24 enero 2011

SINDEcoro, SINDEcencia, SINDEbate, SINDErecho, SINDEmocracia. NO A LA LEY BIDEN-SINDE

El nuevo texto supone un intrincado andamiaje legal para apuntalar que la propiedad intelectual está por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos y que ni siquiera es un juez quien va a evaluar si ésta ha sido violada o no [1]. La voluntad de PSOE, CiU y PP no solo es proteger los intereses de la industria del entretenimiento – mayormente norteamericana – por encima de los derechos humanos al contrario de lo que indica la ONU [2], si no, sobre todo, asegurar que su poder seguirá prevalenciendo sobre los propios ciudadanos, evitando que Internet ejerza de aglutinador del advenimiento de una democracia más directa, de mayor calidad y que propicie una mayor justicia social y poder de decisión de la ciudadanía.

El voto en el Senado es dentro de un mes. Tenemos un mes para hacerles saber que se han equivocado y para que rectifiquen. Una ley que no es más que censura y control, que no protege a los artistas ni a los emprendedores, que criminaliza el progreso. La ley de la prepotencia y del miedo. Los senadores se votan por listas abiertas. No votaremos a los que han dado las espaldas a los ciudadanos, más preocupados por unos intereses que nada tienen que ver con la representación democrática ni con los derechos de los autores y de la sociedad civil.

Los partidos se volcarán en la red para las elecciones. Allí los esperamos los ciudadanos.

[1] Por citar cosas concretas del texto:

  • Se persiguen “los contenidos que vulneren los citados derechos siempre que el prestador, directa o indirectamente, actúe con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial” La expresión “ser susceptible” es tan amplia que cabe google, webs con software p2p y por supuesto con la intención de criminalizar el hecho de “enlazar”, o sea Internet en sí mismo. Si se persiguiera lo que es susceptible de atacar la integridad física prohibiríamos los cuchillos.
  • Se usa el término “autorización judicial” cuando la constitución exige “Resolución judicial”.


[2] http://red-sostenible.net/images/0/0e/ONU_DERECHOS_LPI.pdf

(Reproducido de Red SOStenible)

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Habrá ley Sinde

Pasteleo. La política en su imagen más asquerosa, más oscura, más despreciable. Dos partidos apuntándose al “todos a una” para compartir el desgaste y pactar en contra de los intereses de los ciudadanos una ley basura propuesta por la ministra que ha logrado el récord de impopularidad. Una ley que no satisface a nadie, que crea una justicia a medida de las entidades de gestión, esas mismas que ejercen el monopolio que provoca la gran mayoría de sus problemas. Una ley, sobre todo, que no servirá para nada, que no hace más que empeorar el problema, avanzar en la crispación.

Por ambos lados, la estupidez más recalcitrante, el “hay que sacarla como sea” digan lo que digan los ciudadanos. Una negociación de última hora, a la desesperada a pesar de haber tenido más de un mes desde la anterior, un mes para replantear las cosas, para intentar hacerlas de manera decente, para aceptar ideas y sugerencias. Una negociación desarrollada totalmente a espaldas de los ciudadanos, y sin la participación de los responsables de las cuestiones relacionadas con la tecnología de cada partido. En el caso del PSOE, una importante oposición interna a la ha sido acallada, despreciada y ninguneada por una dirección que ha impuesto una disciplina soviética. Por el PP, peor: los que saben del tema, los que se encargan habitualmente de lo relacionado con la red, han sido vergonzosamente apartados de la negociación.

¿Existen los disidentes en los partidos? ¿Dónde están? ¿No quedan personas decentes en política capaces de dar un paso al frente para defender unas ideas justas, un proceso de verdad razonable? No, supongo que es mucho pedir. Nadie pretendía que el problema no se solucionase: solo se pedía una negociación, apartar la espada de Damocles que suponía una ley espantosamente mal hecha y mal planteada desde el primer día, y que el proceso de negociación, de intenso pasteleo, no ha conseguido mejorar. ¿Pretende de verdad el PP apuntarse como “triunfo” algo de lo “arrancado” en la negociación? Entonces es que no han escuchado ni mínimamente a la red.

Preparémonos: vienen tiempos oscuros.

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23 enero 2011

Ley Sinde: ¿y ahora qué hacemos?

Después de unos días especialmente movidos, creo que vale la pena detenerse un momento, reflexionar, y plantearse en qué situación estamos con respecto a la ley Sinde y su proceso. Los hechos recientes he tratado de recogerlos en mi entrada original en forma de actualizaciones sucesivas que recogen múltiples puntos de vista sobre el desarrollo de la historia, y sinceramente, creo que el proceso en su conjunto, a pesar de ser polémico y estar hecho un poco “a la desesperada”, ha sido positivo. Que demuestra una voluntad por construir, no por destruir, por la búsqueda de alternativas, por la conciliación de intereses inicialmente pintados como contrapuestos.

La primera lección para mí es evidente: hay mucho, muchísimo a ganar en un proceso de reflexión colectiva sobre este tema, y los políticos deberían darse cuenta inmediatamente de ello. Si nada cambia, los políticos seguirán tramitando una ley que no satisface a nadie, enfrenta a todos, y tiene la capacidad de provocar intensos y peligrosos daños colaterales. El intento de legislar poniendo al frente a una persona que representa únicamente a una de las facciones en conflicto e intentando que prevalezca su posición ha provocado únicamente enfrentamiento, como por otro lado cabía esperar desde el momento de su nombramiento. La ley Sinde no solo no satisface a nadie, sino que no serviría para nada en caso de ser aprobada. Seguir con su camino devolviéndola en el Senado al articulado de la ley de Economía Sostenible es una soberana estupidez.

¿Cómo se progresa en un asunto tan polarizado como este? La receta es sencilla: partiendo de los temas que unen y no de los que separan, y sobre todo, volviendo a empezar partiendo de unas bases más equilibradas. Hay muchas cosas en las que estamos de acuerdo, partiendo de varias fundamentales:

  • El autor de una obra debe poder beneficiarse de una parte razonable de los ingresos que se deriven de la explotación de la misma.
  • El enlace forma parte de la arquitectura fundamental de Internet, y no puede ser perseguido como tal. Perseguir el acto de enlazar es inoperante, absurdo y no conduce a nada positivo.
  • Exactamente lo mismo puede decirse de la criminalización, insulto constante y persecución del usuario: es absurda, y no conduce a nada bueno. En su lugar, hay que centrarse en el desarrollo de un mercado que dé a ese usuario lo que está buscando.
  • La obtención de obras al margen de los canales oficiales siempre será posible, sea mediante P2P, correos electrónicos o intercambio de soportes físicos. En lugar de centrarse en su a todas luces imposible persecución, hay que buscar el desarrollo de métodos que ofrezcan un atractivo mayor que éstos. La experiencia de otros países demuestra que eso es posible.
  • El desarrollo de alternativas debe plantearse en un entorno equilibrado, con representación de todas las partes, y no monopolizado y dirigido por una sola de ellas.

De estas y otras premisas bien entendidas pueden derivarse muchos principios de acuerdo razonables, muchas cuestiones que tengan en cuenta el entorno actual, en lugar de dedicarse a cerrar los ojos para pretender que no existe. La presión de una ley Sinde en inminente tramitación cual espada de Damocles inhibe el desarrollo de cualquier alternativa mejor, y nos lleva a un estado de permanente enfrentamiento, de prisas injustificadas y de ataque de nervios que no es bueno para nadie. La ley Sinde está ahora mismo fuera del articulado de la ley de Economía Sostenible: ¿por qué, en vez de buscar argucias parlamentarias para volverla a introducir como si fuera una cuestión de honor, no iniciamos un verdadero proceso que le dé la importancia que realmente tiene y se centre en hacer las cosas bien?

Los eventos de los días pasados nos demuestran una cosa clara: hay posibilidad de llegada a los estamentos adecuados, e interés porque las cosas se hagan de la mejor manera posible. De dos facciones con intereses contrapuestos, se podría estar derivando, lenta, duramente y con muchísimo esfuerzo personal y colectivo, en la búsqueda de un punto medio equilibrado y realista que pueda llegar a satisfacer a ambas partes en conflicto.

En lugar de amenazar con una ley Sinde que enfrenta a todos y no soluciona los problemas de ninguno, y de invertir en un futuro de enfrentamiento permanente… sigamos hablando, por favor.

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22 enero 2011

?Todo va a cambiar?, con Cinco Días

Si el próximo sábado bajas al quiosco y adquieres el diario Cinco Días, podrás llevarte además un ejemplar de mi libro, “Todo va a cambiar”, por cuatro euritos de nada (ver en pdf). Es una edición especial dentro de la colección “Los mejores libros del management 2.0″ con una portada diferente, así que si te ponía nervioso pensar en verme mirándote fijamente a través de un cable USB cada vez que cerrases el libro, es una buena oportunidad para hacerse con él :-)

El libro está entre los más vendidos en su categoría del año pasado, fue el primer libro publicado en papel por la editorial con licencia copyleft, y ha recibido muy buenas reseñas.

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21 enero 2011

¿Negociación? ¿Qué negociación? ¿Pero qué me estás contando?

Alucino, alucino, y no paro de alucinar. Me llama hace un rato la Cadena SER para pedirme declaraciones sobre “el acuerdo de mínimos que los internautas hemos hecho llegar a PP y PSOE sobre la Ley Sinde”. Cuando resulta que en ningún momento he estado en ninguna reunión, no he redactado ni participado en la redacción de ningún documento, y me consta que no existe ningún documento redactado o acordado por nadie que yo conozca relacionado con este tema. ¿Pero esto qué es?

Hilando cabos, relaciono el tema con una llamada de esta tarde a las 18:00 – me acuerdo porque a las 18:30 me metí en clase – de David Maeztu, en la que me dijo que me quería mostrar una propuesta de consenso sobre el tema. David me dijo varias cosas: la primera, adelantándose a la explicación que pretendía darme mañana a las 12:00, que el documento partía de dar a la comisión un papel más limitado, a lo que le contesté que yo opinaba que la comisión simplemente no debía existir. La segunda, que debía ser totalmente discreto con respecto a la reunión, cosa que a mí ni me interesa ni me hace sentir cómodo. Y tercera, que asistirían también Julio Alonso e Ignacio Escolar. La reunión tenía el aspecto de ser una simple invitación a contrastar una idea, pero de repente, se levantaron las sospechas: David afirma que el documento podría incorporarse el lunes al orden del día del Senado (¡!!!!)

Tras una breve conversación con Julio por teléfono, decidimos que no podemos ir a esa reunión. Que si no podemos twittear ni comentar el tema, y además el documento está para ser incorporado al orden del día del Senado de manera inmediata, no nos interesa estar en esa reunión, porque tiene todo el aspecto de ser una encerrona: ni acudimos a negociar (ya estaba todo negociado), ni se nos deja comentarlo (y aunque lo hayamos dicho ya mil y una veces, no somos representantes de nadie, ni mucho menos, “representantes de Internet”), ni somos quién para negociar un documento con cierta complejidad jurídica sin la adecuada asesoría. Un documento que sea de alguna manera “representativo de Internet”, si es que tal cosa existiese e Internet no fuese una amalgama de diversidades tan amplia como la sociedad misma, es generándolo entre muchas personas colaborativamente, con luz y taquígrafos en todo momento, y sometiéndolo al escrutinio público para que se adhiera a él quien lo estime oportuno, como se hizo en su momento con el Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en internet".

¿Conclusiones? Estamos siendo víctimas de un burdo e impresentable intento de manipulación. Alguien – puede que David Maeztu, pero no lo sé – ha presentado un documento que los políticos quieren aparentar que proviene “de los internautas”, presuntamente para evitar que se monte el lío en la red. El citado documento no lo he visto, he conocido de su existencia hace escasamente tres horas, y por supuesto, no proviene de consenso alguno: si veis mi nombre citado en algo que tenga que ver con negociaciones, con reuniones o con arreglos de algún tipo, es sencillamente falso. Mentira. Las únicas reuniones en las que he estado con respecto a ese tema tuvieron lugar hace algo más de un año, y todas ellas, de la primera a la ultima, están convenientemente recogidas en mi cuenta de Twitter y en mi blog, como prácticamente todo lo que hago. En ningún momento he pretendido negociar con nadie ni me he reunido con nadie: podría, si me lo pidieran, dar mi opinión sobre temas relacionados con ese tema, y en cualquier caso lo haría, como todo lo que hago, de forma totalmente pública y transparente. Por favor, tened cuidado con los intentos de manipulación: el lunes me enteraré de lo que dice el supuesto documento, al mismo tiempo que todos vosotros, y reaccionaré como estime oportuno reaccionar, representándome, como siempre, a mí mismo, y no arrogándome en ningún caso una supuesta “representación de la red”. El lunes, estemos atentos: mucho me temo que, tras este episodio, vamos a tener que reaccionar.

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En Escenarios, de FITUR

Me solicitaron una colaboración para el catálogo institucional de FITUR, titulado “Escenarios”, en el que participo junto con Ferran Adrià, Juan Luis Nicolau, Emilio Ontiveros y Carlos de Riaño. Lo han titulado “Turismo al otro lado de la pantalla“.

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Túnez y el efecto dominó, en Expansión

En mi columna de Expansión de esta semana, titulada “Túnez y el efecto dominó” (ver en pdf), hablo del papel de la web social en la revolución tunecina, por supuesto no como factor desencadenante, pero sí como elemento que socava los dos elementos fundamentales que un dictador necesita para mantenerse en el poder: el control de la comunicación dentro del país, y el apoyo, bien tácito o explícito, del exterior.

Acontecimientos similares a los de Túnez ya están teniendo lugar en países como Argelia, Egipto, Jordania y Sudán. El efecto dominó es un juego basado en la caída sincronizada de hileras de fichas de dominó cuando se empuja la primera de ellas. Pero "dominó" es también la tercera persona del pretérito perfecto simple del verbo "dominar". La red dificulta los regímenes opresivos y dominadores. Tendremos efecto dominó.

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