12 julio 2012

Stripe: simplificando los pagos online

Conocí Stripe hace un tiempo a través de Francisco Martín, que lo había montado en BigML: le pregunté por ello, y el planteamiento me gustó mucho. Pero ayer encontré este artículo en GigaOM, “Is hot payment startup Stripe worth half a billion?“, y me ha terminado de convencer para ponerme a escribir sobre el tema.

El planteamiento de Stripe es la simplificación de los pagos online. Actualmente, para integrar una pasarela de pago en una página tienes que pasar por una serie de pasos complicados con un proveedor, ver con qué medios de pago es compatible, pasar por un proceso de integración… con PayPal es lo mismo, como puedes ver en su página de recursos para desarrolladores. Con Stripe, en cambio, es tan simple como instalar en una página un contador de estadísticas: creas una cuenta, copias unas líneas de código de su API, las pegas en el sitio correspondiente de tu página, y ya puedes aceptar pagos con todas las principales tarjetas de crédito. El precio está planteado por debajo del umbral de PayPal: frente al escalado que plantea PayPal, que comienza en $0.35 fijos por transacción más el 3.4% del importe de la misma para empresas que facturen menos de $2500 mensuales y va rebajándose por tramos a partir de ahí, Stripe cobra $0.30 fijos más el 2.9% en un solo tramo, y ofrece descuentos por volumen a partir de facturaciones de un millón de dólares anuales.

Equipo muy potente, diez meses de experiencia desde que lanzaron el servicio, acaban de levantar veinte millones de dólares que se unen a otros veinte anteriores, y ahí están, compitiendo con VISA o PayPal, además de otras startups como Braintree. Por el momento, solo operan en los Estados Unidos, pero parece que tienen ya avanzados los planes de internacionalización. Por lo que me comentan, la empresa está consiguiendo una tracción muy buena dentro del mundo emprendedor, por lo que tiene de inmediatez y facilidad: montas tu página, y puedes empezar a recibir pagos con tarjeta en cuestión de minutos de manera muy sencilla. Definitivamente, una tendencia que vamos a encontrarnos aquí pronto: propuestas para simplificar las cosas y rebajar barreras de entrada en un tema tradicionalmente tan farragoso como el pago online. Como idea, me resulta interesante.



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Los retos de Tuenti

El pasado sábado tuvimos, en mi curso del MBA en IE Business School, una sesión con Sebas Muriel, vicepresidente de desarrollo corporativo de Tuenti, que nos estuvo contando cómo iba a ser la nueva versión que lanzaron ayer miércoles y qué retos representaba para la compañía. La clase fue verdaderamente interesante: Sebas es una persona con indudables capacidades comunicativas pero, además, capaz de ofrecer el nivel de cercanía y de confianza que busco cuando llevo a alguien a clase, donde lo que menos me interesa es el clásico discurso corporativo de “somos altos, guapos, rubios y de ojos azules”. Terminamos a las dos y media, sentados en el jardín bajo las sombrillas en lugar de en el aula, y con un nivel de preguntas que creo que sirvieron para que los alumnos se aproximasen bastante bien a lo que supone la gestión de una empresa como Tuenti.

A estas alturas ya tenemos perspectiva suficiente sobre la adquisición de Tuenti por Telefonica como para afirmar que muchos de los temores iniciales que algunos tuvimos no se han materializado. La cultura de Tuenti se mantiene prácticamente intacta e inmune al “abrazo del oso”, y la empresa parece estar  aprovechando la dimensión de su matriz mientras mantiene una notable independencia en su gestión. Movimientos como el lanzamiento del operador virtual, que parecían simplemente una manera sencilla de exprimir una marca, se han visto perfectamente justificados con la idea de intentar posicionar el operador para una generación de personas que buscan el mejor precio por el tráfico de datos como variable fundamental, porque eso es lo que realmente hacen, mucho más que hablar por teléfono. Contrariamente a lo que ha ocurrido en todos los demás mercados en los que había un líder local antes de la explosión de Facebook, Tuenti no se ha hundido. A pesar de marcar una línea relativamente descendente con respecto al crecimiento arrollador de la red norteamericana, la empresa española se mantiene sólidamente anclada en un nicho demográfico, y con unos niveles de páginas vistas y de engagement dignos de mención.

Pero el reto fundamental viene ahora. El lanzamiento de ayer posiciona a Tuenti como una red diferente, con dos desafíos fundamentales, a cada cual más complejo: la extensión de su uso en España a otros segmentos de la población, y el crecimiento internacional. En mi clase del pasado sábado, los alumnos se inclinaron mayoritariamente por considerar más complicado el primero que el segundo, aunque mi opinión es que es en el segundo donde realmente se la juegan, donde de verdad vamos a discutir lo que será la Tuenti del futuro.

La idea es buscar un posicionamiento centrado en la comunicación. La aplicación lleva a su pantalla principal la mensajería instantánea, replanteada de manera que puedas enviar mensajes a cualquier persona que tengas en la agenda de tu móvil. Dos niveles de privacidad: comunicación directa con cualquiera, pero visibilidad de información únicamente de quienes formen parte de tu red. Tus padres pueden conversar contigo por Tuenti usando su móvil, pero no ver las fotos de la última fiesta si tú no quieres. La idea que subyace es la de “tenemos mucha experiencia en cómo se comunica la generación de nativos digitales españoles… aprende de ellos”. Con este planteamiento, esperan una expansión a otras capas demográficas, que lógicamente se encuentra como obstáculo principal la fortísima identificación de la marca Tuenti con el segmento que va desde los once o doce (en la realidad, no en la ficción que marca la ley) hasta los veintipocos. Un reposicionamiento que, sin duda, no es sencillo. Pero más allá del mercado español, la empresa se plantea ofrecer en muchos otros países – fundamentalmente en aquellos en los que la matriz tiene presencia – una alternativa de comunicación para quienes quieren una plataforma de privacidad asegurada, en la que nada sale ni se indexa en ningún sitio, para relacionarte únicamente con los que de verdad son tus amigos, no con un grupo indiscriminado que mezcla amigos, conocidos, compañeros y relaciones de todo tipo.

Como apuesta, sin duda un planteamiento ambiciosísimo. Los activos con los que Tuenti cuenta para enfrentarse a él no son pocos: desarrollo propio y de calidad, experiencia enormemente relevante de gestión y aprendizaje en un segmento de público muy exigente, y una marca España que, aunque devaluada en lo económico, sí mantiene un indudable prestigio en cuanto a modelo de relación social. Tuenti lleva ya unos cuantos años haciendo en España las cosas muy bien: se ha asentado de manera muy sólida en la manera de relacionarse de toda una generación, ha defendido esa posición frente a Facebook de manera sólida, ha fichado y consolidado un equipo de desarrollo muy potente que le proporciona una gran flexibilidad, ha innovado con una forma de hacer publicidad bastante respetuosa y que implica al usuario como parte activa, y ha superado con nota un proceso de adquisición que se presumía muy complejo.

Lo que viene, no obstante, es un reto de una magnitud muy superior. Si la apuesta sale mínimamente bien, supondría para Telefonica un asentamiento en el negocio de las redes sociales que ninguna otra operadora mundial tiene, y la operación de adquisición por ochenta millones de euros habría sido, como ticket de acceso a un mercado de semejante potencial, un verdadero regalo. Ese, ni más ni menos, es el análisis que conviene hacer, el verdaderamente ambicioso, el que estoy viendo en prensa internacional, el que realmente me interesa. No una red española enfocada en el público teenager, sino la idea de una red social internacional programada desde España, con un enfoque diferencial en lo cerrado y personal, con el móvil como primera plataforma, y con la comunicación directa como propuesta fundamental. Una alternativa que bien puede plantearse convivir con otras redes, no necesariamente entrar en una batalla por la sustitución que sería implanteable en otros segmentos y mercados diferentes al suyo original.

Sin duda, un reto. Enorme. De esos que, para poder simplemente plantearlo de manera mínimamente creíble, para superar simplemente “la prueba de la risa”, tienes que haber llegado hasta donde estás. Ahora… a por ello!



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11 julio 2012

Hablando sobre ?Carmina o revienta?, en Radiocable

Pilar de la Peña, de Radiocable, me llamó para hablar acerca de “Carmina o revienta“, la película de Paco León que se ha estrenado simultáneamente en la red, en DVD y en salas de cine – con un éxito más que notable, además – demostrando que los problemas de la industria del cine vienen de no querer adaptarse a los tiempos y darle al público lo que el público está buscando: disponibilidad máxima, a través del máximo número de canales de distribución. Comodidad, conveniencia y, sobre todo, mercado, mercado y más mercado. A más ofertas en más variedad de condiciones, mejor para todos.

Hay una reseña con varias declaraciones al respecto del tema en la página de Radiocable bajo el título “Internet opina: ‘Carmina o revienta’ demuestra que dando canales alternativos se puede cambiar la dinámica de las descargas en España“, donde se puede escuchar también mi conversación completa con Pilar.

Completamente de acuerdo con el director: “su madre ha conseguido más en la lucha contra la piratería que la ley Sinde“. En su momento resalté y comenté su tweet en el que decía “Querer frenar internet es como querer parar el mar con las manos“, una auténtica demostración de sentido común. La forma más sensata de enfrentarse a un cambio de hábitos de tu público no es insultándolo, denunciándolo, criminalizándolo y reclamando leyes para perseguirlo, sino entender que ese cambio de hábitos responde a una carencia tuya, a algo que te estás negando a ofrecer, a una falta de adaptación tuya a un nuevo escenario tecnológico. En este caso, mientras una industria obcecada se empeñaba en proclamar que las descargas demostraban que “el público lo quería todo gratis”, Paco León ha demostrado que no era así: que lo que el público quería era conveniencia, facilidad, disponibilidad a precios adecuados y razonables.

Siempre, se ponga como se ponga la industria o el gobierno, existirá la posibilidad de bajarse un contenido de la red, y siempre habrá un segmento de público que lo haga. Es completamente imposible evitarlo, por más que algunos ignorantes insistan en que “el campo se puede vallar”. No, para la tecnología no hay vallas que valgan. La clave está en hacer que un segmento de público mayor prefiera acceder a tu producto a través de las alternativas propuestas por la industria. Porque es más cómodo, más conveniente, porque consideran el precio adecuado o justo, porque les caes bien, porque no los insultas… la clave está en el mercado. Repetimos: mercado, mercado y más mercado, no persecuciones ni insultos. Se puede competir con lo gratis, del mismo modo que pueden existir ofertas de cualquier producto con diferentes posicionamientos en precios o con distintas propuestas de valor.

Enhorabuena a Paco León por trabajarse un proceso que le habrá costado, sin duda, muchísimo esfuerzo, muchísimas descalificaciones de personajes establecidos en la industria, y muchísimas negativas de quienes se niegan a creer en el progreso. Enhorabuena, sobre todo, por romper moldes y modelos establecidos que parecían escritos en piedra. El escenario tecnológico en el que uno vive determina la manera en que se dirige al mercado, y no es algo que se pueda escoger – te puedes ir a vivir a una cueva y alimentarte de carne cruda, pero entonces dificilmente te vas a integrar en la sociedad. Paco León se ha beneficiado, indudablemente, de una popularidad derivada de lo rompedor de su postura, pero no es una excepción: es lo que viene, para quien quiera aprovecharlo. Sencillamente, sentido común: no insultar a tu público, y ponerle las cosas fáciles para que consuma tu producto de la mayor cantidad de maneras posibles. Queda mucho por andar. Pero Paco León ha dado un muy buen paso en la dirección adecuada.



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09 julio 2012

BigML, modelización e inteligencia artificial

Llevaba un cierto tiempo siguiendo BigML, la última creación de Francisco Martín, con quien ya tuve bastante contacto durante su época en Strands. Además de Francisco, os encontraréis en el equipo de la empresa unos cuantos nombres míticos del hacking y el machine learning. El pasado martes estuvimos hablando en una pequeña presentación de la empresa, y ahora me han invitado a unirme a su Strategic Advisory Committee. La empresa está radicada en Corvallis, Oregón, de ahí que la mayoría de las reuniones las hagamos a través de hangouts de Google+.

BigML es una herramienta en la nube, todavía en beta cerrada por invitación, para un tema que me encanta: la modelización de datos y el desarrollo de modelos de inteligencia artificial (machine learning) a partir de los mismos. Muy al hilo de herramientas que están surgiendo propuestas por empresas como Google, pero con una política de datos completamente transparente y simple: tus datos son tuyos, solo tuyos, y nada más que tuyos. La idea es que los usuarios puedan subir series de datos a un entorno seguro y trabajar en su análisis para el desarrollo de modelos predictivos sobre los mismos. Un tema que entronca con mi interés por la tendencia que se ha dado en denominar big data, sobre la que ya he escrito en varias ocasiones, y con muchas de las herramientas que he utilizado de manera habitual en mi investigación, particularmente los modelos de ecuaciones estructurales que tuve el lujo de poder estudiar en UCLA con Peter Bentler, padre de EQS, a quien terminé pidiendo que formase parte de mi comité de tesis doctoral.

El próximo 17 de julio, en el  the IIIA-CSIC en Barcelona, habrá un taller sobre BigML para aquellos interesados en el tema big data, modelización y machine learning. A mí me pilla en el otro lado del mundo en una conferencia en Perú, pero por lo que he estado viendo acerca de las posibilidades de BigML, la cosa puede estar verdaderamente bien.

Hay un vídeo que ilustra de manera sumamente sencilla la idea del producto:

 

 

También puedes ver algunos modelos analíticos predictivos basados en archivos de datos libres de uso habitual en el mundo académico, como supervivencia en el Titanic, estimación de riesgos en créditos, prevención de diabetes, churn en telecomunicaciones, etc. Las posibilidades, a partir de un conjunto de datos con una cierta calidad como los que cada día más son generados por la operativa empresarial, son prácticamente ilimitadas.



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Transparencia: necesitamos mucho más de lo que nos quieren ofrecer

No es la primera vez que escribo sobre la radical importancia de la Ley de Transparencia: recientemente lo hice el pasado marzo, “La enorme importancia de la transparencia“, y en abril, “Transparencia y consecuencia“, a raíz de la presentación del borrador de la ley correspondiente, desgraciadamente lleno de agujeros y con un nivel de compromiso muy inferior al que, como ciudadanos, necesitamos.

Es fundamental resaltar la importancia de esta ley como base de muchas otras causas que nos preocupan como ciudadanos. El derecho a la información es un derecho constitucional, y si no se cumple este derecho, es imposible ejercer plenamente otros derechos constitucionales. Una gran cantidad de los problemas que tenemos vienen derivados de la opacidad. Vivimos en un país en el que predominan las formas sobre el fondo: supuestamente hay una ley que permite saberlo todo sobre la financiación de los partidos políticos, pero en la práctica no solo no sabemos nada, sino que intuimos un entramado cercano al de la mafia en el que se entremezclan favores políticos, agendas de lobbies poderosos y cajas de ahorros haciendo barbaridades que terminamos pagando todos. Y la financiación de los partidos es tan solo un ejemplo.

La redacción actual del anteproyecto de ley de transparencia ha defraudado a toda la ciudadanía al no reconocer el carácter fundamental del derecho de acceso a la información (lo que implicaría su tramitación como Ley Orgánica y la participación de la Comisión Constitucional), al seguir excluyendo del texto toda la información no administrativa, y al no establecer una autoridad independiente encargada de tutelar y promover tanto la transparencia, como el derecho de acceso a la información pública. La importancia de estos factores es fundamental: con la actual redacción de la ley, la impresión es que se interpone una capa más al derecho a la información de los ciudadanos: primero la ley de secretos oficiales, después la ley orgánica de protección de datos, y ahora la ley de transparencia, que lejos de facilitar la publicación de unos datos que pertenecen a la ciudadanía y que deberían estar publicados por defecto, lo que de facto hace es dificultar la liberación de la información.

Los datos públicos son públicos por definición. Las administraciones públicas, como su nombre indica, solo los administran, y las únicas limitaciones posibles a su circulación son la Ley de Secretos Oficiales (con sus correspondientes y muy necesarios controles para evitar el abuso en la clasificación de “perjuicio para la causa pública, la seguridad del mismo Estado o los intereses de la colectividad nacional”) y la Ley de Protección de Datos en lo tocante a información de carácter personal. Todo lo que no sea secreto oficial o dato personal debe estar a disposición de la ciudadanía, sin traba ni limitación de ningún tipo. Pero ante esto, las administraciones públicas siguen pensando que pueden ejercer simplemente el silencio administrativo. No es así: el silencio administrativo no tiene cabida ni presencia posible en una ley de transparencia.

El anteproyecto en su redacción actual no solo es claramente insuficiente, sino que fue contestado por más de tres mil setecientas aportaciones de los ciudadanos. Aportaciones que, en un peligroso contrasentido si es interpretado como antecedente de lo que se nos viene encima, no han sido publicadas por el gobierno alegando que son comunicaciones de particulares, a pesar de haberse solicitado expresamente por varios colectivos. La Coalición Pro-Acceso envió una carta al gobierno pidiendo más transparencia en la tramitación de la ley de transparencia, y esa carta ha sido contestada de manera claramente insuficiente, sin responder a cinco de las seis preguntas formuladas, y dejando claro que el gobierno no considera que el derecho de acceso a la información sea un derecho fundamental, y que no van a crear un organismo independiente de revisión, como recomiendan los expertos en la materia a nivel nacional e internacional.

Helen Darbishire, directora de Access Info Europe, lo ha dejado clarísimo: “con esta ley sería imposible ratificar el Convenio del Consejo de Europa sobre Acceso a Documentos Públicos. Es difícil de entender por qué España propone una ley que ni siquiera cumple con los estándares mínimos internacionales”.

Estamos viviendo la resistencia al cambio de toda una generación de políticos, de toda una manera de hacer política. La política del oscurantismo, la que cuece las leyes a fuego lento con lobbies interesados en ellas, la que ampara la tan tristemente extendida corrupción política. Decididamente, en términos de transparencia necesitamos mucho más de lo que este gobierno pretende ofrecernos.

 



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08 julio 2012

Posiblemente, el peor directivo del mundo

Vanity Fair incide, en un reportaje en el que analiza la cultura y los intercambios de correos electrónicos dentro de Microsoft titulado “Microsoft’s lost decade“, en lo que muchos llevamos mucho tiempo diciendo: que la gestión de Steve Ballmer dentro de Microsoft representa un proceso brutal de destrucción de valor, que ha logrado convertir a una compañía innovadora, dinámica y líder con un potencial enorme en un monstruo burocrático, ineficiente y que solo es representativa de lo que la tecnología era el siglo pasado. Que cuanto antes se vaya este hombre a su casa, mejor para la compañía, para sus accionistas, y para el mercado en general.

El artículo es duro, porque revela de manera directa, con fuentes internas y con un buen trabajo periodístico el verdadero problema de Microsoft: una compañía dirigida por un financiero que cree seguir siendo exitosa, pero que tras el comportamiento de su acción, muestra múltiples problemas derivados de una mala gestión. La compañía atesora un talento envidiable, pero la expresión del mismo hacia el mercado se ve atenazada por los problemas de gestión que la prensa especializada lleva mucho tiempo señalando: la gestión de una persona en concreto, el único directivo tan increíblemente incombustible como para resistir el haberse equivocado radicalmente despreciando productos como iPhone o Android y resistiéndose a reaccionar con ese tono de “somos líderes y aquí todo va de maravilla”.

Microsoft es una gran compañía. Con una cultura en muchos sentidos envidiable, un potencial magnífico y capaz de ofrecer mucho al mundo de la tecnología. En infinidad de ocasiones he sido muy crítico con lo que para mí es una estrategia en contra de los tiempos, pero no tengo ninguna duda de que el mercado y los consumidores estarían mejor con una Microsoft dispuesta a volver a marcar tendencias y a competir en condiciones como hacía el siglo pasado: en último término, la competencia siempre es buena para el progreso y para los clientes. Desde hace mucho tiempo, Microsoft ha dejado de ser una compañía relevante. Ganará mucho, pero no marca tendencias ni resulta interesante en modo alguno. Y el problema de Microsoft, lo que se interpone entre esa posible imagen de compañía exitosa y su estado actual de destrucción neta de valor tiene, para muchos, un solo nombre: Steve Ballmer.



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07 julio 2012

Publicidad: estamos viviendo un cambio de época

Un informe realizado por una empresa israelí, ClarityRay, titulado “Ad-blocking, measured“ y que ha realizado seguimiento de más de cien millones de impresiones en publicaciones de todo tipo en Europa y los Estados Unidos, logra aproximar la magnitud del uso de bloqueadores de publicidad en el navegador: en media, un uso del 9.26%, que llega a ser del 17.79% en sitios de contenido tecnológico con una audiencia más sofisticada en este ámbito, del 15.58% en sitios de noticias generales, y que llega a ser de un 50% en algunos sitios específicos.

Unos resultados significativamente más elevados de lo esperado: los gestores de páginas web tienden a minimizar el impacto de los bloqueadores de publicidad como AdBlock Plus y similares, y considerarlos un fenómeno prácticamente marginal. Obviamente, ya no es así. No hay más que entrar en algunos periódicos generalistas españoles: la experiencia de usuario, entre anuncios intersticiales a toda pantalla en la entrada y en la cabecera de cada sección, formatos extensibles que te impiden leer el contenido, o sonido o vídeo preactivados convierten la experiencia en verdaderamente infumable. En un entorno bidireccional, miles de ejecutivos de marketing criados en un mundo unidireccional siguen creyendo que tienen que interrumpirnos, molestarnos, provocarnos o gritarnos, y que eso, además, va a dar lugar a algún tipo de actitud positiva. El problema no es ya que te griten subiendo el volumen de tu televisión en las pausas publicitarias… el problema es que, además, creen que te gusta. El problema es no cambiar la mentalidad. Hace no mucho tiempo, un director de un medio me acusaba de “robar” – con una frase más educada, pero de ser un ladrón al fin y al cabo – cuando le dejaba claro que yo leía su medio con un bloqueador de publicidad activado. Mi contestación, claro, fue si el hecho de levantarme al baño en el intermedio de una película me convertía también en ladrón :-)

El criterio tradicional que se utilizaba para considerar un formato claramente intrusivo (pop-up, intersticial, extensibles y sonido/vídeo preactivado) está en permanente evolución. El abuso provoca una sensibilización progresiva de los usuarios, que empiezan a protestar incluso por simples formatos animados, aunque no se muevan de su recuadro. Entre la protesta y la instalación de un plugin hay tan solo unos clics, y una vez instalado, pocas personas utilizan el bloqueador de una manera selectiva: simplemente, pasan a bloquearlo todo. Eso implica que paguen justos por pecadores: sitios respetuosos que no aceptan formatos intrusivos son bloqueados en muchos casos igual que sitios que abusan, aunque los bloqueadores permitan establecer listas blancas.

No, la publicidad no está muerta. Hay una parte importante de la misma, el branding, que vamos a seguir viendo mucho tiempo, que cumple una función necesaria, y que no puede convertirse en “casi imperceptible” como algunos usuarios parecen querer, porque sencillamente no funcionaría. La publicidad sostiene muchísimas actividades y da sentido a muchas otras. Pero ha perdido el rumbo en sus criterios, y eso está llevando, como ocurrió en la época de los pop-up, a que prolifere la instalación de bloqueadores de publicidad.

La idea detrás de Clarity Ray es luchar contra el bloqueo de publicidad. Diseñar soluciones que permitan a los anunciantes traspasar esa barrera y seguir molestando a los usuarios. La empresa considera “el bloqueo de anuncios como la piratería de MP3 antes de iTunes: apunta a un mercado con una necesidad válida, pero lo hace de una manera insostenible desde el punto de vista de negocio”. Es sencillamente absurdo. Fabricar armas para los anunciantes puedan alcanzar con sus impactos a unos usuarios tan hartos de sus mensajes que han llegado al punto de instalarse bloqueadores de publicidad es una maniobra que solo puede desencadenar una escalada bélica: bloqueadores capaces de bloquear lo que se pretende que sea inbloqueable. Una dinámica verdaderamente negativa, que termina cuando el usuario decide simplemente dejar de ir a los sitios que utilizan ese tipo de tecnología. La solución, lógicamente, está en la moderación, en el sentido común, y en la búsqueda de formatos publicitarios que el usuario no considere intrusivos. Todo lo que no sea así, solo traerá problemas.



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