08 junio 2010

La verdad sobre la industria de los contenidos: el chantaje judicial. ¿Quiénes son los delincuentes?

Cada vez más voces denuncian el verdadero estado de la cuestión en temas relacionados con la propiedad intelectual: una industria reducida a la compra de voluntades políticas y a la práctica del más puro chantaje judicial, a amenazar a sus usuarios con procesos judiciales carísimos si no aceptan pagar una cantidad de dinero determinado.

Ars Technica dedica un artículo, ‘Straightforward legal blackmail’: a tale of P2P lawyering, a Ralph Lucas, miembro de la Cámara de los Lores británica, que llevó a la cámara de manera vehemente una cuestión muy clara: la estrategia empleada por entidades de gestión y empresas audiovisuales de “o pagas o vas a juicio”, en un entorno en el que el coste de una defensa legal mínimamente seria pueden ascender a unas diez mil libras, no es más que una burla grotesca de la justicia, un chantaje judicial puro y duro. Un uso torticero y retorcido de un sistema legal perverso que de facto, impide a un acusado plantear una defensa justa ante una acusación absurda, porque el esfuerzo de demostrar que no ha habido delito alguno y el coste de plantarse frente a una empresa con sus caros abogados es excesivamente elevado. Una clara perversión del sistema judicial.

Las verdades del barquero: donde algunos reclaman pérdidas millonarias, los datos no muestran más que incrementos en las recaudaciones de taquilla, más conciertos con entradas más caras, y una caterva inaudita de delincuentes, prevaricadores y chorizos pidiendo que se reparen unos daños que, en realidad, no se han producido. El mayor taquillazo de la historia ha tenido lugar en 2009: desde hace ya tiempo se puede comprobar cómo las películas que más circulan en las redes P2P son las que más recaudan, hasta el punto de que todo productor a día de hoy desea que su obra sea un éxito en descargas, dado que eso significará de manera prácticamente inequívoca un éxito a nivel de taquilla. Mientras, una panda de mediocres que ya no tendrían éxito ni con redes P2P ni sin ellas reclaman supuestas pérdidas millonarias lloriqueando en las calles “porque la música se acaba” y afirman obscenamente que “se mueren de hambre”, al tiempo que otros generan informes pretendidamente serios llenos de mentiras. Y algunos políticos idiotas o torticeramente interesados van, y se tragan el argumento.

Hace mucho que las descargas no son un problema. De hecho, nunca lo fueron. Las descargas suponen que muchos usuarios que no iban a consumir un producto determinado pasen a formar parte del fenómeno que rodea al mismo y terminen generando ganancias aún mayores. Más de diez años de historia del P2P sin que la música o el cine se hayan resentido lo más mínimo (sí, por supuesto, los intermediarios inútiles que los rodean y que asombrosamente aún pretenden seguir viviendo de la venta de galletas de plástico) deberían llevarnos a reconsiderar muchas, muchas cosas. Ver a la panda de sinvergüenzas que pretenden medrar a costa del sistema judicial y de la prevaricación con políticos para repartirse un canon ilegal también debería dar lugar a interesantes reflexiones. ¿Cuándo nos dejaremos de falsedades, tópicos y manipulaciones, y podremos tratar el tema con un mínimo de seriedad?

(Enlace a la entrada original - Licencia)

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