12 enero 2011

La cena del miedo: una descripción magistral

“Durante toda la reunión, no pude sacarme de la cabeza las imágenes de la película ‘El hundimiento‘: encerrados en un búnker, sin ver ni querer ver el afuera, delirando planes inaplicables para ganar la guerra, atados unos a otros por fidelidades torpes, muertos de miedo porque el fin se acerca, viendo enemigos y traidores por todos lados, sin atreverse a cuestionar las ideas que les arrastran al abismo, temerosos de los bárbaros que están a punto de llegar… ”

Amador Fernández-Savater, “La cena del miedo (mi reunión con la ministra González Sinde)” - 11 de enero de 2011

De verdad, vale la pena leerlo.

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11 enero 2011

La experiencia de las tiendas de aplicaciones

La importancia de las tiendas de aplicaciones en el desarrollo de las diferentes plataformas móviles se ha vuelto absolutamente fundamental: a partir del desarrollo y formidable éxito de Apple con su App Store en junio de 2008, el resto de plataformas se han afanado por construir tiendas similares lo más rápido posible, por conseguir una oferta competitiva de aplicaciones que haga sentir a los usuarios que aquello que necesitan está al alcance de su mano.

Varios factores aparecen como importantes en la percepción de propuesta de valor de una tienda de aplicaciones: en primer lugar, por supuesto, el surtido: nadie quiere una tienda de aplicaciones vacía, o una en la que las aplicaciones más populares y comentadas tardan mucho en aparecer – o directamente, ni aparecen. Para ello, es evidente que el factor verdaderamente relevante no es tanto la propuesta de valor de cara al usuario, sino la que se ofrece al desarrollador: resulta fundamental ofrecer a éstos un ecosistema preparado para generar rentabilidad, bien por vía directa mediante la venta de aplicaciones, o por vía indirecta mediante la publicidad. La supervisión de la plataforma y la popularidad de mecanismos alternativos que permitan obtener aplicaciones por vías irregulares también tienen, obviamente, su importancia. El desarrollador quiere invertir tiempo y recursos en poner su aplicación en una tienda que sea suficientemente popular, con requisitos no excesivamente incómodos, y con resultados.

En este sentido, Apple, a pesar de su muchas veces comentado proceso de aprobación de aplicaciones – lento, incómodo y en ocasiones arbitrario – parece disfrutar de un importante efecto pionero, que le lleva a ofrecer, según datos de octubre del pasado año, más de trescientas mil aplicaciones. En segundo lugar, el Android Market, con un crecimiento importantísimo en número de usuarios y dispositivos derivado de la estrategia multifabricante, afirmaba el pasado noviembre tener doscientas diez mil. En comparación, la BlackBerry App World palidece con alrededor de quince mil aplicaciones en la misma fecha.

Pero además, influyen otras cosas: de cara al usuario, la proporción entre aplicaciones gratuitas o que ofrecen esquemas freemium (prueba o versión limitada gratuita, versión completa de pago) resulta un atractivo fundamental. ¿Cuál es este porcentaje de apps gratuitas, según datos de febrero del pasado año? Un 25%  en el caso de Apple, un 24% en el de BlackBerry… y ni más ni menos que un 57% en el caso del Android Market. Un impresionante factor diferencial: mientras un usuario de iPhone, Ipod Touch o iPad puede encontrar, dado el enorme número de aplicaciones disponibles, una apabullante cantidad de programas que instalarse para curiosear con una percepción de riesgo prácticamente nula, uno de BlackBerry se encuentra con muy pocas… y uno de Android, tiene directamente la biblioteca de Alejandría a su entera disposición. Un factor sin duda interesante, porque incide en el balance entre propuesta de valor para ambos lados de la ecuación, desarrollador y usuario, y que por el momento está resultando claramente favorable a Android: despacito, sin haber sido pionera en el concepto ni haber hecho mucho ruido, se va consolidando como la mejor propuesta de cara a usuario, y con una considerable tracción de cara al desarrollador. Veremos cómo evoluciona, pero sin duda hablamos de uno de los factores fundamentales en la carrera por el dominio de la movilidad.

¿Cuál es vuestra experiencia, como desarrolladores o usuarios, con estas tiendas de aplicaciones?

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10 enero 2011

Estados Unidos y ?Ley Biden-Sinde?: haz lo que digo, no lo que hago

La reciente publicación del informe “Prioritizing Resources and Organization for Intellectual Property Act of 2008“ (PRO IP) debería sin duda generar problemas de conciencia a los senadores que se disponen a votar para volver a incluir la llamada “Ley Biden-Sinde” dentro de la Ley de Economía Sostenible: según el informe deja meridianamente claro, estamos ante un claro caso de “haz lo que digo, no lo que hago” por parte de los Estados Unidos.

Un estudio detallado del documento deja claras las diferencias entre la ficción que en España relatan las sociedades de gestión de derechos de autor sobre unos Estados Unidos en los que supuestamente persiguen, enjuician y encarcelan implacablemente a los infractores, y la cruda realidad: una administración norteamericana que otorga al tema de las descargas una prioridad mínima. Durante todo el año pasado, únicamente una mísera condena a un sitio de warez mucho más dedicado al intercambio de software que al de canciones o películas, y el secuestro – que no el cierre – de los dominios de algunos sitios menores. ¿A qué se dedica el Departamento de Justicia norteamericano? A cosas que de verdad tienen importancia: persecución de medicamentos falsos, de piezas de recambio de aviones de dudosa procedencia, y de redes de falsificación de productos físicos a gran escala. Eso, señores, SÍ QUE SON DELITOS. ¿Las descargas? Mucha propaganda barata llenándose la boca con falacias como que “la piratería es como romper el escaparate de Tiffany’s y robar la mercancía“, pero en la práctica… ¿dónde está el equivalente norteamericano de la “Ley Biden-Sinde”?

Os diré dónde está: la llamada “Combating Online Infringement and Counterfeits Act” (COICA), que habría dado al gobierno norteamericano el poder para cerrar páginas web situadas bajo jurisdicción estadounidense y la posibilidad de pedir a los proveedores de conectividad que cortasen el acceso a páginas similares situadas en el extranjero (¿le suena a alguien?) fue RECHAZADA en el Senado de los Estados Unidos, ante las acusaciones de sus oponentes de ser una ley que posibilitaba la CENSURA. La propuesta nunca llegó a ser aprobada en el Senado, y su futuro en estos momentos es sumamente dudoso. Y esto, amigos, es la definición perfecta del significado de “doble moral”: los Estados Unidos exigen a un país extranjero que apruebe leyes que ellos no aprueban en su propio país.

Según las mentiras de las sociedades de gestión de derechos de autor, “España es un paraíso de la piratería”, y “en Estados Unidos estas cosas se persiguen de verdad”. Pues mira, según la tozuda realidad, en España no hay más descargas que en otros países, y ni siquiera más que en los Estados Unidos, donde por cierto no son de facto perseguidas. Propaganda sí, pero más allá de ésta, acciones, prácticamente ninguna. Y no hablamos de “interpretaciones” ni de “suposiciones”… hablamos de un informe realizado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

¿Cómo se nos queda la cara al ver a un Jose Enrique Serrano, a un Alfredo Pérez Rubalcaba o a una Ángeles González Sinde afanándose por aprobar una ley que en Estados Unidos fue RECHAZADA por censora? ¿Negociando frenéticamente con todos los grupos parlamentarios para que en España se haga algo que en los Estados Unidos no se hace? ¿Pero somos imbéciles o qué? ¿Con qué autoridad moral nos pide “el amigo americano” que aprobemos una ley que en su país no supera ni el primer trámite parlamentario, y que persigamos algo que en su país no es de facto perseguido?

Menos tomar el pelo a los españoles, y más baño de realidad, por favor. La “Ley Biden-Sinde” es una aberración antidemocrática, no puede estar dentro de la Ley de Economía Sostenible, y simplemente, no debe ser aprobada, porque es una herramienta para la censura que construye una justicia paralela instrumentada únicamente para defender los intereses económicos de una industria inadaptada. Dejemos de comulgar con ruedas de molino, y veamos de una maldita vez la realidad.

Si eres senador y vas a votar para volver a incluir la “ley Biden-Sinde” dentro de la ley de Economía Sostenible, algo que sabes perfectamente que es incorrecto y que va radicalmente en contra de los intereses de la ciudadanía manifestados de manera amplia y mayoritaria, piénsalo dos veces. Y por cierto… el Senado tiene listas abiertas.

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09 enero 2011

En el ranking de Los 500 de El Mundo

Un año más, el diario El Mundo me incluye en la lista de los “500 españoles más poderosos del año 2011″, en la categoría “Top 25 / Internet“. Es el sexto año consecutivo que figuro en ese ranking (2006, 2007, 2008, 2009, 2010). Mi agradecimiento tanto al diario como a los encuestados que propusieron mi nombre.

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Más sobre burbujas, en Cotizalia

María Igartua, de Cotizalia, me llamó para hablar de ese tema que parece haberse puesto de actualidad con la entrada de Goldman Sachs en Facebook y su consiguiente valoración en torno a los cincuenta mil millones de dólares, y ayer publicó una noticia titulada “¿II burbuja puntocom? Las redes sociales calientan motores para su carrera a la bolsa“.

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08 enero 2011

Esa ?ley Biden-Sinde? que nunca muere

La razón por la que la “ley Biden-Sinde” volverá a ser introducida como enmienda en la ley de Economía Sostenible en el Senado, con el aparente acuerdo de grupos parlamentarios que hace pocos días se oponían a ella, y con total y absoluto desprecio a los intereses de la ciudadanía, amplia y claramente expresados. Si alguna vez votaste a un partido político porque creías que te representaba o defendía tus intereses, piensa y extrae tus propias conclusiones.

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07 enero 2011

El lanzamiento de la Mac App Store y sus implicaciones

Es de esas cosas que pueden parecer triviales, pero que son susceptibles de tener un significado que vaya mucho más allá de lo que inicialmente parece. El lanzamiento de la Mac App Store aparenta ser una simple extensión de una estrategia que ha resultado enormemente exitosa en dispositivos como el iPhone o el iPad y que juega un gran papel en la evidente diferenciación de éstos, pero está seguramente destinada a jugar un papel todavía mayor en un mundo tan consolidado e inmovilista desde hace tantos años como el de los ordenadores convencionales.

No hay que ser un fanboy recalcitrante para ver que la jugada tiene mucho de ese “estilo Apple” que propone cosas que, al analizarlas con tranquilidad, resultan cualquier cosa menos sorprendentes, y tienden a verse como algo natural, totalmente normal, como algo que podría hacer cualquiera. Pero transformar la escena del software que instalamos en nuestros ordenadores para dotarla del enorme dinamismo que supone una App Store no es un paso en absoluto insignificante. Las App Store para iPhone e iPad han supuesto el desarrollo de un importante ecosistema económico-tecnológico para una gran cantidad de desarrolladores y usuarios, y hablamos de plataformas que se ofrecen a unos setenta y cinco millones de usuarios en el caso del iPhone (más si añadimos los aproximadamente cuarenta y cinco millones del iPod Touch) y a unos diez millones en el caso del iPad. En el caso de los ordenadores Mac, la plataforma de usuarios de la que hablamos alcanza, según algunas estimaciones, a unos cien millones de usuarios activos. El último trimestre, la marca vendió casi cuatro millones de ordenadores.

Que muchos de esos usuarios se lancen ahora a probar la Mac App Store es algo que promete una importante trascendencia económica para la marca, pero que además se puede cristalizar en algo mucho más importante: en un mercado verdaderamente dinámico de aplicaciones en el que los usuarios se acostumbren a sostener un ritmo habitual de compra. La Mac App Store sale con aproximadamente mil aplicaciones, un número escaso, pero no debemos olvidar que la App Store de iPhone salió en 2008 con ochocientas aplicaciones y hoy ofrece más de trescientas mil. Aplicaciones que han conseguido que la marca de la manzana se lleve un porcentaje de la totalidad del software empleado en su plataforma, algo que ninguna marca de hardware se había planteado conseguir. Que los Mac se conviertan en un creciente universo de aplicaciones de software bajo el control tecnológico y económico de Apple es algo que sin duda satisface los más delirantes sueños de control de Steve Jobs, al tiempo que ofrece importantísimas propuestas de valor tanto a desarrolladores como a usuarios.

En un panorama como el de los ordenadores personales, el lanzamiento de la Mac App Store significa mucho, mucho más de lo que inicialmente parece. Lentamente, nos acostumbraremos a comentar con otros usuarios qué aplicaciones consideran más útiles, a instalar aplicaciones de pago a cambio de cantidades pequeñas como ya hacemos en nuestros iPhone e iPad, a sostener un ritmo de actualizaciones y de gasto habitual, y a convertir a Apple en lo que ya es hoy: una empresa líder en sus planteamientos de innovación y también en sus resultados económicos. La Mac App Store no es simplemente la extensión de una estrategia exitosa: es algo que va mucho más allá, y cuyo significado real y la verdadera dimensión del cambio que trae consigo en los hábitos de los usuarios y en el panorama de la informática personal solo veremos con el tiempo.

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