pocas cosas se me ocurren más patentemente ineficientes.
Por supuesto, hay usuarios que permanecen completamente al margen de la red: pero ¿echarían mucho de menos la guía telefónica si dejásemos de repartírsela? ¿No podrían repartirse únicamente a aquellos que la solicitasen? No quiero ni imaginarme las magnitudes implicadas en el despliegue: el número de ejemplares de guías telefónicas que se reparten todos los años en España, el gasto en operarios y furgonetas, o el peso de las guías repartidas en toneladas de papel. El sistema se miente a sí mismo: reparte guías a millones de usuarios que no las usan, para poder justificar el importe que cobra a unos anunciantes que pagan por esa falsa cuota de presencia, por ese listado con una eficiencia imposible de medir. Me parece muy difícil que algo así, repartir a domicilio toneladas de papel con un nivel de uso ínfimo, se pueda justificar económicamente. Y sin embargo, estoy seguro de que seguiré encontrándome la guía telefónica en la puerta de mi casa todavía unos cuántos años más.
(Enlace a la entrada original - Licencia)04 septiembre 2010
La desvirtualización de lo virtual
Resulta bastante curioso por lo que tiene de especie de “paso evolutivo inverso”: en el año 2010, sexto año desde la creación de Facebook, esta red social es utilizada por más de quinientos millones de personas en todo el mundo para desarrollar en un entorno virtual infinidad de acciones, como saludar a alguien o comentar algo, que antes tenían lugar en el mundo físico.
Ahora, algunas de esas acciones ya convertidas en habituales dentro del mundo virtual, como hacer un “Me gusta” o usar una moneda interna, resulta que empiezan a desvirtualizarse, a tener su reflejo en el mundo físico: en breve, podrás acudir a un establecimiento físico para adquirir Facebook Credits, la moneda virtual que permite el intercambio de bienes y servicios dentro de la red social, en una especie de cupones de regalo que algunos ven como las primeras actividades incipientes de lo que podría acabar siendo el Facebook Bank. Por otro lado, Gabriel Medina me cuenta como su empresa ha creado carteles con códigos de barras bidimensionales que cualquiera provisto de un smartphone puede capturar para hacer un “Me gusta” de cualquier objeto real (en la foto, el naranjo que tienen en la puerta de la sede de la compañía), una forma de traer al mundo real una acción ideada originalmente en el mundo de lo virtual, dando lugar a una especie de “Internet de las cosas” que ha sido recogida ya por medios como el San Francisco Chronicle.
El movimiento se inscribe en en la creciente tendencia de interconexión permanente entre Internet y el mundo físico, con temas como Facebook Places, el uso de Facebook como punto de venta o el desarrollo de cartelería física para cosas como los checkins de Foursquare, cosas de las que ya hablamos en su momento. Temas relativamente anecdóticos por el momento, pero que esconden un potencial y unas tendencias interesante a futuro, y que hablan de la creciente integración y desaparición de las fronteras entre lo virtual y lo físico, entre los bits y los átomos, entre los dos lados de la pantalla. ¿Posibilidades? Las que se nos pasen por la imaginación.
(Enlace a la entrada original - Licencia)03 septiembre 2010
Telecomunicaciones y mentiras, en Expansión
Vuelve la columna de Expansión tras el parón vacacional. La de esta semana se titula “Telecomunicaciones y mentiras“, e intenta exponer la incoherencia que supone hablar de “quiebra del sistema” cuando tu negocio devenga importantes beneficios y lo que has hecho durante los últimos años es no invertir en infraestructuras, incumpliendo la norma fundamental de una industria en la que los clientes son cada vez más y demandan cada vez más ancho de banda.
El sistema, como prueban mercados más evolucionados que el español, es perfectamente sostenible cuando se alimenta convenientemente con la inversión necesaria: basta ver los niveles de uso y las tarifas que existen en países como Japón, Corea del Sur y otros, para entender que las empresas españolas de telecomunicaciones están en realidad hablando de una supuesta crisis que ellas mismas han causado por su falta de inversión en infraestructuras.
Lo que no puede hacerse es provocar conscientemente una situación de retraso tecnológico en un país durante varios años en los que has cosechado importantes beneficios, mantener una situación de precios elevados y servicios deficientes, y posteriormente, tras haber descuidado las obligaciones básicas de inversión en las bases de tu negocio, venir a decir que el sistema va a entrar en quiebra y que es preciso elevar tarifas, eliminar tarifas planas o amenazar la neutralidad de la red.
(Enlace a la entrada original - Licencia)02 septiembre 2010
En El País, hablando de dinero electrónico
Luis Meyer, de El País, me llamó para hablar de dinero virtual frente a dinero en metálico, al hilo de las tendencias de repliegue del segundo frente al primero en países como Islandia, Finlandia o Japón, y de las implicaciones de cara a seguridad, trazabilidad, privacidad, etc. Hoy publica este artículo, “El dinero, de plástico, por favor” (ver en pdf), en el que me cita.
(Enlace a la entrada original - Licencia)01 septiembre 2010
Si quieres promocionar la cultura, liberaliza el mercado?
Completamente pasmado me he quedado al ver en Nación Red estas declaraciones de María Teresa Marín, del Partido Popular de Murcia, que afirma que el gobierno no hace nada por divulgar la cultura en formato digital, y que hay que crear plataformas públicas donde se facilite la difusión y venta de productos culturales.
Puedo estar de acuerdo con la premisa inicial: el gobierno, lejos de promocionar la cultura española, es a día de hoy el principal obstáculo para su difusión. Ha conseguido el muy dudoso mérito de enemistar a una parte significativa de la ciudadanía con una serie de “creadores oficiales” entre los que reparte generosamente subvenciones y dádivas, que falsean con todo descaro las métricas de exhibición y difusión para justificar el acceso a dichas subvenciones, y que se reparten el dinero de un canon injusto e ilegal de manera completamente arbitraria mientras insultan a los que se suponen que deberían consumir sus productos. La connivencia entre los “creadores oficiales” y la ministra más impopular del gobierno provoca sentimientos de abierto rechazo, que se incrementa cada vez que dicha ministra hace alguna declaración a los medios.
Pero de ahí a que haya que solucionar este problema mediante la intervención estatal, va un importante salto. Como bien se ha demostrado en innumerables ocasiones, la cultura no se defiende con subvenciones, dádivas ni dinero público. La cultura no se defiende con “portales oficiales”, sino todo lo contrario: proporcionándole un mercado abierto, con multiplicidad de opciones. En España, la creación cultural está sujeta en su difusión a un monopolio que estrangula completamente sus posibilidades: si quieres acceder al mercado, tienes que pasar por la sociedad de gestión de turno, solo una, que opera en monopolio, y cuyas condiciones tienes que aceptar sí o sí. Unas sociedades de gestión incapaces de entender los nuevos medios, que luchan abiertamente contra el progreso, y que han logrado convertirse en algunos casos en la entidad más odiada de nuestro país, la que concentra odios más acérrimos y unánimes, al borde de la alarma social.
Si quieres promocionar la cultura, da opción a la iniciativa privada y liberaliza el mercado cultural. Permite que cada creador pueda optar por el modelo de difusión que desee, sin monopolios, privilegios ni prebendas. Posibilita que el creador pueda optar por diferentes modelos de gestión que se adapten a sus intereses, que pueda explotar con libertad los nuevos mercados digitales, y que pueda salir al mercado exterior sin encontrarse con aduanas y peajes que hace muchos años que no deberían existir. Permite que el mercado se desarrolle, y que esas nuevas plataformas de comercialización surjan en un entorno que no penalice sus ingresos con importes desmesurados que nadie puede negociar ni discutir porque solo existe un monopolio impenetrable al otro lado. Para promocionar la cultura, no hay que implicar más a papá Estado, sino todo lo contrario: hay que liberalizar el entorno y permitir que se cree un mercado donde no lo hay. Hay que hacer caso al informe de la Comisión nacional de la Competencia, que sabe mucho de esto, y que ni siquiera se encontró con una palabra de defensa por parte del gobierno cuando desde las entidades de gestión se dedicaron a ridiculizar las conclusiones de su informe y a pedir nada menos que la reprobación de su presidente. Informe que, como cabía esperar, no ha sido tenido en cuenta para nada. Si quieres promocionar la cultura, no permitas que una serie de parásitos en las entidades de gestión entren y salgan del ministerio como Pedro por su casa y hagan y deshagan las leyes a su antojo.
Completamente de acuerdo con que no hay que culpabilizar a los usuarios, hay que evitar todo tipo de censura y hay que respetar los derechos intelectuales y económicos de los autores. Pero proponer más intervencionismo público para supuestamente promocionar la cultura es simplemente alucinante. Y viniendo del partido del que viene, todavía más.
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