17 noviembre 2011

En La Vanguardia, hablando de online outlets y gestores de promociones

Raquel Quelart, de La Vanguardia, me llamó por teléfono para hablar de sitios como Vente-Privee, Privalia, BuyVip, LetsBonus, Groupon, etc., y ayer publicó su artículo bajo el título “Los descuentos de hasta el 70% de los grupos de compra, un atractivo cebo“.

Mi conversación con Raquel estuvo encaminada a marcar las claras diferencias existentes entre los modelos de tipo online outlet, en los que el cliente es una marca que obtiene un canal adecuado para colocar una demanda secundaria de productos de fuera de temporada, de temporadas anteriores, etc. que ya no tenía salida a través del canal regular – básicamente como en un outlet convencional, pero en la red – y los gestores de demanda como Groupon, que lo que hacen es generar un canal segmentado para ofrecer promociones. Mientras en el primer caso  (Vente-Privee, Privalia, BuyVip, o  incluso eBay) hablamos de la posibilidad de llenar más espacios por debajo de la línea de equilibrio entre oferta y demanda modificando el precio y discriminando entre canales, en el segundo, que tiene como representante habitual a Groupon, nos referimos a un modelo en el que se ofrece a los comerciantes un escaparate en la red para dar visibilidad a sus promociones y poder calcular cuál será su coste de adquisición de clientes.

Los comerciantes utilizan generalmente el primer caso para administrar puntas de stock, restos de colecciones de temporadas anteriores, etc. buscando una demanda secundaria adicional, mientras que usan el segundo modelo para dar a sus promociones una visibilidad que no tenían y que permite que cualquiera, incluso aunque no tenga una presencia en la red, pueda lanzar una promoción y captar clientes de manera eficiente a un coste establecido. Modelos muy diferentes, pero en ambos casos con un fuerte crecimiento.

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16 noviembre 2011

Dos entrevistas

Dos entrevistas cortitas y en tono personal: una que me hizo María Sierra para el blog de eDreams hablando de viajes, titulada “El perfil del viajero: Enrique Dans“, y otra de Daniel Fernández para Tablets Spanish.

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Avances en privacidad: ?Do Not Track?

Un grupo de trabajo del consorcio W3C ha comenzado la especificación de dos estándares para permitir que los usuarios puedan tener la opción de no ser objeto de tracking en los sitios que visitan en la red. Hablamos del desarrollo y normalización de ‘Do Not Track‘, una idea que comenzó a fraguarse en la Universidad de Stanford, que está siendo estudiada por el Congreso de los Estados Unidos y por la Federal Trade Commission (FTC), y que ha sido impulsada por desarrollos realizados en versiones recientes de navegadores como Firefox, Safari o Explorer para aceptar el establecimiento de dicha preferencia por los usuarios.

Puedes ver si tu navegador soporta ‘Do Not Track’ y si lo tienes activado en esta página, en la columna de la derecha, bajo el epígrafe “For users”. La idea es permitir que un usuario pueda, mediante una opción fácilmente accesible en su navegador, establecer su preferencia de no ser objeto de seguimiento a lo largo de su navegación, fundamentalmente de cara al uso del llamado behavioral targeting o publicidad comportamental: esa que te ofrece anuncios relacionados en un sitio en función de comportamientos desarrollados en otro diferente, como cuando te pasas una larga temporada siendo recibido con ofertas de hoteles en una ciudad determinada solo porque hiciste una búsqueda relacionada en un sitio de reservas (y en muchos casos después de haber reservado ya). Para las páginas web supone una posibilidad de revender una información obtenida en función de la actividad de los usuarios en su sitio. Para las marcas, la capacidad de contratar publicidad con agencias que manejan múltiples sitios para gestionar campañas de un modo integrado. Un tipo de publicidad que puede elevar la eficiencia de las campañas al incidir con productos o servicios a clientes que ya han expresado una preferencia o interés por éstos, pero que resulta a la vez potencialmente intrusiva. Mientras fuera de la red puedes tomar hasta cierto punto la decisión de no ser objeto de determinados tipos de marketing mediante el recurso a listas Robinson o Do-not-call que han contado con un fuerte interés de los usuarios (el National Do-Not-Call Registry de los Estados Unidos incluye ya más de 150 millones de teléfonos fijos y unos 285 millones de teléfonos móviles, lo que supone, sobre 309 millones de personas, el 91% de la población), el mundo online no nos daba una posibilidad de manejar estas preferencias de una manera razonablemente cómoda y eficiente.

El desarrollo normativo de dos estándares, Tracking Preference Expression (de qué manera el navegador comunica a una página web que el usuario exige privacidad) y  Tracking Compliance and Scope Specification (cómo las páginas web respetan y cumplen esa preferencia establecida) podría reunir las iniciativas dispersas desarrolladas al respecto por distintos protagonistas, y convertirse en un elemento central a la hora de cambiar las reglas para adaptarlas a las preferencias expresadas por los usuarios. Un tema sobre el que, tanto desde la perspectiva de usuario como desde la de marketer, te conviene tener información.

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15 noviembre 2011

Otra vez a vueltas con el pajarito

Atención a este tipo de temas, porque nos los vamos a encontrar en algún momento en el mundo corporativo a medida que Twitter va incrementando su relevancia como canal de comunicación y representación: a finales del pasado julio nos planteábamos una pregunta clara, “¿De quién es una cuenta de Twitter?“, a raíz del cambio de trabajo de una periodista británica de la BBC, Laura Kuenssberg, que teniendo más de sesenta mil seguidores en su cuenta de Twitter identificada con el nombre de la cadena, @BBCLauraK, es fichada por la cadena rival, ITV, y simplemente decide cambiar el nombre de su cuenta de Twitter a @ITVLauraK y llevarse consigo su audiencia.

El caso no era sencillo: aunque la periodista mantenía personalmente su cuenta y ésta llevaba su nombre, la utilizaba para difundir y comentar noticias que obtenía en función de su trabajo en BBC, y era presumible que debiese al hecho de tener acceso a dichas noticias una parte importante de su popularidad. El caso, sin embargo, siguió su curso natural: a día de hoy, la periodista cuenta con unos diez mil seguidores más en la cuenta asociada con su nueva cadena. El intento de acceder a su cuenta antigua, @BBCLauraK , devuelve una página de error. Posteriormente ha habido otros casos, como el de Rick Sánchez, presentador de CNN que, tras ser despedido, cambió igualmente de nombre su cuenta con más de trescientos mil seguidores.

En esta ocasión, el caso es levemente diferente, y ya tiene curso judicial: hablamos de Phonedog, una página web de noticias y crítica de productos de telefonía móvil, que cuenta con su propia cuenta de Twitter con casi catorce mil seguidores que utiliza para notificar la publicación de sus artículos, y del conflicto con uno de sus empleados, que utilizando la cuenta @Phonedog_Noah llegó a tener unos diecisiete mil. Pero llega el momento del cambio: la empresa reclama la cuenta al empleado, y este, que hacía un uso fundamentalmente personal de la misma, decide simplemente prescindir del nombre de su compañía, cambiar el nombre de la cuenta a @noahkravitz, fichar por otra página web también relacionada con los gadgets, la movilidad y la electrónica de consumo, TechnoBuffalo, y seguir con su vida.

La empresa denuncia a Noah alegando tres causas: apropiación de secretos comerciales, interferencia con ventaja económica, y conversión, y reclama haber sufrido $340.000 en daños; $2.50 por follower y por mes siguiendo lo que denominan “una práctica común en la industria”, multiplicados por los meses que Noah lleva utilizando la cuenta, según ellos, indebidamente.

¿El resultado? Todavía en juicio. ¿Puede ser considerado un “secreto comercial” una lista de seguidores en Twitter de un empleado que, entre otras cosas, es pública? ¿Puede hablarse de “interferencias comerciales con resultados económicos” cuando el uso de la cuenta era fundamentalmente personal, aún llevando en ella el nombre de la compañía? ¿Podemos atribuir unos supuestos daños basados en valoraciones de clientes? Parecen cuestiones extremadamente resbaladizas, y sin duda, muy dependientes de los argumentos que los abogados puedan construir y de las interpretaciones del juez. Pero lo que tengo pocas dudas es que, dada la actual corriente de desarrollar labores de gestión de comunidad en muchas compañías y ante un mercado en rápida evolución en el que se puede prever una rotación natural razonable, veremos casos como estos más pronto que tarde…

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14 noviembre 2011

Neutralidad de la red y lógica académica

Los papers académicos que emplean teoría de juegos como metodología de investigación dejan siempre un regusto interesante, como de lógica palmaria. En este caso han sido tres profesores, Hsing Cheng y Shubho Bandyopadhyay, de la Universidad de Florida, y Hong Guo, de la de Notre Dame, los que en un estudio titulado “The debate on net neutrality: a policy perspective“ de próxima publicación en uno de los mejores journals del área, Information Systems Research, dejan meridianamente claras las que serían las posibles implicaciones de no proteger con el marco normativo adecuado la neutralidad de la red: permitir que las empresas de telecomunicaciones pongan un precio a la priorización del contenido conlleva necesariamente que pasen a carecer de incentivos para mejorar la infraestructura, convirtiéndose por tanto en un freno al desarrollo.

La conclusión resulta, además de demostrable científicamente, bastante evidente: en un escenario en el que las empresas de telecomunicaciones pretenden exigir tarifas preferentes a quienes quieran que sus contenidos circulen a velocidad más rápida que el resto, el incentivo que tienen para invertir en infraestructura es nulo. Invertir en infraestructura llevaría necesariamente a que la totalidad de la red funcionase mejor, y una red homogéneamente rápida disminuiría automáticamente la propensión a pagar extra de sus clientes. La hipótesis defendida por las empresas de telecomunicaciones, que la neutralidad de la red les llevaría a no tener incentivos para invertir, es completamente falsa. Simplemente falaz.

… the incentive for the broadband service provider to expand under net neutrality is unambiguously higher than under the no net neutrality regime in the context of our framework. This goes against the assertion of the broadband service providers that under net neutrality, they have limited incentive to expand. The experience in broadband markets around the world support our conclusions.

Recordemos, y esto es sumamente importante entenderlo, que nos referimos a discriminación de contenidos: la neutralidad de la red NO IMPLICA bajo ningún concepto que todos recibamos bits a la misma velocidad, eso es una de las falacias de primer nivel a las que pretende agarrarse el lobby de las telecomunicaciones para intoxicar el debate. Yo puedo, por supuesto, tener una conexión más rápida o más lenta en mi casa según lo que decida pagar, y esto no tiene nada que ver con la neutralidad de la red. Lo que implica una red neutral es que el tráfico que recibo por mi conexión no sea discriminado en función de origen, destino, protocolo o contenido, de manera que una empresa no pueda pagar a un proveedor de telecomunicaciones para que su tráfico disfrute de una autopista de tres carriles mientras el de otra empresa que no paga tenga que conformarse con un camino de cabras. La neutralidad de la red implica que las empresas de telecomunicaciones ponen las infraestructuras y las explotan, pero se desvinculan completamente de la posibilidad de controlar lo que pasa por ellas. Como debe ser. El político que no defienda esto, o no se entera, o tiene algún tipo de incentivo para favorecer al lobby de las telecomunicaciones. Además, por supuesto, de hipotecar el progreso y ser un irresponsable. Así de claro.

Lo contrario daría lugar a un escenario en el que las empresas de telecomunicaciones podrían controlar la innovación, aprovecharse de ella de manera privilegiada, entrar a competir en negocios de contenido con una ventaja completamente injusta y arbitraria, o incluso colaborar con el poder político para todo tipo de fines. Un escenario que tenemos que evitar. Pero además, y ahora lo vemos mucho más claramente, un escenario que desincentiva la inversión y la mejora de las redes, y que hipoteca el futuro de todos por las ganancias a corto de unos pocos.

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13 noviembre 2011

Virtualizando la SIM

Una patente solicitada por Apple en noviembre de 2010 y publicada ahora por la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos revela una estrategia interesante y agresiva de cara a las relaciones entre clientes, operadoras y fabricantes de dispositivos: eliminar la tarjeta SIM como la conocemos en sus formatos físicos de SIM, mini-SIM o micro-SIM, y sustituirla por un elemento seguro incorporado en el teléfono.

La idea no tiene un desarrollo sencillo: la presencia de una tarjeta SIM física y extraíble es un requerimiento del estándar GSM, lo que obligaría a Apple a conseguir un cambio en ese estándar antes de recibir la autorización para vender en Europa un dispositivo capaz de funcionar sin SIM. La SIM contiene las credenciales de seguridad que autentican al cliente con su red, de manera que un cambio en este sentido plantearía cuestiones sin duda delicadas, y objeciones por parte de las operadoras. Sin embargo, los planes son muy interesantes: un dispositivo con credenciales de red válidas de todas las operadoras asociadas, y capaz de cambiar de una a otra mediante iTunes. Las implicaciones pueden ser muy importantes: adquieres tu teléfono, pero cambias de operador cuando quieres simplemente con unos cuantos clics, cuando llegas a un país determinado o cuando, simplemente, te conviene. Para un mercado férreamente controlado por las operadoras, toda una revolución.

La patente de Apple alega dificultades de cara al diseño: la obligatoriedad de incluir un hueco para una SIM física encarece el diseño, obliga a los dispositivos a ser más voluminosos, y plantea dificultades cuando el usuario no puede acceder a una SIM física. Pero en realidad, la clave del tema hay que buscarla en la relación con el cliente: un cliente que pasaría a estar vinculado al fabricante de su dispositivo, y que podría plantearse cambiar de operador como quien cambia de camisa. Una auténtica comoditización del operador. Hoy en día, cambias de terminal, pero mantienes la SIM que te ha entregado el operador: la idea de Apple sería precisamente invertir esa relación, eliminando la capa del operador entre fabricante de terminal y cliente. A día de hoy puedes comprar un terminal libre y puedes incluso tener varias tarjetas SIM, una práctica habitual, por ejemplo, en quienes viajan recurrentemente a otro país, pero la situación no deja de ser sumamente engorrosa. La posibilidad de escoger operadora a golpe de menú plantea un equilibrio de fuerzas en el mercado completamente diferente.

La idea, además, tiene un trasfondo todavía más agresivo: que el cliente maneje esas relaciones con la tarjeta de crédito asociada a su cuenta de iTunes. Algo que ya hemos empezado a ver en los recientes movimientos de innovación de Apple en su distribución, y que podría plantear ideas como el uso de NFC para sistemas ya patentados por la compañía como iPay, iBuy o iCoupons, o la posibilidad del llamado iWallet, o monedero electrónico. Obviamente, que Apple no haya incorporado NFC en si iPhone 4S no quiere necesariamente decir que no tenga planes en ese sentido.

Un movimiento todavía complicado y sobre el que obviamente es muy pronto para sacar conclusiones, pero que podría dar lugar a un auténtico replanteamiento del equilibrio de fuerzas en el mercado de la telefonía móvil.

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Hablando sobre el ?caso La Noria?, en El Periódico

Juan Fernández, de El Periódico de Catalunya, me llamó para hablar del ya muy comentado “caso La Noria” que Pablo Herreros inició el pasado 29 de octubre a raíz de la entrevista a Rosalía García, madre de uno de los delincuentes condenados por el asesinato y desaparición de  Marta del Castillo, por la que la protagonista percibió entre nueve y diez mil euros. El artículo publicado en El Periódico se titula “Usted puede iniciar la nueva revolución” (pdf).

Sobre el caso, que el pasado viernes ya empecé a utilizar en una de mis clases, recomiendo, además de la entrada original, la petición publicada en Actuable, la lectura de la actualización que publicó el propio Pablo al respecto unos días más tarde, “Las vueltas que da La Noria“, o apuntes como éste y este otro de Chicadelatele. Las consecuencias del caso a estas alturas son más que claras: en la última edición del programa, solo se anunciaron cinco marcas. Y tanto la semana anterior como en esta última, marcas como Vodafone o Wilkinson dejaron expresamente claro que la publicidad se había emitido en contra de su voluntad o por error. No se puede ser más claro.

¿Mi opinión? Sencillamente, que es una prueba más de que ya no se puede hacer nada sin contar con la bidireccionalidad. Las progresiva reducción de las barreras de entrada a la publicación posibilita reacciones que van desde la protesta ante un programa televisivo hasta la mismísima primavera árabe o el 15M. Cuando una sociedad se hace bidireccional, se hace bidireccional con todas sus consecuencias, y los que no lo entienden o se niegan a aceptarlo, son apartados mientras musitan absurdas teorias conspiranoicas de todo tipo. Es el caso del presentador de La Noria, Jordi González, que indudablemente contribuyó a empeorar la crisis con varias inoportunas respuestas. En un contexto de irritación generalizada, claramente creciente y perfectamente mesurable, la reacción de las marcas es absolutamente lógica: no solo mostrarse sensibles a la presión popular, sino además, comunicarlo de la manera más eficiente que pueden, a través de los medios y de las propias redes sociales (más detalles, de nuevo, en las sucesivas actualizaciones de la entrada original de Pablo).

Detalles interesantes: las cosas hay que entenderlas como son. “La Noria” es un programa líder de audiencia que representa una forma concreta de hacer televisión y que despierta reacciones fuertes y muy encontradas. Pero este caso, aunque muchos aprovechen para demonizar a “La Noria”, no tiene nada que ver con eso. No se pide la cancelación de un programa, ni la retirada definitiva de la publicidad que lo arropa: se pide, clara y específicamente, que no se pague a criminales o a sus familiares por acudir a un programa de televisión. La reacción de Telecinco debería apuntar a corregir eso, no a hacerse los ofendidos, a buscar conspiraciones, o a disparar al aire con imaginarias causas “contra la libertad de expresión”. O a dejar pasar el tiempo mientras ven como crece el “efecto contagio” y como se ponen en riesgo otros programas de la cadena. Debería consistir, como analiza el propio Pablo – que no en vano es experto en comunicación – en pedir disculpas por el error cometido, anunciar que no volverá a repetirse, y reconducir las relaciones con los anunciantes a los que su presentador absurdamente insultó. Y sobre todo, en extraer lecciones, en aprender. Aprender que en la sociedad actual no se puede, por fuerte que sea la capacidad comunicativa que te da una licencia televisiva, una rotativa o un dineral para hacer campaña durante quince días, llevar la contraria a tus clientes, a tus lectores o a tus votantes. No se puede. Una vez más, y ya llevamos unas cuantas… comunicación 2.0.

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