28 octubre 2012

Sobre programadores y mercados (sí, volviendo al tema)

Dos circunstancias convergentes me traen de nuevo al tema de los programadores, su abundancia o escasez y su remuneración. Un tema al que vuelvo de manera recurrente porque le doy una importancia absolutamente fundamental para el futuro de nuestro país, y que ya generó una interesantísima discusión en los pasados meses de junio y julio.

La primera circunstancia viene de una conversación larga de hace unos días con Xavier Renom, emprendedor español afincado en San Francisco y fundador de Justinmind (enhorabuena, por cierto, por haber sido elegida como herramienta de prototipado en Stanford University), conversación en la que me comentaba que contratar programadores en los Estados Unidos era algo sencillamente fuera del alcance de las startups normales, por su elevadísimo sueldo y su escasa o nula fidelidad.

Por otro, y confirmando esos comentarios, este más que recomendable artículo de Jon Evans en TechCrunch titulado How long will programmers be so well-paid?, en el que intenta analizar las variables económicas que provocan una enorme carestía de programadores en el mercado norteamericano.

En efecto: los programadores en los Estados Unidos son carísimos, un trabajo envidiable, con un estatus social elevado, y con la percepción de que la situación tiene todavía muchísimo años de recorrido a pesar de la irrupción progresiva de programadores teóricamente más baratos desde países emergentes. Las referencias a los sueldos de los programadores, en torno a una media de $125.000 más beneficios extrasalariales múltiples, planes de pensiones, stock options, etc. en el caso de Google o Facebook, pero muy similares en otras, suenan en equivalente patrio a hablar del mito de El Dorado.

El artículo me parece de obligada lectura para todos los que estén de una u otra manera relacionados con este negocio, porque transmite muy bien en qué consiste el trabajo de programador (genial la viñeta de Abstruse Goose al respecto) y porque deja claro que el perfil demandado es ese al que de verdad le gusta programar, enfrentarse a retos, formarse de manera continua, probar nuevas herramientas, nuevos lenguajes, nuevos objetivos. Muchos de los temas que salieron en aquella fenomenal sesión que tuvimos el pasado julio en Utopic_US, explicados por alguien que obviamente sabe de qué está hablando, y que además lo comunica bien. El artículo pone también el dedo en el punto fundamental, el que lleva a muchos programadores a no seguir progresando en su trabajo, a no pasar de ser simplemente buenos a ser buenísimos, a los que realmente hay puñetazos por conseguir. Y que aquí en España suele identificarse con ese “techo de cristal” que hace que para ganar más dinero tengas que dejar de programar.

¿Interrogantes? Todos. ¿Por qué, si efectivamente existen perfiles de ese tipo en España, están aparentemente tan lejos de obtener ya no los sueldos, sino la consideración que obtienen en un país como los Estados Unidos? O si existen… ¿qué hacen aquí todavía en lugar de haberse subido todos en un avión y estar en los Estados Unidos cobrando esos sueldos? ¿Cómo de importante es para la economía – mi respuesta es clarísima: FUNDAMENTAL – que esos perfiles tengan en nuestro país incentivos para formarse, desarrollarse profesionalmente, y convertirse en exitosos? En su lugar, todo indica que en España la “vocación” por este tema disminuye, que las universidades (que ya de por sí están lejos de formar ese perfil) pierden efectivos, y que los programadores no solo no son “exactamente lo mismo”, sino que ni siquiera ellos mismos se perciben igual.

Sigo pensando que hay que hablar mucho más de este tema. Por el momento, mi reto es conseguir trasladarlo adecuadamente a los alumnos de la escuela de negocio en la que trabajo: que entiendan qué es y en qué consiste exactamente programar, dónde están esos programadores que afirman no encontrar, qué opciones tienen para obtener los desarrollos que necesitan, cómo ofrecer a un programador un trabajo que le motive, de qué niveles hablamos a la hora de  pagarlo, etc… Pero también que los programadores conozcan emprendedores, sus limitaciones, sus riesgos, lo que pueden y no pueden ofrecer, etc. Cuanto más contacto entre ambas partes, mejor. Espero no ser el único que se tome este tema como un reto importante. Para nuestro país, tener un ecosistema sano en este sentido representa un factor de competitividad fundamental de cara al futuro.



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