03 diciembre 2011

?Ley Sinde: toca derogar?, en La Gaceta

La Gaceta me pidió ayer una columna acerca del episodio vivido en el consejo de ministros a cuenta de la ley Sinde, que titule como “Ley Sinde: toca derogar“. A continuación, el texto completo de la misma:

 

Ley Sinde: toca derogar

El escenario era el penúltimo consejo de ministros de un gobierno en funciones y en vísperas del puente más largo del año: era perfecto para que la tramitación de la ley Sinde agotase nuestra capacidad de sorpresa. Recordemos que la ley inició su andadura mediante un truco sucio: ser "colada" por un lobby en forma de disposición final en el articulado de la ley de economía sostenible, que nada tenía que ver con ese tema, y justo cuando la reforma de la propiedad intelectual estaba siendo tratada en una comisión parlamentaria. Con ese comienzo, que llevó a algunos a cenar con profusión de vinos espumosos en un restaurante caro, podíamos esperar cualquier cosa.

La ley Sinde no ha caído. Sigue estando, según el ministro portavoz, "encima de la mesa". O en el BOE, sin ir más lejos. Toca ahora al Partido Popular proponer su inmediata derogación, y reformar la propiedad intelectual para convertirla en una forma de reconocer y remunerar a los autores, en lugar de en una herramienta de represión y persecución en manos de quienes se dedican a explotarlos. Esperemos que el nuevo gobierno sepa entender que los ciudadanos no son ladrones ni enemigos de nadie, y que lo que hay que hacer es abrir más mercado, no dificultarlo.

Años de gestión desastrosa de la propiedad intelectual en España nos llevaron a los escándalos de corrupción de la SGAE. Es momento de cambiar.

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Progreso tecnológico, generación de riqueza y desempleo

Interesantísimo conjunto de lecturas al hilo de las consecuencias para los Estados Unidos de una economía basada en empresas de alta tecnología como Google, Facebook o, especialmente señalada en este caso, Apple: hasta qué punto puede confiarse el desarrollo de un pais a empresas que son habitualmente mucho menos intensivas en mano de obra que la industria tradicional, y qué consecuencias tiene de cara, especialmente, a un problema que en los Estados Unidos ven con creciente preocupación: el desempleo (ahora mismo un 9%… ¡anda que si ven el nuestro!)

Los artículos que me han llamado la atención son los siguientes:

La línea general parece de primer curso de Economía, pero esconde tras ella la gran paradoja de las economías desarrolladas: los más de sesenta mil puestos de trabajo directos creados por Apple no están únicamente en los Estados Unidos, sino distribuidos por todo el mundo, y a estos se suman en forma de empleo indirecto muchísimos puestos de trabajo en manufactura en países con bajos costes laborales unitarios, en China y el sudeste asiático. Pero las cifras son las que son: entre Apple, Amazon, Google y Facebook en su conjunto, hablamos de un total de 113.000 puestos de trabajo, un tercio de los que una sola compañía, General Motors, tenía en su plantilla en 1980. Si los Macs, iPods, iPhones y iPads que Apple produce tuviesen que ser fabricados en los Estados Unidos a precio de hora de trabajador norteamericano, prácticamente nadie podría siquiera pensar en comprarlos.

¿Generación de riqueza? Indudable. Millones de productos basados en tecnología norteamericana y fabricados por una empresa norteamericana son exportados y utilizados en todo el mundo. Hace un par de semanas evocaba en Expansión la comparación de España con Corea del Sur, una economía similar en tamaño y población que se inclinó por el desarrollo y promoción de la industria tecnológica, y que disfruta ahora, convertida en la sexta mayor potencia exportadora del mundo, de un crecimiento económico envidiable y de un desempleo sumamente bajo.

Las dinámicas de generación de riqueza son a veces sumamente complejas. Todo gobierno regional desea intensamente atraer inversión tecnológica: Apple recibió incentivos fiscales de $46 millones de dólares para que instalase su datacenter en Carolina del Sur, y el caso no es en absoluto aislado, sino norma habitual. Pero a cambio, la riqueza que se genera vinculada a esta actividad no es, decididamente, en forma de puestos de trabajo, sino en función de variables mucho más difusas y a más largo plazo: imagen asociada al progreso tecnológico, interés por formarse en puestos relacionados, convertirse en una ciudad relevante en ese sentido, y ser capaz de atraer a otras compañías. Indudablemente, existen beneficios, pero no tienen demasiado que ver con la pauta de generación de riqueza tradicional que mostraban las empresas intensivas en mano de obra “de toda la vida”.

En un mundo globalizado, las empresas desarrollan su I+D donde tienen buen acceso a talento, su fabricación en donde tienen acceso a costes laborales unitarios bajos, y pagan sus impuestos donde les ofrecen mejores ventajas fiscales. Y cada país orienta su posicionamiento para competir en lo que pueda o decida competir: en formación, investigación, desarrollo y calidad de vida para el trabajador intelectual, en sueldos bajos de trabajadores manuales, en ser agresivo en ventajas fiscales, o en otro tipo de factores similares. La capacidad para construir entornos capaces de cristalizar alguna de esas ventajas – pensar en varias de ellas es un reto sumamente complejo – depende de factores múltiples: universidades y centros de investigación capaces de atraer talento y mano de obra especializada, crecimientos demográficos elevados que brinden mano de obra manual, políticas fiscales capaces de ofrecer ventajas en un entorno cada vez más globalizado… las variables ya no son tan sencillas y unívocas como antes.

Negar las ventajas de ser capaz de atraer a la industria tecnológica parecería digno de Ned Ludd. No, en un datacenter, nos pongamos como nos pongamos, no hace falta la misma cantidad de gente que hace falta en una cadena de montaje de automóviles, del mismo modo que en una fábrica de textiles cada telar podía hacer el trabajo de muchos trabajadores manuales. Pero también es claro que la revolución industrial trajo un apreciable incremento en la renta media, en el nivel de vida y en las condiciones de las personas. Parece claro que cristalizar esas ventajas que no surgen en la manera tradicional exige un ejercicio de adaptación muy importante, para nada sencillo, y que no da frutos de manera inmediata. Pero que resulta enormemente necesario hacer.

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02 diciembre 2011

La ley Sinde estuvo a punto de terminar como empezó

Secuencia de acontecimientos: a las 21:00 de la noche del jueves 1, me llega una filtración directa y fiable de los índices del consejo de ministros en los que se indica en rojo un tema: “la creación de un órgano colegiado que regulará la propiedad intelectual”. Efectivamente, tras lo ya anticipado, tras el desmentido y tras el desmentido del desmentido, llegaba la evidencia: iban a atreverse a aprobar el reglamento de la ley Sinde en plenos “minutos de la basura”. En poco tiempo tras el anuncio de la filtración, llegaban ya confirmaciones por otras vías.

Finalmente, tras una importante movilización en la red, llega la rueda de prensa tras el consejo de ministros, y el ministro portavoz confirma que las informaciones eran correctas: la discusión acerca de la aprobación in extremis del reglamento de la ley Sinde iba en los índices, y se discutió, pero no se llegó a un acuerdo y quedó finalmente encima de la mesa.

La ley Sinde y su reglamento quedan encima de la mesa: no es ese su lugar. Su lugar es la basura. Ahora lo más importante es mantener la presión sobre el gobierno entrante del Partido Popular, tan culpable como el saliente del PSOE de que la ley Sinde haya llegado a donde ha llegado. No lo olvidemos: no hemos ganado nada. La ley Sinde está en el BOE, aunque falte su reglamento. Es fundamental sacarla de ahí, mantener la presión. Y es indispensable mantener la presión para exigir al gobierno entrante que, haciendo caso a la opinión de muchas personas del partido y, en particular, de sus Nuevas Generaciones, deroguen la ley lo antes posible e inicien un proceso de profunda revisión de los conceptos de base de la propiedad intelectual. En Europa aparecen cada vez más voces en favor de consagrar la libertad en la red y de restaurar el copyright para que proteja a los autores, en lugar de convertirse en una herramienta de persecución y criminalización: en España debemos avanzar en esa misma dirección. La desastrosa gestión de la propiedad intelectual en España nos ha llevado a cosas como los escándalos de corrupción en la SGAE: es el momento de cambiar el rumbo. Y el cambio de rumbo empieza con la derogación de la ley Sinde.

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Darwinismo digital, en Expansión

Mi columna de esta semana en Expansión se titula “Darwinismo digital“, y está dedicada a las declaraciones de Esteban González Pons en la Asociación de Editores de Diarios Españoles, AEDE, un foro que conozco muy bien.

Unas declaraciones en las que deja claras las intenciones de su gobierno con respecto a la red: seguir subvencionando y alimentando modelos de negocio antiguos que se niegan a adaptarse al entorno. Frente a la estupidez de quienes afirman que no se puede vivir de la publicidad, la prueba clara de negocios como la televisión, que llevan años y años viviendo precisamente de ella. Frente a la tontería de decir que “en internet creemos que todo es gratis“, la evidencia de negocios que consiguen que en la red se pague por sus propuestas. No es que internet no permita el modelo de pago, es que hay que ofrecer propuestas que generen el suficiente valor como para que los usuarios quieran pagar por ellas. Menos subvenciones y prebendas, y más aprender a competir como todo el mundo. Lloriquear no es un modelo de negocio. Los negocios no se protegen con subvenciones y privilegios, y menos si hablamos de una prensa demasiado sensible al quién paga sus facturas.

A continuación, el texto completo del artículo:

 

Darwinismo digital

En las que son prácticamente sus primeras declaraciones desde que su partido ganó las elecciones, Esteban González Pons ha rizado el rizo de la inoportunidad y el absurdo al dorar la píldora a los editores de diarios españoles prometiéndoles "ayudas para encontrar su evolución hacia un nuevo modelo de negocio".
¿Ayudas? ¿Para qué? ¿Qué justifica que un gobierno otorgue prebendas, subvenciones o privilegios a empresarios incapaces de adaptarse a su entorno? ¿Realmente alguien cree que ese dinero público puede salvar de alguna manera a quienes lo reciben? Axioma absoluto de la economía: subvencionar a los participantes en una industria hace que  reduzcan automáticamente su incentivo para cambiar, para adaptarse. ¿Para qué adaptarse, si les subvencionan el no hacerlo? En el caso de la prensa, además, la intervención estatal es todavía más peligrosa, porque apoya el aparición del clientelismo.

Dice González Pons que "tendemos a creer que lo que está en internet, sólo por el hecho de estar, puede ser gratis" y que " tenemos que colaborar para que internet de pago sea una realidad en España". Me da pánico la patente revelación de ignorancia digital de estas declaraciones. Primero, en internet hay numerosos modelos de pago que funcionan perfectamente: solo hay que saber adaptarse a la demanda de los clientes,  ofrecerles algo por lo que estén dispuestos a pagar. Segundo, ¿y qué si hay modelos de negocio en torno a lo gratis? ¿No es y ha sido gratis durante muchísimos años la inmensa mayoría de la televisión? ¿Se imaginan al señor González Pons despotricando contra "la televisión gratis" y exigiendo que "la televisión de pago sea una realidad en España"? ¿Que no se puede vivir de la publicidad? Pues aprendan a hacer publicidad.

Los periódicos, como todos los negocios, nacen y mueren. Nacen los que ven oportunidades, mueren los que no saben adaptarse. Puro darwinismo: natural y saludable. Dejémonos de tonterías e intervencionismo estatal, y aprendamos de la red.

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LA RED RESISTE

Hace exactamente dos años tuvimos conocimiento del anteproyecto de Ley Sinde. Gran parte de la ciudadanía señaló de inmediato su rechazo en las redes a través del #Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en Internet”. En estos 24 meses el debate social sobre esta iniciativa ha sido intenso y ha aglutinado a ciudadanos y organizaciones preocupados por la merma de derechos y libertades. Ahora, pocos días después de haber sido deslegitimado por las urnas, un gobierno moribundo pretende aprobar el reglamento que desarrolla esta ley en abierta connivencia con el gobierno entrante.

La Ley Sinde tendrá numerosos efectos indeseados: al introducir una fuerte inseguridad jurídica en la regulación de Internet, se dificulta gravemente la actividad de los emprendedores tecnológicos que el Partido Popular pretende que contribuyan a reactivar la economía. La redacción de la Ley Sinde señala claramente que se aplica a todos los servicios de la sociedad de la información; no deben confundirnos los mensajes que afirman que su única razón es la de cerrar webs de descargas. Nada es peor para el crecimiento de un mercado que la inseguridad de no saber si al día siguiente un negocio puede ser cerrado por la aplicación arbitraria de una norma en manos del gobierno de turno.

El panorama de la propiedad intelectual en nuestro país es atroz: la Embajada de los Estados Unidos ha impuesto la aprobación de la Ley Sinde, el canon digital a empresas y administraciones fue declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea pero tras año y medio se sigue pagando, los antiguos dirigentes de la SGAE -siempre defendida por el Ministerio de Cultura- se hallan imputados en la Audiencia Nacional por el saqueo generalizado del dinero de los autores. Este panorama cuadra con el general: una corrupción política extendida y no censurada en las urnas, unida a la subordinación de la democracia a los intereses de unos pocos con nombres y apellidos a los que sin embargo se les llama "mercados".

Sólo con inteligencia, diálogo y trabajo se pueden resolver los actuales retos de la propiedad intelectual y comenzar a construir una salida a la preocupante situación económica actual. Como el Tribunal Europeo de Justicia, entendemos que la tensión entre la propiedad intelectual y la libertad de empresa, el derecho a la privacidad y el derecho a recibir o emitir información ha de resolverse en favor de estos tres últimos derechos. Será la única manera de crear riqueza y de mantener las libertades que tanto ha costado conseguir.

Frente a la arbitrariedad, la defensa histórica de la ciudadanía ha consistido en asegurar la garantía de los derechos fundamentales sustrayéndolos de la política, esto es, de los poderes de la mayoría y del mercado: se trata de derechos inviolables, indisponibles e inalienables.

Los gobiernos van y vienen. La red resiste.

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Un gobierno en funciones no puede aprobar hoy la ley Sinde

Ante la previsible aprobación dentro de unas horas de la polémica "Ley Sinde", los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando – como hicimos en el Manifiesto de 2 de diciembre de 2009 – nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet. En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks. En todo caso insistimos en estos razonamientos:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Pásalo. Publícalo.

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01 diciembre 2011

Caracterizando tu red social mediante el correo electrónico

El uso del correo electrónico como forma de alimentar contactos e una red social no es algo nuevo: de mejor o peor manera, ha sido y sigue siendo utilizado desde el principio de los tiempos en la web.

Entre el burdo spam que practicaban Hi5 y otros pidiendo autorización de forma deliberadamente ambigua para asaltar a toda aquella persona con la que hubieses cruzado un correo alguna vez, y los métodos algo más sutiles y respetuosos de otras redes, media en realidad muy poca ciencia: tomar tu bandeja de entrada y suponer que todo aquel contacto que figure en ella un cierto número de veces debe ser, de alguna manera, amigo tuyo.

El criterio de frecuencia puede ser un indicador, pero obviamente, no es perfecto: puedes cruzar correos por razones profesionales, coyunturales y de todo tipo con personas que, seguramente, no tendrías interés en una red social. Separar entre familia, amigos, conocidos, colegas profesionales, etc. es una tarea que, indudablemente, se podría beneficiar del uso de más o mejores indicadores.

Vía Slashdot llego al trabajo de dos investigadores, Brian Uzzi y Stefan Wuchty, que han desarrollado un análisis en el que consideran, además del volumen de correo que dos personas cruzan entre sí, una variable adicional: el tiempo que cada persona tarda en responder a ellos. Su estudio, “Human communication dynamics in digital footsteps: a study of the agreement between self-reported ties and email networks“, demuestra una mejora sustantiva en la cualificación de las relaciones personales: estudiar la bandeja de entrada de una persona y ver a quiénes contesta de manera más rápida es un método mejor para caracterizar sus relaciones que simplemente la frecuencia. La tarea de separar entre amigos, colegas de trabajo y conocidos frente a lo que la persona ha declarado resulta más eficiente.

Además de tener implicaciones en los métodos que las redes sociales proponen para la construcción de la red de un usuario, el estudio puede tener consecuencias de cara, por ejemplo, al estudio de los procesos de comunicación viral, particularmente si se introducen en él otros canales de comunicación como las propias redes sociales: ¿Contestamos más rápido a través de Facebook, Twitter o Google+ a aquellas personas que entran en nuestra consideración de amigos? Descontada una línea basal que recoja el cómo de liado vas en un momento dado, algo sencillo si consideramos los tiempos de respuesta como una serie temporal, es posible que así sea.

Y ahora, te toca ponerte a pensar: ¿a quiénes contestas correos electrónicos más rápido? ¿Quiénes te los contestan más rápido a ti? ¿Te resulta de alguna manera significativo?

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