07 diciembre 2011

El enemigo equivocado

Pocas cosas me llaman más la atención que el espectáculo de ver a una serie de creadores y personas de eso que se ha dado en llamar “la cultura” equivocándose completamente a la hora de escoger enemigo.

Ayer, un grupo de estas personas decidieron ponerse de acuerdo para hacer team-trolling en mi página de Facebook. Por alguna razón, debieron pensar que yo era algún tipo de “amenaza” para ellos, y allá se fueron, a hacer inventario, una por una, de todas las falacias habituales: que si la cultura va a desaparecer, que si se pierden puestos de trabajo, que si no robarías un coche, que cómo puedo yo cobrar por mis clases…

¿Cómo pueden no darse cuenta de que ese “enemigo” que tan mal han escogido es precisamente el que necesitan para que su negocio funcione? ¿Qué negocio es ese que espera triunfar insultando a sus potenciales clientes y exigiendo la aprobación de leyes para perseguirlos? A ver, pongamos las cosas claras, en mayúsculas y negrita: LA ÚNICA MANERA EN QUE LOS CREADORES DE CONTENIDOS DE CUALQUIER TIPO PUEDEN GANAR DINERO ES ESTABLECIENDO UNA BUENA RELACIÓN CON SUS POTENCIALES CLIENTES. ¿Puede establecerse algún tipo de buena relación mediante insultos, descalificaciones, exabruptos o peticiones de leyes persecutorias? ¿De verdad espera algún creador que tras la hipotética aprobación de la ley Sinde o alguna ley de similar propósito, los usuarios digamos “bueno, ya está, se acabó, vamos a consumir contenidos de esos que nos han estado insultando y persiguiendo”? ¿De verdad espera Trueba que yo vuelva a ver una película suya? ¿O Alejandro Sanz que tenga sobre él alguna opinión positiva? ¿Pretende Rosario Flores, la mentirosa del “nos morimos de hambre”, que yo en algún momento pague por un concierto o por música suya? ¡Si lo único que ha conseguido es que cambie de emisora de radio si la ponen, por favor… un poco de sentido común!

El cliente potencial nunca, nunca, nunca puede ser el enemigo. Si lo ves como tal es que te están engañando, te están utilizando. Estás actuando como infantería de primera línea de intereses que no son los tuyos. ¿Te parece mal que alguien entre en un cine con una cámara, grabe una película y la suba a la red? (a mí también, y considero que eso es delincuencia sin paliativos)? Pues ten en cuenta lo siguiente: que está demostrado, aunque no tengo la autorización para dar datos concretos de películas específicas, que eso no provoca un descenso real en la venta de entradas. Que cuando una mafia (no tiene otro nombre) contacta a un productor para intentar extorsionarlo a cambio de retrasar la publicación de una copia cutre hecha con cámara en un cine, en realidad está jugando con el factor miedo, no con una amenaza real cuantificable. Y lo digo con datos de Rentrak en la mano. La explicación es simple: quienes ven una copia cutre screener con mal sonido y temblores de cámara, no iban a gastarse dinero en ir a verla a una sala. No son tu público.

Pero sobre todo: que si no quieres que un tipo se vaya a una sala de cine, haga una copia de tu película y la suba a la red, ¡ponla tú mismo! ¿Qué pasaría si se estrenase a la vez en las salas y en la red? Ah, que no se puede, que los contratos, que las majors, que el sursum corda… ¡Pues esos, los que te impiden abastecer una demanda que ciertamente existe, son tus enemigos, y no nosotros! Está completa y fehacientemente demostrado que los únicos países donde las descargas irregulares descienden son aquellos donde florece un mercado eficiente de alternativas de consumo: pago por película, tarifa plana, gratuito financiado con publicidad… lo que se te ocurra. ¿Por qué no funcionan las alternativas que hay, me preguntas clavando en mi pupila tu pupila azul? Pues muy sencillo: porque en casi todos los casos son enormemente inferiores a la experiencia que proporciona el P2P. Por ejemplo, carecen de un catálogo en el que el usuario pueda encontrarlo todo. Y si no puedo acudir a una sola fuente, porque aunque pague no voy a encontrar lo que quiera, ¿de verdad esperas que me anime a pagar? Pero contéstame tú: ¿qué hace que esos sitios no tengan catálogos completos? Lo sabes perfectamente: la falta de acuerdo con las productoras, las distribuidoras, o la absurda intención de preservar algo tan insostenible en un mundo global como las ventanas de distribución. ¿De quién es la culpa? De las majors, de los intermediarios, de los que viven de explotar derechos de autor que luego, en lugar de repartir entre los autores, se funden en juergas repletas de prostitutas. De esos. Esos son vuestros verdaderos enemigos. No nosotros.

Nosotros solo queremos acceder a vuestras obras, muchas de las cuales apreciamos, en condiciones razonables. Solo queremos respeto, planteamiento de alternativas lógicas, cómodas, razonables. Queremos que no nos insultéis, que no nos llaméis “piratas”, ni “ladrones”, ni “ganapanes”, ni nos menospreciéis. Que no nos torturéis con absurdos sistemas de DRM que restringen mi posibilidad de usar el producto por el que he pagado. El enemigo no soy yo, el enemigo es el que te obliga a poner un estúpido cartel al comienzo de tus películas ¡INSULTANDO A LOS QUE NOS HEMOS GASTADO EL DINERO EN VERLAS! ¿No os dais cuenta de lo absurdo de la situación?

Creedme, se pueden hacer las cosas bien. Puedes hacer como el guionista de “Polseres Vermelles“, Albert Espinosa, que en la presentación de su obra en Madrid comentó que ojalá la versión norteamericana de la serie, cuyos derechos ha adquirido Steven Spielberg, fuese muy descargada en todo el mundo. Albert sabe perfectamente que cuanta más gente se descargue su serie, más gente hará de embajadora de la misma, más gente hablará de ella, más gente la querrá ver, y mejor funcionará. Las series y las películas más descargadas son las que más dinero ganan. Los artistas más famosos y exitosos hoy en dia no son los llorones que dicen que “se va a acabar la música” o “nos morimos de hambre”, esos curiosamente suelen ser los que mejor parados salían de repartos arbitrarios de los derechos de autor. Los que más ganan son los que no se quejan de que sus vídeos sean muy vistos en YouTube, los que no protestan porque sus discos sean récord de descargas, sea en la plataforma que sea.

Haz como Alex de la Iglesia, que tras hablar con nosotros cayó en la cuenta de por donde van las cosas y escribe en Twitter cosas como estas, oponiéndose frontalmente a una ley Sinde por la que llego al punto de dimitir de su cargo. Como El Cosmonauta, que se producen con el dinero que les adelantan unos futuros espectadores convertidos en accionistas. O como esta buena gente, que pide abiertamente “que se nos facilite a los autores la caña de pescar, no la raspa de la sardina”, y “que la cultura no sea tan cara por culpa de los intermediarios”, como también dice otro que yo me sé. Podría citar más ejemplo, muchos más, solo he puesto los que tenía ahora mismo más a mano. Cada vez más ejemplos. Cada vez más creadores que se dan cuenta de que sus enemigos no somos nosotros, que nosotros somos sus potenciales clientes, y que los verdaderos enemigos son otros. Autores que ven que no son ellos los que influencian a los políticos, sino que son fuerzas mucho más oscuras que tienen otros fines. Que años y años de gestión de los derechos de autor no han llevado a la inmensa mayoría de esos autores a ganar más, sino a terminar financiando las juergas y los caprichos de la SGAE. Caed de la burra, y empezad a caminar en la dirección que marcan los tiempos, en la que marca Europa, en la que de verdad intenta que los derechos de autor sirvan para lo que deben servir: para reconocer y remunerar al autor, no como una herramienta de censura y restricción en manos de intermediarios.

Nosotros no somos el enemigo. Es más, muchos somos creadores también, y nos sentimos como tales.

Pensadlo. Por favor.

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06 diciembre 2011

#cuatrotuiteros: cuando los políticos ven que las tornas han cambiado

Unas absurdas declaraciones de Joan Navarro, Vicepresidente y Director Senior de Asuntos Públicos de Llorente y Cuenca hechas en El País, en las que se reconoce como “uno de los principales impulsores de la ley Sinde”, y califica a los que nos oponemos a dicha ley de “cuatro twiteros con el apoyo de unos pasmados medios de comunicación”, desencadenan una tormenta en Twitter que lleva a que la etiqueta #cuatrotuiteros se convierta, en un tiempo récord, en trending topic a nivel mundial. La cuestión, la verdad, no tenía desperdicio: en un solo y desafortunado texto, Navarro conseguía el récord de insultar a los que se oponen a la ley Sinde, a los medios y a los políticos; y de mentir con respecto al apoyo de la UE, el Consejo Fiscal, el CGPJ y el Consejo de Estado.

El tema, recogido por medios como El Economista, La Información, GQ, Nación Red, El Semanal Digital, El Referente o ADSLZone, llama la atención por su valor como indicador: el trending topic #cuatrotuiteros subió en menos de una hora, fue completamente distribuido, y se mantuvo en la lista de temas para España durante el resto del día, con picos de más de dos mil actualizaciones a la hora. La evidencia es clara: los que son cuatro, son ellos. Los defensores de la censura, de los procesos que incumplen la tutela judicial efectiva, de las represalias por vía de comisión administrativa, de la indefensión jurídica, los cómplices de los infinitos escándalos de corrupción de la SGAE. Los que se llenan la boca al decir “eso es delito” aunque los jueces, que son quienes realmente deben definirlo en un estado democrático, insistan en que no hay delito de ningún tipo. Ellos sí que son cuatro, y cada día más aislados.

Por mucha llegada a los políticos que tengan, la evidencia es clara: son muy pocos, y son muy mala compañía. Si todo lo que puedes hacer por tu causa es poner titulares ruidosos en los diarios de tu propiedad y contratar a conseguidores y a lobbistas “expertos en comunicación”, es que a tu causa tiene poco que defender, porque sencillamente, es indefendible. Y ahora, además, sabemos que van completamente a contracorriente: ni el tribunal de justicia europeo, ni la comisaria Kroes, ni el estado suizo, ni el austríaco, ni una cantidad cada vez mayor de políticos amantes del sentido común aprueban que los derechos de autor sirvan, en lugar de para reconocer y remunerar a los autores, para enriquecer a los intermediarios que los explotan y para criminalizar absurda e inútilmente a la ciudadanía. Llega un punto en que ni las sobadas amenazas de la embajada de los Estados Unidos con una “Lista 301″ más falsa que un euro de madera surten efecto, porque sabemos que por grandilocuente que suene, la Lista 301 no es más que una herramienta hecha por la industria para reclamar a los estados una legislación más favorable, más prebendas y más privilegios. Por no ser, ni siquiera es cierto que la cultura aporte a nuestro PIB lo que algunas dicen que aporta (y es más, podría aportar bastante más si se pudiese popularizar más gracias a una legislación de propiedad intelectual más adecuada). El PIB que genera internet es mucho más estratégico e importante.

¿Los argumentos de la contraparte? Los de siempre. Todos esos tópicos manidos sobre “el todo gratis”, “la música que se muere”, “hay que proteger la cultura”, los parásitos”, “la piratería”, “la pérdida de puestos de trabajo”, “no robarías un coche”… igual de falsos y falaces que lo han sido siempre. Acabo de tener un ataque coordinado de team-trolling en mi página de Facebook, y ha sido exactamente eso: ni un solo argumento nuevo o mínimamente creíble, solo la basura habitual. Está claro: mientras a los defensores de la visión renovadora de la propiedad intelectual, el tiempo nos va dando indefectiblemente la razón, los de la caverna del copyright no han hecho sus deberes y siguen con los mismos argumentos desacreditados de siempre.

La ley Sinde era un engendro jurídico, una basura liberticida de primer nivel. Lo que hay que hacer con la ley Sinde no es reglamentarla, sino derogarla. Tirarla a la basura. Porque una amplísima mayoría de la sociedad española, además de juristas, economistas, profesores, políticos, directores de cine, el Tribunal Superior de Justicia Europeo, la Comisaria Europea para la Agenda Digital, los estados suizo y austríaco, y hasta alguno más de #cuatrotuiteros exigen que así sea.

Que la ley Sinde y las libertades en la red son casus belli para la ciudadanía ha quedado más que demostrado, por si no lo estuviese ya conociendo el papel central que jugó dicha ley en el inicio de los movimientos que devinieron en el llamado 15M. La resistencia sigue ahí: no solo somos muchos más que ellos, sino que además, nos acompañan la razón y los argumentos. Veremos como aplica su buen juicio el gobierno entrante en este tema.

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Hablando sobre difamación, en la BBC

Margarita Rodríguez, de la BBC, me envió un correo y me llamó por teléfono para preparar un artículo sobre la difamación en internet, que ha publicado hoy bajo el título “¿Qué hacer si alguien lo difama en internet?“.

Mis respuestas fueron encaminadas a dejar claro que internet no es un medio diferente en modo alguno a otros en cuanto a la consideración de la difamación, y que las únicas diferencias se deben a la facilidad para la difusión de la información y a los efectos que puede provocar una acción determinada.

A continuación, como hago habitualmente, el texto completo del intercambio que mantuvimos por correo:

P. ¿Qué debemos hacer si sentimos que hemos sido difamados en internet? ¿Con qué herramientas contamos?

R. La difamación es un delito, y como tal debe ser perseguido, tenga lugar dentro o fuera de la red. La única diferencia en este caso es la capacidad de la red para dar lugar a procesos de comunicación viral: mientras fuera de la red, la repercusión de una demanda por difamación por un tema determinado suele tener un recorrido limitado, en la red las cosas funcionan de manera diferente.

En el año 2003, un matrimonio, fotógrafo él y piloto de helicóptero ella, que estaban haciendo una catalogación intensiva y en alta definición de la costa californiana por motivos ecológicos, fueron demandados por Barbra Streisand porque en una de las más de doce mil fotografías de su colección publicadas en su página web aparecía la mansión de la cantante en Malibú. La demanda, que solicitaba compensación de daños por cincuenta millones de dólares, dio origen a una fortísima viralización de la información: una fotografía que de manera natural habrían llegado a ver poquísimas personas (¡en el medio de una colección de más de doce mil!) y menos aún habrían identificado, fue gracias al ruido generado, vista por muchísima gente, dando origen a lo que se ha dado en llamar “efecto Streisand“. La cantante, además, perdió la demanda.

Lo importante en la red es medir este tipo de cuestiones. En muchas ocasiones, una difamación es lo suficientemente leve o lo suficientemente insignificante en su repercusión como para que no compense correr el riesgo de generar un posible efecto Streisand, y sea más práctico dejar pasar el tema. Por supuesto, cuando un tema es suficientemente grave que compense incluso llamar la atención sobre él, es perseguible de la misma manera que fuera de la red: se identifica al autor – es complejo, pero rara vez imposible – y se actúa contra él. Pero debemos superar la tendencia a que por el hecho de que lo veamos en una pantalla, pensemos que la cuestión es “gravísima”: en la red hay billones de páginas, y cosas que a nosotros nos parecen gravísimas pueden pasar perfectamente inadvertidas. En muchas ocasiones es mejor dirigirse al autor y solicitar educadamente y de forma no directamente amenazadora una corrección de la información – y en ese caso, documentando toda correspondencia que tenga lugar – y solo tras una hipotética negativa, optar, si se estima necesario, por la vía legal. Mucho cuidado con los “gatillos rápidos”: cosas que parecen una difamación pueden resultar en ocasiones opinables, discutibles o simplemente entrar dentro de la libertad de expresión. Si no se tienen garantías de ganar el caso o el tema tiene un recorrido limitado, puede ser mucho mejor dejarlo estar, no hacer nada, u optar por una acción de perfil bajo.

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05 diciembre 2011

En Radiocable, hablando sobre la ley Sinde

El pasado día 2 me llamaron de Radiocable para hablar del reciente episodio de la ley Sinde en el consejo de ministros, y sobre todo, para ver qué tipo de cosas nos podría traer su posible evolución futura bajo la batuta del Partido Popular. Es una conversación de alrededor de cuatro minutos y medio, titulada “Hay que mantener la presión sobre el PP contra la Ley Sinde“.

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LinkedIn y Twitter no mezclan bien (con reservas)

Terminada la encuesta en LinkedIn acerca de mis actualizaciones de Twitter y del blog, el resultado final es favorable al mantenimiento de las entradas del blog, pero a la retirada de las actualizaciones de Twitter. Varias personas me habían pedido que publicase los resultados, así es que ahí están. El resultado, en cualquier caso no resulta demasiado significativo: un índice total de respuesta inferior al 5% sobre el total de personas en mi red (habitual en este tipo de encuestas, en cualquier caso, según me cuentan) y un 52% a favor de la opción ya comentada.

Los matices vienen de un 43% de personas que han comentado que preferían que la presencia se mantuviese como estaba. En función de ese reparto, y siguiendo las sugerencias de algunos comentarios a la encuesta, mantendré activado el feed de Twitter para poder enviar a LinkedIn aquellas actualizaciones en las que incluya las etiquetas #in o #li, aunque tampoco estoy seguro de hasta qué punto me acordaré de hacerlo cuando sea pertinente.

En cualquier caso, gracias a todos por las opiniones y la participación.

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04 diciembre 2011

Los estranguladores de la cultura vuelven con las mentiras de siempre

Tras el episodio del fallido intento de aprobación in extremis de la ley Sinde, el gremio de estranguladores de la cultura incrementa su presión, recurriendo con incansable reiteración a los mismos argumentos falsos de siempre. La demencial portada de La Razón, el medio propiedad de un editor que ha pedido abiertamente que se persiga a sus clientes, no es más que una evidencia más de hasta qué punto se pueden perder los papeles.

Tras considerar amortizado al gobierno saliente (ojo, en cualquier caso, al último consejo de ministros), los ataques se centran ahora en el gobierno entrante, que se está viendo literalmente asaltado desde dentro y fuera de España por presiones de todo tipo destinadas a obtener una legislación que permita a los que se dedican a explotar a los autores mantener sus negocios.

Son los de siempre: editores, discográficas, lobbies de todo pelaje… los que antes de internet manejaban los canales de distribución, retenían el 90% del precio del producto, se atribuían de manera completamente injusta el valor generado por los verdaderos creadores, influenciaban a los políticos para poner las leyes a su antojo… los mismos que consiguieron que les entregasen el dinero de los ciudadanos en forma de un canon a todas luces ilegal, y los que se dedicaron además a llevárselo crudo en escándalos de corrupción que ya conocemos, sin contar los que nos quedan por conocer. Los que negaron el informe de la Comisión Nacional de la Competencia que alertaba contra lo malo que era que ejerciesen un monopolio, y llegaron a pedir la recusación de su presidente. Los que insultan a los ciudadanos, los que difaman a nuestro país, los que difunden estudios manipulados y falsos para perjudicar la imagen de España, los que amenazan con una lista 301 que no es más que lo que se inventa su patronal. Esos, los de la SGAE y los que sabían perfectamente lo que allí se cocinaba, son los que ahora pretenden influenciar al gobierno. ¡Menudas compañías!

Las cosas, mira tú por donde, están cambiando. A lo que realmente debería hacer caso el gobierno entrante no es a los que, tras años de campar a sus anchas, nos dejaron el panorama de la SGAE. Debería, en realidad, echar un ojo al recientísimo informe del World Economic Forum: en él, se deja perfectamente claro que España NO TIENE un problema de propiedad intelectual, por muchos estudios manipulados que presenten. La posición de nuestro país en el ranking de protección a la propiedad intelectual es la cuarenta y dos, un 4.3 sobre 7, un aprobado más que holgado, en el tercio superior de la clasificación de los ciento trenta y nueve países objeto del estudio. Ya está bien de tremendismo, de cinismo, de pintar a los españoles como delincuentes con pata de palo y loro en el hombro, y afrontemos la realidad: los últimos años, España se ha visto notablemente perjudicada en su imagen internacional debido a la constante difusión de falsedades destinadas a incrementar la presión sobre el gobierno, con el fin de obtener del mismo una legislación más favorable a la industria de explotación del copyright. Es España no se descarga significativamente más que en otros países. No hay un problema de propiedad intelectual, lo que hay es una caterva de sinvergüenzas sin escrúpulos dispuestos a que lo parezca. Una industria que lleva, no lo olvidemos, más de cien años MINTIENDO.

Pero vamos más allá: no solo es que en España no se descargue más, es que, además, LAS DESCARGAS NO SON UN PROBLEMA. No lo digo yo, lo dice un país tan poco sospechoso de manipulación y tan respetuoso de la propiedad ajena como Suiza. En el país helvético, tras llevar a cabo un riguroso estudio acerca del impacto de las descargas, se ha tomado la determinación de mantener la legislación vigente que considera perfectamente legales las descargas para uso personal, porque su impacto no perjudica a la industria.

Todo ello en un contexto en el que, además, disponemos de evidencias cada vez más patentes de que intentar “proteger” a la industria contra la “supuesta amenaza” que dicen ver en las descargas redunda indefectiblemente en una amenaza a los derechos fundamentales de los ciudadanos en su conjunto. Es decir, que además de exigir una protección que no merecen (recordemos que la protección NO ES para los artistas y creadores, sino para las industrias que los EXPLOTAN), pretenden que esa protección se les proporcione a expensas de los derechos fundamentales de todos. Algo con lo que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ya ha mostrado su desacuerdo, con una sentencia definitiva que prohíbe que las operadoras filtren Internet para evitar descargas ilegales. Los derechos fundamentales de los ciudadanos están por encima de una propiedad intelectual que, sencillamente, ha perdido su sentido porque, como certeramente afirma Neelie Kroes, Comisaria europea para la Agenda Digital, ya no se usa para proteger o reconocer a los artistas, sino como una herramienta de censura, persecución y extorsión en manos de la industria.

Lo que el nuevo gobierno tiene que hacer, dadas estas circunstancias, es deshacer los errores cometidos por el gobierno anterior, derogar una ley que va abiertamente en contra de la reciente normativa europea, e iniciar una reevaluación del concepto de propiedad intelectual a la luz del nuevo entorno. Volviendo al informe del World Economic Forum, si el nuevo gobierno quiere prioridades, que se preocupe por las siguientes evidencias:

Y si de verdad quieres una economía que genere valor, nuevos negocios, ideas creativas y que te ayude a salir de la crisis, ya puestos podrías preocuparte por cuestiones como estas:
El gobierno que entra tiene ante sí muchos y muy importantes desafíos. Pero entre ellos, uno no menos importante: no dejarse influenciar por agoreros, mentirosos e interesados (o en algunos casos, por presuntos delincuentes) que amenazan con todos los males del apocalipsis por cosas que ya hemos comprobado que son FALSAS, y resistir a las presiones de un país como Estados Unidos, que ya ha demostrado abiertamente que prefiere hacer caso a su mentirosa industria de contenidos por encima de las libertades de sus ciudadanos, y que va completamente en contra de la dirección que estamos tomando en Europa en ese sentido.
Por favor, que impere el rigor y el sentido común.
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99th Problem

 

Un poco de hip hop para animar el domingo. Si para terminarlo quieres acercarte al cine, vete a ver In Time, de Andrew Niccol, que también tiene su buena carga de ideas con respecto al revisionismo del capitalismo.

Nunca los movimientos que cuestionaban el status quo tuvieron tanta capacidad para expresarse, para coordinarse, para difundir su opinión. Te creas en el 99% o en el 1%, algo está cambiando. Y la cosa solo puede ir a más. Si lo ignoras, hazlo a tu propio riesgo.

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