10 junio 2012

Fitbit: tres semanas y siete kilos menos después?

Por principio, jamás comprometo una entrada en el blog a cambio de recibir un producto determinado, pero no renuncio a publicar sobre ello cuando el uso de dicho producto me sorprende o me provoca algún tipo de reflexión que considero interesante compartir. Cuando a principios de mayo me contactaron de una empresa de comunicación para invitarme al evento de lanzamiento de Fitbit, al que no pude ir, comenté que había estado escribiendo acerca de la tendencia del “quantified self“ y que me interesaba probar el producto, y amablemente me enviaron uno. Desde el día que lo recibí, el 22 de mayo, ese cacharrito con forma de clip de unos cinco centímetros y que cuesta unos cien euros ha estado acompañándome, sujeto en algún lugar de mi ropa, prácticamente todo el tiempo. Y el resultado me parece bastante interesante. También he visto otro reportaje completo e interesante de Javier Martín y Laia Reventós en El País, “El cuentapasos Fitbit“.

El dispositivo es la segunda generación de un cuentapasos digital con acelerómetros 3D, reloj y cronómetro, y un altímetro que mide el esfuerzo de los pasos en altitud como la subida de escaleras. Sencillo y minimalista: un botón, y una pequeña pantalla integrada donde puedes consultar en cada momento los totales del día (pasos, metros, calorías, escalones y cumplimiento de objetivos), o ir viéndolos avanzar mientras caminas. Se coordina con una base inalámbrica en la que encaja y con la que se comunica cuando estás a menos de cuatro metros de tu ordenador, con una banda de tela para llevarlo en la muñeca por la noche, y con una página muy completa en la que recoge y reporta las actividades.

La sensación, una vez que empiezas a llevarlo, es de control total. Imagino que habrá quien llegue a obsesionarse con ello, mi caso ha sido más el de tratar de probarlo con cierto rigor mientras aprovechaba para quitarme algo de peso que decididamente me sobraba, pero sin perderme la ocasión de probar una comida o hacer algo que me guste. Sin embargo, una cosa es tratar de perder peso o de mantenerte sano sin más, y otra hacerlo contando con una retroalimentación constante y precisa que funciona como estímulo positivo.

¿Qué partes me han encantado? La parte de alimentación. La posibilidad de introducir lo que comes y bebes a lo largo del día y ver cómo tu evolución del balance calórico contribuye a tus objetivos establecidos de pérdida o mantenimiento de peso. Me marqué un objetivo agresivo, bajar algo más de nueve kilos antes de mediados de julio, y parece que por el momento voy bastante bien encaminado. Además, Fitbit tiene un módulo social para ver la evolución de aquellos amigos con los que quieras compartirlo, y se comunica con otras aplicaciones, como Endomondo, que puedes usar para hacer seguimiento de tus actividades deportivas. En mi caso, el uso de Fitbit me estimuló para volver a salir a caminar (camino muy rápido pero no corro, porque tiendo a romperme por diferentes sitios, fruto del tiempo… que hace que nací, me temo). La introducción de alimentos no es perfecta porque aún tiene la base de datos de alimentos norteamericanos, pero dado que viví cuatro años allí y en una época en la que me cuidaba bastante y miraba habitualmente las etiquetas, no me supone demasiado problema encontrar un producto similar al que busco. También se puede introducir el producto y los datos de su etiqueta, cómodo para aquellos alimentos que consumas regularmente. A partir de ahí, puedes ver a lo largo del día la evolución de tu ingesta frente a tu gasto calórico, además de muchas variables más. El reporting de actividad es completísimo y buenísimo, una combinación de simplicidad y compleción verdaderamente bien hecha. La parte de sueño es, cuando menos, interesante porque mide la actividad durante la noche y la calidad del sueño mediante un cronómetro que activas al meterte en la cama y desactivas al levantarte, aunque en mi caso no me dijo nada que no supiese: que duermo muy poco pero de manera absolutamente eficiente, siempre por encima del 98% de aprovechamiento.

¿Qué no me ha gustado? La base inalámbrica me parece un cacharro inútil e incómodo. Si quiero sincronizar el Fitbit durante el día, tengo que llevármela en un bolsillo, algo decididamente poco conveniente cuando llevas una vida muy movida. Espero que en la siguiente versión incorporen un módulo de comunicación que permita su sincronización directa con un ordenador o con un teléfono móvil, en lugar de un periférico adicional. La sincronización con otras aplicaciones, en algunos casos, origina una duplicación de la actividad que hay que tener en cuenta y descontar manualmente. Molestias, en cualquier caso, no especialmente graves considerando la propuesta de valor del cacharrito.

La palabra que define la experiencia es una muy clara en mayúsculas y negrita: CONTROL. Sensación de control total sobre las variables que decidas controlar de cara a tu objetivo o a tu mera curiosidad. Puedes introducir datos como peso y porcentaje de grasa (tengo desde hace bastantes años una báscula Tanita que me los da, o puedes adquirir una báscula WiFi de Fitbit, Aria, que cuesta unos 120 € y se coordina con el sistema), así como presión arterial, frecuencia cardíaca, medidas corporales, índice de glucosa, o hasta definir tus propios índices. Que este nivel de control lleve a algunos a convertirse en auténticos control-freaks o a caer en situaciones poco recomendables como el ayuno temporal, no lo sé. Pero utilizado con el adecuado nivel de pragmatismo, a mí me está encantando. Si estoy en casa, mantengo obviamente hábitos más controlados y regulares. Si estoy fuera, como este fin de semana, procuro cortarme un poco en las cantidades o alimentos que ingiero, y llevar registro de mi actividad, que dada la tendencia de mi mujer a batir récords de caminata por aquellas ciudades que no conocía, no me supone una gran diferencia con respecto a los seis o siete kilómetros que camino habitualmente. En cuanto al objetivo de pisos subidos, llevo muchos años evitando los ascensores dentro de lo razonable, así que lo cuadruplico fácilmente todos los días.

No me he separado del Fitbit ni un momento salvo para ducharme (no se puede mojar), he pasado con él prendido en el cinturón hasta los controles de los aeropuertos (no pita en el arco detector) y me he acostumbrado a dejarlo cargando en su base cuando estoy un rato delante del ordenador, aunque la batería da la impresión de durar eternamente (no lo he visto descargado más de un 70% en ningún momento). En resumen, un “quantified self” sencillo, de uso agradable, y con unas posibilidades que me han parecido impresionantes. Para mí, una “operación bikini” que me ha llegado justo en el momento perfecto del año :-) y, más importante, una sensación de haberme habituado fácilmente a un nivel de control que me gustaría seguir manteniendo a partir de ahora. Lo que dicen que es verdaderamente bueno: no ponerte a régimen, sino hacer cambios razonables en tu estilo de vida. Una experiencia verdaderamente positiva. Seguiremos informando.



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09 junio 2012

Hablando sobre empresa y web social, en Estrategia Empresarial

El pasado mes de abril estuve en San Sebastián en el Foro Eurogap Marketing, hablando de estrategia de web social para empresas de todo tipo, de si tenía sentido, en función de qué variables, etc.

Antes de la charla tuve un rato para hablar con Ainara Sarobe, que me hizo una pequeña entrevista que publicó hace unos días en Estrategia Empresarial bajo el título “‘Hay que enfocar la web a dar mayor valor añadido’, Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa Business School” (ver en pdf).

Lo que suelo tratar de hacer en ese tipo de citas es, básicamente, hacer ver a las empresas qué están haciendo en sus páginas web, típicamente poco activas o en modo “folleto electrónico”, y qué posibilidades tendrían en caso de optar por una estrategia bidireccional, intentando abandonar tópicos como el de la necesidad de llegar a mucho público (la red como gran creador, segmentador y alimentador de nichos), el de “qué contenido voy a crear”, o el de “y cuánto más vendo con esto”. En el fondo, puro sentido común aplicado a un entorno en el que esos tópicos distorsionan muy a menudo su aplicación.



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08 junio 2012

Niños, redes sociales y mentiras, en mi columna de Expansión

Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Niños, redes sociales y mentiras” (pdf), y habla de la situación que genera la restricción de acceso a redes sociales basada en edad a una generación de niños que ven dichas redes sociales como una parte natural de su entorno. En España un menor puede tener perfil en una red social con autorización expresa de sus padres, pero lo que se comunica y se ejecuta en la práctica totalidad de los casos es la idea de la prohibición, la cancelación de cuentas siempre que se sospeche que efectivamente se trata de un menor de catorce años.

La columna está motivada por la idea de Facebook, avanzada esta semana, de levantar dichas restricciones y permitir abrir cuentas a los menores de trece años bajo la supervisión de sus padres, una idea que me parece puro sentido común y que supone poner las responsabilidades en donde realmente corresponden.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Niños, redes sociales y mentiras

Las mentiras colectivamente asumidas suponen un consenso social tácito. Por ejemplo: la ley española restringe que un menor de catorce años tenga cuenta en una red social. Sin embargo, basta un paseo por cualquier colegio español para ver cómo clases enteras de niños de diez u once años, tienen cuenta e interactúan en las redes sociales.

Las redes sociales son para ellos un entorno natural, una prolongación de sus relaciones, un “patio virtual” sometido a las mismas dinámicas que el patio físico. Hablamos de una generación que va a desarrollar una parte significativa de sus vidas en dichas redes, que van creciendo en su funcionalidad para complementar – no sustituir, salvo patologías – muchas de las cosas que hacemos.

La restricción de edad lleva a los niños a mentir, a inventarse perfiles varios años mayores. La mentira es generalmente aceptada por los padres, que temen enfrentarse a una posible exclusión social: “genial, mamá, voy a ser el único ‘pringao’ de clase que no tiene cuenta”. Sin embargo, la ley convierte este comportamiento en ilegal con el supuesto fin de proteger a los niños, lo que genera una dinámica perversa: la mayoría de los niños que son privados de su cuenta lo son por denuncias de sus compañeros, que usan este arma a modo de bullying postmoderno.

En realidad, prevenir problemas para los niños en las redes sociales es responsabilidad de sus padres, no de la ley. Como quien enseña a su hijo a cruzar por los semáforos o a no aceptar caramelos de extraños. Las redes sociales funcionan igual: debemos fomentar la comunicación e instar a los niños a comentarnos lo que hacen en ellas, a compartir sus dudas, miedos o preocupaciones.

Facebook se plantea abrirse a los menores de trece años. En España se lo impide una ley que todos nos saltamos. ¿Ganamos algo con eso? ¿Es razonable seguir manteniendo una mentira colectivamente asumida como tal?



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07 junio 2012

Internet y el cine: algunos sí que lo entienden

Gracias al cielo, en algunas muy contadas ocasiones podemos comprobar que trabajar y vivir en el entorno del cine español no tiene por qué ser necesariamente sinónimo de odiar la red, no implica insultar a los espectadores y no conlleva ser un dinosaurio y pensar que internet no forma parte del presente. Hay personas que trabajan en cine y que sí que entienden la red.

Paco León, actor y director español, publica en su cuenta de Twitter una frase completamente inspiracional que esperemos vean, lean y entiendan muchos de sus compañeros de profesión. O, sin ir más lejos, el presidente de la Academia del Cine.

Paco León es el director de “Carmina o revienta“, mención especial del jurado en el pasado Festival de Málaga, y película que se estrenará el próximo día 5 de julio a la vez en los cines y en internet. Esperemos que le vaya, nunca mejor dicho, de cine.

Así, sí.



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Hablando sobre marketing, redes sociales y jóvenes en La Vanguardia

Alicia Rodríguez de Paz, de La Vanguardia, me llamó para hablar de marketing en las redes sociales a cuenta de los planes de Facebook de extender la edad a la cual se pueden abrir perfiles en la red social a los menores de trece años, y ayer lo publicó en una columna con el título “Marcas en busca de un preciado ‘Me gusta’“, que acompañaba a un reportaje a doble página de Maite Gutiérrez titulado “Menores en las redes sociales“.

Hablamos de la eficiencia de este tipo de limitaciones legales a la edad, del marketing hacia una generación para la que las redes sociales suponen un espacio en el que se mueven de manera completamente natural, y de cómo buscan una comunicación con las marcas muy diferente y basada en los medios bidireccionales que han conocido desde pequeños, lo que lleva a una redefinición del marketing directamente derivada del recambio generacional.



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06 junio 2012

Vídeo del evento de presentación de la ?lost interview? de Steve Jobs

Canal+ ha tenido el detalle de publicar en una página el vídeo completo del coloquio que  Eduardo Arcos y yo mantuvimos el pasado miércoles 30 en la presentación de “Steve Jobs: la entrevista perdida“, junto con varios fragmentos de la misma.

Si te la perdiste, tienes información de los próximos pases en esta página.



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IPv6: cambio de era en la red

Y si todo sale bien, será completamente transparente e imperceptible. Será a las dos de la madrugada en hora de Madrid, las 00:00 GMT: el despliegue masivo de IPv6 por parte de numerosos proveedores de servicio, fabricantes de equipos y compañías de servicios web en todo el mundo, para dar lugar a un espacio de trescientos sextillones de direcciones IP para poder albergar el creciente número de dispositivos móviles de todo tipo, la internet de las cosas, y todo lo que está por inventar. El despliegue será en paralelo a la anterior IPv4, de manera que todos los equipos seguirán funcionando con total normalidad.

En esta página, World IPv6 Launch, tienes más información de lo que es para la red un auténtico evento histórico, un cambio de era. Nunca en el año 1981, cuando se definió el protocolo de IPv4, pudimos pensar que seríamos capaces de llenar los más de cuatro mil millones de direcciones IP a los que daba lugar. Pero efectivamente, en uno de los procesos de difusión tecnológica más impresionantes y con más consecuencias de la historia de la humanidad, las hemos agotado. Completamente.

Y aquí puedes verlo explicado por el mismísimo Vint Cerf:

 



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