02 enero 2012

BYOD e informática corporativa

El acrónimo BYOD, Bring Your Own Device (trae tu propio dispositivo) proviene del más conocido BYOB, Bring Your Own Bottle, que algunos restaurantes y locales empezaron a implantar en los años 70: permitían a los clientes llevar su propia botella de vino, y les cobraban únicamente un corking fee por descorcharla. Desde ahí, el acrónimo se hizo muy popular en la organización de fiestas de todo tipo: acude a la fiesta, y llévate una botella de lo que quieras beber, donde la “B” final se convierte muchas veces en Beer, Booze o simplemente Beverage.

En entornos corporativos, el BYOD es conocido desde hace ya mucho tiempo, y, de hecho, está empezando a generalizarse, para horror de muchos administradores y departamentos de sistemas. Se calcula que en los Estados Unidos, más de un 70% de las compañías dan soporte a programas de BYOD de algún tipo. La tendencia tiene, si lo pensamos, toda la lógica del mundo: hace algunos años, los entornos corporativos iban claramente por delante de los entornos personales. Lo normal era que una persona tuviese su primer contacto con un ordenador cuando llegaba a su puesto de trabajo, y que su ordenador portátil, en el caso de tenerlo, o su teléfono móvil, fuesen material que le era suministrado por su compañía.

Con el paso del tiempo y la evolución de la tecnología, este fenómeno se ha invertido completamente: cada vez abundan más las personas para las que utilizar el ordenador de su trabajo supone evocar el pasado: herramientas desactualizadas, metodologías arcaicas e ineficientes, limitaciones de todo tipo debidas a rígidos protocolos de seguridad, etc. Con la llegada de las primeras generaciones de nativos digitales al entorno corporativo, el contraste crece todavía más, y se hace progresivamente más difícil de gestionar: pedir a los empleados que se hagan un downgrade tecnológico cuando llegan a su trabajo no parece una estrategia demasiado sostenible.

En muchas empresas, la práctica comenzó como el capricho de algún directivo: personas que jerárquicamente podían permitírselo, y que aparecían con sus dispositivos obtenidos por su cuenta, que pretendían incorporar a sus herramientas de trabajo. Resultaba difícil saber cuando era realmente un “capricho”, una especie de “símbolo de estatus”, un “porque puedo”, o cuando de verdad el usuario obtenía un plus de funcionalidad, pero el escalafón se convirtió en la puerta por la que empezaron la mayoría de las excepciones. En otros muchos casos, los “rebeldes” que pretendían utilizar sus dispositivos se encontraron con un “no puede ser y además es imposible”, y optaron por formas de lucha más o menos militantes, o por resignarse y acostumbrarse a llevar dos dispositivos encima. Pero con la creciente popularización de la informática de consumo o la consumerización de la tecnología, la marea se ha vuelto ya prácticamente imposible de parar. Muchos sitúan el punto de inflexión en la llegada del iPhone en el año 2007. Legiones de empleados acuden armados de todo tipo de dispositivos, dispuestos a asaltar el feudo de lo que una vez había sido un entorno totalmente controlado. Del reconocimiento de excepciones, en muchos casos, se pasó a la aceptación: a marcar políticas de gasto aceptable en dispositivos, e incluso sistemas mixtos que permiten al empleado recibir una asignación que puede completar por su cuenta si desea un dispositivo diferente.

Obviamente, el BYOD trae consigo toda una serie de problemas, hasta el punto de que hay quien lo ve como una abreviatura de Bring Your Own Disaster. Administrar un parque heterogéneo de dispositivos supone renunciar a políticas de gestión comunes, incrementar las necesidades de soporte y mantenimiento, añadir una cantidad desconocida de vulnerabilidades de seguridad y, con casi total seguridad, elevar el coste. Para muchos administradores de sistemas corporativos, la tendencia supone una auténtica pesadilla. Por otro lado, tiene difícil arreglo: enrocarse en políticas prusianas supone ser menos atractivo a la hora de atraer talento, luchar contra constantes resistencias y saber que, de una manera u otra, se va en contra de los tiempos.

La práctica fundamental que parece marcar la diferencia entre empresas en las que BYOD funciona adecuadamente frente a las que sufren problemas es la documentación. Crear repositorios de información accesibles a los empleados que permitan encontrar todo tipo de consejos, prácticas y procedimientos para poder utilizar el o los dispositivos que estimen oportunos. Declararse “objetor” de la informática corporativa supone un cierto grado de compromiso personal, y puede ser visto como un terrible problema que es necesario “disciplinar” (imposible en muchos casos según la posición jerárquica de la persona) o como una oportunidad para aprender de las prácticas que esta persona desarrolla. Generar wikis colaborativos con soluciones a problemas habituales, procedimientos y configuraciones recomendadas para reducir el coste de soporte, obtener condiciones favorables con empresas externas para el mantenimiento, desarrollar redes de expertos en cada sistema o dispositivo para solucionar problemas o aprovechar sus características, etc. son cuestiones que puede resultar fundamentales en un cambio de política que parece estar convirtiéndose lentamente en un sí o sí. En la mentalidad del departamento de sistemas también va una gran parte del posible éxito: en lugar de manifestar una actitud de resistencia o de “excepcionalidad tolerada”, abrazar una mentalidad constructiva y colaborativa, de servicio a un empleado cuyas necesidades y hábitos evolucionan constantemente.

Las empresas tienen mucho que ganar del hecho de aprender a desarrollar sus actividades en un ecosistema tecnológico dotado de una diversidad cada vez mayor: ahora la diversidad, cada día más, va a empezar desde sus propios empleados.

(Enlace a la entrada original - Licencia)

0 comentarios:

Publicar un comentario

ATENCIÓN: Google ha metido en Blogger un sistema antispam automático que clasifica como spam casi lo que le da la gana y que no se puede desactivar.

Si después de hacer tu comentario este no aparece, no se trata del espíritu de Dans que anda censurando también aquí, es que se ha quedado en la cola de aceptación. Sacaré tu mensaje de ahí tan pronto como pueda, si bien el supersistema este tampoco me avisa de estas cosas, por lo que tengo que estar entrando cada cierto tiempo a ver si hay alguno esperando. Un inventazo, vaya.