15 mayo 2011

La red y la persistencia de la memoria

Recurro al evocador cuadro de Salvador Dalí para ilustrar un tema que surge habitualmente en las clases y conferencias acerca de la estrategia de comunicación en la web social: los elementos que deben formar parte de dicha estrategia y su combinación.

En algunas de mis clases suelo utilizar micro-casos desarrollados en el momento con las empresas de algunos de los asistentes al curso, y aprovechando una de esas sesiones, la del pasado viernes, que fue especialmente productiva, voy a aprovechar para intentar estructurar un poco algunos conceptos.

En la web, resulta fundamental contar con un punto de creación de contenido. La creación de contenido es uno de los puntos sin duda claves en cualquier estrategia en la web: si eres capaz de generar un contenido en función de tu actividad, una secuencia que se alimente de fuentes de información continuas y que no dependa de un repositorio limitado (por grande que este pueda parecer), puedes plantearte muchas cosas en la red. Este tema, las posibilidades de generación sostenible de contenidos, deben ser uno de los elementos más importantes y a los que se preste más atención en el desarrollo de una estrategia de presencia de una persona o una empresa en la web social.

La tarea no es sencilla: generar contenido nunca es trivial ni sencillo, y que ese contenido pueda servir para dinamizar tu presencia en la web no siempre es obvio, no todo el contenido es susceptible de ser dinamizado. Hay personas o empresas para los que resulta verdaderamente difícil o casi imposible pensar en generar contenido. Algunos deben “abrir el paraguas” conceptual de los contenidos para poder conseguir temas que realmente puedan alimentar una conversación que de otra manera sería complicada o incluso inimaginable: hay temas que, por importantes que puedan se económicamente, son muy difíciles de imaginar como objeto de conversación. Y sin una base sólida de creación de contenidos, acompañada por la dotación de los medios adecuados para ello y por la capacidad de terceros de participar en los mismos en mayor o menor medida, la posibilidad de alimentar una estrategia de presencia en la web social se complica notablemente.

Decidido el tema y la naturaleza del contenido, hay que plantearse su formato: es aquí donde el título de la entrada cobra justificación. Muchas personas consideran las herramientas de la web social – blogs, redes sociales, microblogging, etc. – como partes aisladas de una estrategia, o incluso como “modas”. A las consabidas premisas del tipo “hay que estar en Facebook” o “tenemos que tener cuenta en Twitter”, como si la mera presencia consiguiese algo de por sí, se unen comentarios supuestamente generacionales que supuestamente “matan” unas herramientas frente a otras, “los blogs han muerto porque las redes sociales son más sencillas” o “están más de moda”. No puede haber mayor estupidez: si escucha esto, retire automáticamente toda credibilidad a su interlocutor. Las herramientas son para lo que son, y juegan papeles muy claros en la comunicación en la web social.

El blog tiene como papel fundamental la persistencia del contenido. Los permalinks de los blogs generan una indexación inmejorable en los motores de búsqueda, una referencia sólida y permanente en la que localizar ese contenido independientemente del tiempo que haya pasado. El lugar natural de un contenido es un blog, el lugar donde pasará, tras la visita de la araña correspondiente, a ocupar un lugar en la memoria colectiva, más o menos prominente en función de variados criterios de relevancia. ¿Mucho tráfico, poco tráfico? ¿Cómo atraer tráfico al blog? ¿Cómo generar dinamicas de conversación activa enriquecedora? Eso corresponde a problemáticas y criterios diferentes, en los que entran desde el SEO hasta el SEM pasando por muchos otros elementos. Pero la función del blog es la que es: alojar el contenido de manera coherente, y dotarlo de un vínculo permanente. De la misma manera que podemos apoyarnos, si la naturaleza de nuestro contenido lo permite y justifica, herramientas como Flickr en el caso de las fotografías, YouTube en el caso del vídeo, Slideshare en el de las presentaciones, u otros.

Las redes sociales son ideales a la hora de dinamizar un contenido: la presencia en una red social ya no es una opción, es una necesidad. Si además hemos empezado nuestra estrategia de desarrollo de contenidos por el lugar adecuado – es decir, por el blog – las redes sociales nos dan la oportunidad de viralizar esos contenidos a través de su entramado de relaciones. Interconectar adecuadamente el blog con las redes sociales, de manera que el contenido generado en uno se mueva en la otra es fundamental: una entrada puede dotarse de mucha más vida en la red social que en el blog, pero su vínculo debe ser sencillo de trazar. Las redes sociales pueden generar conversaciones interesantes basándose en un modelo de interacción típicamente de mayor control, y poseen mecanismos de generación de tráfico espontáneos (basados en la mayor o menor actividad de las personas) o inducidos (basados en publicidad como la posibilidad de “pagar a la red social por desplazar tráfico de unos lugares a otros”) que pueden ser enormemente eficientes. Sin embargo, por relevante o interesante que sea la conversación generada en las redes sociales, unas semanas después, habrá desaparecido. Nadie la habrá borrado, seguirá estando en la red… pero se habrá enterrado completamente.

Twitter, en este sentido, tiene una naturaleza todavía más volátil. Una presencia en Twitter correctamente gestionada puede servir para atraer oleadas de atención hacia un contenido determinado, pero unas horas después de su aparición, su eficiencia ha desaparecido. De nuevo: nadie elimina el tweet, nadie lo oculta, pero su capacidad de generación de tráfico y su visibilidad desaparecen. Es información de ciclo corto: podemos usar el permalink que efectivamente posee, podemos obtener mucho retweets, pero no resulta normal ni sostenible plantear la estrategia de alguien en las redes sociales en base a ese tipo de vínculos. Si lo hiciésemos, tendría seguramente un valor meramente efímero. Generar contenido que resulte interesante y atractivo en Twitter es, de nuevo, otra cuestión, una problemática diferente: si únicamente usamos nuestra cuenta de Twitter para republicar los vínculos al contenido de nuestro blog, ésta será seguramente irrelevante.

Pocas cosas y pocos casos, obviamente, resultan ser completamente generalizables o seguir un esquema del tipo “sota, caballo y rey”, pero creo que es fundamental entender las características intrínsecas de estos medios y sus posibles interconexiones a la hora de plantear una estrategia razonable de comunicación, sea individual o corporativa, en la web social. ¿Opiniones?

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14 mayo 2011

Hablando sobre Chromebook, en Cinco Días

Marimar Jiménez me pidió que le diese mis impresiones acerca de las nuevas Chromebook de Google, y ayer publicó en Cinco Días un artículo titulado “Google crea su propio ‘Mac’ y busca rehacer el negocio del PC” (ver en pdf). A continuación, como hago habitualmente, el texto completo que envíe a Marimar, que posteriormente ella enriqueció con mi entrada publicada sobre el mismo tema:

El pasado febrero tuve ocasión de probar uno de los Chromebook que Google distribuyó como prueba en beta a un grupo de usuarios voluntarios, el conocido como Cr-48. No soy en absoluto un usuario típico: hace mucho tiempo que la inmensa mayoría de mi trabajo tiene lugar en la nube, utilizo muy pocos programas convencionales, y mi sensación fue de total familiaridad y comodidad: un portátil que arranca de manera inmediata nada más abrir su tapa, que te pide tu contraseña de Google, y que se inicia automáticamente con el navegador abierto. A partir de ahí, si tienes tus servicios correctamente configurados, cualquier ordenador es automáticamente tu ordenador: tienes tu correo, tu agenda, tu lector de noticias, tus fotos, tus documentos… todo. En tu navegador están nada más abrirlo todos tus favoritos y tu historial, incluyendo, si así lo configuras, tus contraseñas almacenadas. Esa sensación, en un ordenador que acabas de empezar a usar por primera vez, resulta enormemente curiosa para quien no la haya vivido. Al cerrar la sesión, simplemente deja de ser tu ordenador y pasa a ser del siguiente que se autentique. Para quienes han vivido en un mundo ordenador-céntrico, una sensación extraña, incluso agridulce. Para quienes llevamos tiempo viviendo  en modo red-céntrico, de manera independiente al dispositivo que tengamos entre manos en cada momento, la sensación es de “nada de particular”.

¿Nos dirigimos a un mundo en el que este tipo de sistemas sean regla y no excepción? Tengo muy pocas dudas en ese sentido. Las ventajas de que la información esté almacenada en el ordenador son escasa o nulas: un ordenador es un sistema por principio enormemente más vulnerable que un servidor en la nube dotado de redundancia, de sistemas de seguridad y de  prevención de desastres. Podemos arguir qué pasa si nos quedamos temporalmente sin conexión o si nuestro servidor en la nube cae, pero eso son situaciones de excepción cada vez menos frecuentes, y las ventajas de la nube en todos los sentidos sobrepasan con creces este tipo de excepciones. Los ordenadores red-céntricos de Google no son exactamente estándar: varían en la configuración de algunas teclas de su teclado, en el que desaparecen por ejemplo las teclas de función sustituidas por funciones típicas del navegador (avance o retroceso del navegador, recarga de página, etc.), pero son cuestiones a las que uno se acostumbra automáticamente. El no tener programas convencionales es todavía mejor: salvo que te dediques a la maquetación y las artes gráficas, las funciones que te ofrece un simple Google Docs a la hora de escribir son muchas más de las que necesitas: ¿quién ha dicho que una persona deba centrar su trabajo en “poner bonito” un documento en lugar de centrarse en su contenido y, si es preciso, en la colaboración con otras personas para su confección? El lugar de un proceso de textos o de una hoja de cálculo es la nube, no un disco duro, y rediseñar nuestro trabajo de esta manera nos hará indudablemente más prácticos y productivos, aunque ahora le pueda parecer que no es así.

El modo de trabajar que vivimos en los ordenadores tradicionales fue diseñado cuando este tipo de máquinas eran autocontenidas, aisladas, cuando vivían naturalmente desconectadas. El mundo ha cambiado: hoy un ordenador es otra cosa, algo que no se concibe sin la red, hasta el punto que si no está conectado, decimos que “no funciona”. Esa nueva situación conlleva una nueva filosofía de trabajo. El modelo de uso que Google lanza con Chromebook es indudablemente el futuro, aunque ahora mismo muchos escépticos piensen que echarán de menos su Word y el tener sus documentos en su disco duro. Pero para entender el cambio bastan únicamente unas horas de trabajo, y la sensación de que todo lo que hacemos está automáticamente a salvo aunque el ordenador se caiga, le derramemos un café encima, nos lo roben o se estropee. Que podemos acceder desde cualquier sitio, y que cualquier máquina pasa a ser automáticamente “nuestra” máquina. Una sensación sin duda diferente. Pero indudablemente más lógica.

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Cincuenta twitters que debes seguir, en DT

No había tenido la ocasión de ver este artículo de Carlos Córdoba publicado en la revista DT el pasado 1 de mayo, “50 twitters que debes seguir” (pdf, 1.8MB), en el que tiene el detalle de incluirme. Mi actividad en Twitter ha pasado por diversos esquemas desde la época inicial en la que lo utilizaba básicamente para comunicarme con amigos y conocidos, al momento actual en el que tiene sobre todo una función de difusión de cosas que escribo, leo, hago o me llaman la atención en el curso de mi actividad, pero la verdad es que, con toda su simplicidad o precisamente gracias a ella, sigue siendo una de las herramientas más útiles, versátiles y gratificantes que conozco.

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13 mayo 2011

El 15 de mayo, toma la calle

Este domingo 15 de mayo a las 18:00 está convocada una manifestación en más de cincuenta ciudades con el fin de demostrar de manera patente y en la calle la preocupación e indignación que genera el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. La corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… la indefensión del ciudadano de a pie.

Yo particularmente estaré en la manifestación de Madrid. Conocí a dos de los promotores del movimiento DemocraciaRealYA en la pasada Redada del 26 de abril en Medialab Prado, me parecieron personas juiciosas y con criterio, y que coincidían en muchas de las visiones que llevo sosteniendo con respecto a la degradación actual de la democracia por parte de una partitocracia corrupta, espesa, maloliente, integrada ya en las instituciones hasta el punto de impregnarlas completamente. Partidos que ya no representan a sus ciudadanos, sino que se convierten en grandes empresas ineficientes, burocráticas y plagadas de corrupción que pactan con otras empresas y lobbies de poder para representar sus intereses cuando, tras la pantomima electoral, lleguen a las instituciones. A unas instituciones que ya no son nuestras, que han sido tomadas por esas grandes empresas y lobbies de poder, y que llevan tiempo preparando el sistema para su autoperpetuación mediante modificaciones en la ley electoral, turnismo político y recurso a un supuesto “voto útil” falaz, y amenazas a una separación de poderes que en nuestro país es ya una especie de entelequia. Partidos que controlan completamente el voto de los supuestos representantes de los ciudadanos y los sancionan si abandonan la disciplina, que votan abiertamente en contra de la voluntad popular, o que no tienen el menos empacho en integrar imputados por corrupción en sus listas porque lo importante no es representar al ciudadano, sino seguir pagando favores y, sobre todo, que los implicados no tiren de la manta. De una manta que se ha quedado muy pequeña para tapar tantas vergüenzas.

La red está sirviendo para coordinar varios movimientos de parecida forma e intenciones, movimientos que reflejan en su conjunto esa frustración, ese malestar con un sistema que los ciudadanos no pueden seguir apoyando. #nolesvotes, JuventudSinFuturo, Anonymous o la propia DemocraciaRealYA son expresiones distintas, originalmente no coordinadas, pero que tienen detrás el mismo tipo de sentimientos, de sensaciones, de hartazgo, de frustración. La red está sirviendo para que este tipo de expresiones se hagan visibles. Pero hay que dar un paso más: para ganar en legitimidad, para terminar de transmitir el mensaje, hay que hacerlas visibles en la calle.

Este domingo, toma la calle.

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El futuro y los contenidos, columna en Expansión

Mi columna en Expansión de esta semana se titula “El futuro y los contenidos“, e intenta dibujar un paralelismo imposible entre las nuevas ofertas para el consumo de contenidos planteadas por empresas como Google, Apple o Amazon, y la mentalidad de los intermediarios y las sociedades de gestión de derechos de autor.

Un fragmento:

Hace poco escuché a un ejecutivo español plantearse que si alquilaban una película en la red, deberían cobrarla a tres o cuatro veces el precio de la entrada del cine, porque tres o cuatro era la media de personas que la verían en el salón de la casa en la que se reprodujese. ¿A dónde pretenden ir con esa mentalidad?”

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12 mayo 2011

Chromebook: ¿nueva época?

Google volvió a copar ayer el interés informativo del mundo tecnológico en su Google I/O con el anuncio del lanzamiento de su Chromebook, lo que para muchos supone la culminación de la estrategia de la compañía en una solución todo en uno de hardware, software y servicios.

Ver el lanzamiento de Chromebook como un simple producto, como un ordenador más, es un planteamiento muy poco ambicioso. En realidad, se trata de una redefinición completa, del primer paso serio en la idea de transformación de la computación que conocemos desde un esquema ordenador-céntrico a uno red-céntrico, con todo lo que eso puede conllevar. Obviamente, falta el paso fundamental, la gran duda a día de hoy: saber si el mercado está preparado para algo así, si acogerá este tipo de dispositivos con entusiasmo o, por el contrario, será uno de tantos flops en la historia de Google como compañía. En el horizonte, el planteamiento de tres tipos de ofertas: para mercado de consumo, para empresas y para estudiantes, con distintos esquemas y precios. En el primer caso, un pago por la máquina de $429 en versión básica sin 3G y $499 con 3G (y 100MB de tráfico de datos con la operadora de turno – que se consumen en un suspiro). En el segundo, un pago mensual de $28 para empresas o de $20 para estudiantes que incluye el mantenimiento y actualización del sistema y una garantía.

La idea es plantear la nube no como una opción, sino como una ventaja. Algo tan complejo como que una serie de cosas que una parte muy significativa del mercado percibe hoy como limitaciones sean vistas como algo positivo, como una garantía de seguridad, de portabilidad o de versatilidad. El cambio de percepción no es simple, ni siquiera para los usuarios finales que llevamos años utilizándolo casi todo en la nube, ni tampoco para un mercado corporativo que se sigue planteando si Google es el socio al que quieren confiar toda la operativa de su negocio. En ese sentido, Chromebook es un producto muy arriesgado: la presentación en el Google I/O se hace ante un público entusiasta y aparentemente convencido, pero el planteamiento serio de compra es otra cosa. De hecho, en mis pruebas con el producto el pasado febrero pasé rápidamente de valorar aspectos positivos como la versatilidad/flexibilidad (del tipo “me acabo de sentar delante de él y ya lo siento como mi ordenador”) a los de limitación (“dónde están mis archivos, dónde está el administrador – parece sr que lo han mejorado – o qué pasa si se cae la conexión”). No, no es una transición sencilla ni que vaya a ser cosa de dos días. Tras décadas de acostumbrar al mercado a que “cuanto más potente mejor”, el Chromebook supone un cambio de modelo tan brutal, que mi impresión es que Google va a encontrarse con más resistencia de la esperada a la hora de convertir Chromebook en un éxito. Es de esas cosas que analíticamente puedes entender, cuyas ventajas puedes valorar o que incluso puedes convertir en números con cierta solvencia… pero que como decisión, te cuesta tomar más de lo que parece.

¿Se juega mucho Google con Chromebook? Mi impresión es que sí. Y no me refiero a económicamente. Por supuesto, un gran éxito y una legión de clientes que pagan por servicios en la nube supondría una diversificación de ingresos muy positiva para una compañía hoy prácticamente monoproducto. Pero donde Google realmente se la juega es en su prestigio como empresa capaz de marcar tendencias. Para que Chromebook se considere un éxito no vale con un éxito de ventas. Necesitas una revolución similar a la que, por ejemplo, pudo suponer Apple con el lanzamiento de su iPod o su iPhone. Algo que de verdad se convierta en modelo para otros, que se imite, que se hable de ello como un antes y un después. Necesitas pasar de lo que hoy son dos modelos (uno para mí, dado que Acer como marca perdió toda su solvencia con la espantosa calidad de su Aspire One), a todo un ecosistema de competidores lanzando no solo máquinas, sino también ofertas que compitan con la nube de Google al mismo nivel. Si no es así, si dentro de seis meses Google sigue prácticamente sola en este mercado, no estaremos hablando de nada más que de otro destello, de otro producto adelantado a su tiempo y a su mercado. Este tipo de éxitos, estos cambios radicales de modelo, no son decididamente fáciles de conseguir.

En juego, la consideración real de la nube y la validación de su modelo de cara al usuario final. No es una apuesta que veamos hacer todos los días.

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11 mayo 2011

Google: simplificando conceptos

Es un vídeo de una hora, con múltiples presentaciones, anuncios y demostraciones de productos, con Hugo Barra, ingeniero brasileño de Google, como hilo conductor. Pero si habitualmente lees este blog y te gustan sus contenidos, y no tuviste oportunidad de ver ayer en directo el primer vídeo inaugural de Google I/O, te recomiendo encarecidamente que inviertas el tiempo necesario para verlo entero. Mi conclusión general después de verlo es la que pongo en el título: Google se las ha arreglado para simplificar conceptos de todo tipo e integrarlos en una oferta que tiene mucho sentido.

¿Qué se le pide a un servicio de alquiler de películas, o a uno de música? Simplemente, que sea barato, que sea sencillo, que tenga un buen catálogo, y que puedas utilizarlo desde cualquier dispositivo. Te conectas desde un ordenador, desde un teléfono, desde un tablet, y ves la película o escuchas las música desde cualquiera de ellos sin ningún problema, sin más restricciones que las del formato de cada uno. El servicio de música tiene tres pasos: uno, pide tu invitación. Dos, sube tu música, y tres, bájate la aplicación para utilizarlo. No hay más. El de películas, que estoy probando ahora mismo, ofrece un catálogo corto y muy manifiestamente mejorable con alquileres a $2.99 y $3.99, pero de nuevo, sin más complicación: entras, seleccionas, alquilas y lo ves desde donde quieras. Convergencia total de dispositivos y plataformas, gracias a la nube. Tanto esos servicios como el resto de las cosas que han presentado mantienen esa característica de lógica, de simplicidad: desde los Android Open Accessory que permiten controlar todo tipo de dispositivos, a una visión de lo que han denominado Android@Home. Y por supuesto, en un entorno de plataforma abierta, de una oferta a desarrolladores para que la hagan crecer (de desarrolladores como los cinco mil presentes en el evento a los que además han regalado el nuevo Samsung Galaxy Tab para que vayan abriendo boca). Y no es todo lo que verás en Google I/O, es solo la parte dedicada a Android; una plataforma que está ya presente en más de cien millones de dispositivos con cuatro mil quinientos millones de aplicaciones instaladas.

Por el momento, tanto Google Music como Google Movie Rentals están disponibles solo desde los Estados Unidos, yo los estoy probando mediante un proxy. Pero es cuestión de paciencia, de tiempo, y de entender las características de los servicios que vienen. Como presentación, me ha parecido francamente buena: una visión moderadamente futurista de productos y servicios que ya tenemos prácticamente aquí. Y sobre todo, un ejercicio de coherencia. Si te gusta la tecnología, vale la pena que veas el vídeo.

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